domingo, 8 de diciembre de 2013

13. PUDE CONFIAR EN TI NADA MÁS CONOCERTE

~ Narro Yo ~

Finalmente accedió a dormir conmigo. A mi no me importaba y sinceramente, lo estaba deseando. Hacía muy poco que lo conocía pero algo me hacía actuar así. Estábamos acostados, me giré hacía él, estaba despierto.

-Normalmente, yo no suelo hacer estas cosas, ¿eh? – reí.
-¿Qué cosas?
-Pues… esto, tener tanta confianza con un chico nada más conocerle. Es que siento que puedo confiar en ti.
-A mi me pasa igual, no todo el mundo prueba mi cama, ¿eh? Que lo sepas. –bromeó.
-Ya claro, por eso tienes una cama de matrimonio. –dije riendo.
-Te lo digo en serio, por aquí no ha pasado más de tres chicas y dos de ellas son mi hermana y mi madre.
-¿Y la tercera? ¿Alguna novia tuya? –pregunté
-La tercera, la tercera era…. Esta…. ¡Ay! ¿Cómo se llamaba? – Dijo
-¿En serio? No te acuerdas del nombre de la chica con la que te acostaste. Que fuerte. –dije riéndome y él rió.
-La tercera está ahora mismo en ella. – dijo pasando su mano por mi cintura y apretándome hacia él, por debajo de las sábanas.

No contesté, solo sonreí. Con su mano en mi cintura, nuestros cuerpos muy pegados y mi mano abrazándole por su hombro desde atrás, Dani cerró los ojos y se durmió casi al instante, al verle sonreí, me pegué mas a él, me acurruqué en su pecho y cerré los ojos. Me dormí con una sonrisa, me hacia feliz tan solo con su presencia, era muy atento conmigo, y me estaba cuidando, gracias a él podía dormir tranquila y terminar mi casa con el tiempo que necesitase, pues contaba con su ayuda para todo.


~ Narra Dani ~

Me  desperté y vi a Lyz abrazada a mi, dormida y sonriendo. Me hizo gracia verla así y sonreí. Habíamos dormido toda la noche abrazados, bueno toda la noche, las horas que pudimos. Me quedé pensando en lo que me había dicho: “Pues… esto, tener tanta confianza con un chico nada más conocerle. Es que siento que puedo confiar en ti.”, algo de razón tenía, la conocía de hacía muy poco y me sentía muy protector con ella. Notaba que tenía que protegerla, y cuidarla, estaba sola y no tenía en quien confiar, además tampoco era un gran trabajo, me empezaba a gustar de verdad y me gustaba pasar tiempo con ella. Sonó el timbre. La miré y con mucho cuidado quité su mano de mi cuerpo para no despertarla. Me levanté muy suavemente y cuando ya estaba fuera de la habitación, corrí hasta la puerta, me peiné con las manos y abrí.

-¡Buenos días, llevamos un rato tocando! –gritó Blas entrando en casa.
-¡Traemos churros y chocolate! – Dijo David, pasando tras Blas.
-¡Sobre todo chocolate! – Añadió Carlos.
-¿Estabas dormido aún? – Me preguntó Álvaro.
-Buenos días, si, guay, déjalo en la cocina y si, claro que estaba dormido. –les contesté.

Cerré la puerta y caminé tras ellos hasta llegar al salón, Carlos y Blas estaban en la cocina preparando el desayuno y el resto estaba preparando la mesa del salón.
-¿Cómo os podéis levantar con tanto ánimo? –les pregunté tocándome la cabeza.
-No lo se… -afirmó Álvaro.


~ Narro Yo ~

Escuché voces y me desperté, miré a mi lado, Dani no estaba en la cama, así que supuse que las voces es que había llegado alguien. Me levanté y fui al baño, me lavé la cara y me peiné un poco. Olía a chocolate así que, había que bajar. Bajé las escaleras y escuché a los chicos hablar.

-¿Tan cansado estás? – le preguntaba Álvaro a Dani.
-¿hasta que hora hubo fiesta aquí anoche? – le preguntaba David.

Terminé de bajar las escaleras y saludé.

-Buenos días chicos. – Todos se quedaron mirándome de arriba abajo.
-Aquí la fiesta no acabó anoche.- le dijo Carlos a David saliendo de la cocina con una bandeja.
 -¿Qué? – pregunté yo cogiendo un churro de la bandeja.
-Y encima tiene hambre… - Siguió Álvaro.
-Confirmo lo dicho anoche, sois unos cerdos. – dije riendo.
-Es obvio, bajas con el pijama de éste – dijo Blas señalando a Dani – y con hambre…
-Culpa vuestra, que no nos dais un respiro, anoche no os fuisteis hasta las dos y aparecéis a las ocho. – dije riendo.
-Eso, dejadnos vivir. – Rió Dani.
-Bueno, bueno, ya veremos. – Dijo David.
-De momento vamos a desayunar. – Dijo Carlos.


Desayunamos y recogimos todo, Dani y yo subimos a vestirnos para volver a mi casa. Los chicos no esperaron en el salón. Querían ver mi casa y ayudarme con todo. Eran un amor los cinco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario