~ Narra Emma ~
Nos metimos en el coche y Álvaro arrancó.
-Bueno, ¿A dónde me llevas? –le pregunté curiosa.
-Adonde te sea imposible olvidarme. –me contestó
encendiendo la radio.
-¿Me vas a matar? –bromeé.
-Mejor. Te voy a dejar vivir para que sufras recordando
lo mucho que me quieres. –rió.
-En serio, ¿A dónde vamos? –le pregunté curiosa.
-Al teatro y a cenar. No te contaré más.
-¿Mas? ¿Hay más? –me sorprendí.
-Sí, pero es una sorpresa. Ya irás viendo. –me miró
un instante y me sonrió, le correspondí.
-Me gusta esta música, ¿Quiénes son? –pregunté sobre
lo que sonaba en la radio.
-Nosotros. –me miró y me sonrió.
-¿QUÉ? ¿EN SERIO? –le pregunté sorprendida.
-Sí, ya te lo habíamos dicho. –contestó riendo.
-Sí, ya lo sé. Pero no que erais tan buenos. Me
encanta. Quiero un disco, y firmado. –bromeé. Álvaro rió.
-Sí, pequeña, los que quieras.
Llegamos a un restaurante muy bonito y muy
romántico. Álvaro había hecho una reserva y tenían una mesa muy bonita
preparada para nosotros. Nos sentamos y pedimos la cena.
-¿Dani le ha dicho ya a Lyz lo del grupo? –
pregunté.
-No, creo que intentará protegerla hasta que no
pueda más. –contestó.
-Por ejemplo…
-Un concierto en la ciudad, o una promoción en algún
sitio cerca, que salgamos en televisión y nosotros no estemos para cambiar el
canal…
-Pero estaré yo. Yo lo haré.
-¿Tu? –me miró y luego el plato. –Te vas en dos
días, ¿Cómo lo vas a hacer? –me miró con los ojos humedecidos. No supe qué
responder. Me limité a comer.
-Álvaro… -me miró. –Gracias por todo. Eres el mejor.
Jamás te olvidaré.
-¿Ya? No has visto ni la mitad de la sorpresa.
–bromeó.
-Te lo estoy diciendo en serio. Gracias. –me miró
serio y no dijo nada durante unos segundos.
-Tú sí que eres lo mejor. Gracias por aparecer en mi
vida. –me limité a sonreír intentando no llorar.
El resto de la cena transcurrió normal, hablamos de
nosotros y nuestras familias, de nuestras vidas en general. Cuando terminamos
de cenar, Álvaro pagó y el camarero me entregó una rosa roja. La rosa más roja,
más grande y más bonita que he visto jamás y salimos de allí.
Del restaurante Álvaro me llevó al teatro, vimos una
comedia romántica muy interesante, la noche no podía mejorar. Iba a recordarla
siempre.
Cuando salimos del teatro, Álvaro tomó mi mano y
dimos un paseo por Gran Vía, pasamos por Callao y Sol, nos tomamos un helado y
continuamos nuestro paseo sobre lo andado. Fue algo extraño, era una noche en
la que no hacia frio, era muy agradable pasear, muy romántico, si no fuera por
las furtivas miradas y ligeras sonrisillas de algunas jóvenes que nos
encontrábamos por la calle.
-¿Ves lo que te decía? ¿Oyes a las chicas? –me
susurró al oído, asentí. –Es lo que Dani quiere evitarle a Lyz.
-La verdad, es que hace todo lo que puede, pero
tampoco es súper malo, al menos para mí.
-Bueno, siempre no nos encontramos con gente
discreta como la de esta noche. –rio.
-Bueno, ¿y que vamos a hacer ahora? –le pregunté
tirándole del brazo y echándome sobre él.
-Lo que tú quieras. –me miró sonriendo.
-¿De verdad?
-No, nos vamos a tomar unas copas.
-¡Que fuerte! Me vas a emborrachar. –reí a
carcajadas.
-No, que va, me encantaría pero luego tengo que
conducir.
-Es verdad, es verdad.
Llegamos al coche entre abrazos y bromas. Nos
subimos y Álvaro arrancó.
-¿A dónde vamos? –le pregunté.
-A casa.
-Pero, ¿a la tuya o a la de Lyz?
-A la mía.
-¿Y por qué salimos de la ciudad?
-¿Y por qué preguntas tanto? –reí.
-Vale, me callo.
Seguimos el viaje en coche alejándonos de las luces de
la ciudad, con la música puesta y cantando como locos.
