~ Narra Dani ~
La
luz de
la mañana
empezó a
entrar por
la ventana
del dormitorio,
llevaba un
rato despierto
aunque no
me había
movido, esperé
que amaneciera
mientras pensaba
recostado en
la almohada.
Miré a
Lyz, aun
estaba dormida,
acurrucadita de
lado girada
hacia mi,
el pelo,
perfectamente
estirado sobre
la cama,
parecía como
si hubiese
sido colocado
concientemente,
excepto un
pequeño mechón
ondulado que
le caía
por la
cara. La
media sonrisa
que tenía
dibujada me
hizo soltar
una pequeña
risa. Estaba
tan bonita
y parecía
tan delicada…
Me deslicé
en la
cama y
me quedé
a su
altura, le
aparte el
mechón que
le caía
con un
solo dedo,
me incliné
y le
di un
beso en
la frente,
respondió
moviéndose
queriéndose
despertar.
Sonreí, la
besé por
toda la
cara hasta
que se
despertó y
sonriendo me
apartó
empujándome la
cara, yo
reí.
-Buenos
días. –le
dije cariñoso
volviéndome a
acercar a
ella y
besándola.
-Buenos
días. -
Sonrió y
abrió los
ojos. Me
acarició el
cuello.
-¿Has dormido bien?
–Asintió sonriendo.
-¿Y tu? –Bostezó y se
sonrojó con timidez –Perdón –se disculpó riendo, yo también
reí a carcajadas.
-Bien, lo mejor ha sido el
despertar. –me tumbé y seguí riendo.
-¿Desayunamos?
–me preguntó
tumbándose
encima de
mi, la
abracé.
-Mejor nos quedamos así
un ratito. –reí.
-Por mi bien. –rió.
Nos
besamos entre
risas durante
unos minutos
hasta que
le pedí
que me
dejara respirar.
Se molestó
por el
comentario y
se aplomó,
tuve que
hacerle
cosquillas para
que se
quitara.
Estuvimos con
bromas y
mimos un
rato y
luego bajamos
a desayunar.
Nos preparamos
el desayuno
y nos
sentamos a
comer en
el comedor.
~ Narra Álvaro ~
Me
desperté
escuchando las
risas de
Dani y
Lyz, no
había dormido
muy bien
y con
cada pequeño
ruido me
despertaba. Miré
a Emma,
seguía dormida
en la
misma postura
que por
la noche,
se había
mantenido
acurrucada en
mi pecho
toda la
noche. Me
aparté de
ella suavemente
para no
despertarla, salí
de la
cama y
la tapé
con la
manta. Bajé
a la
cocina, donde
estaban
desayunando,
entré y
fui directamente
a beber
agua.
-Buenos días, ¿eh? –Me
dijo Dani.
-¿Buenos? Para vosotros,
que no os calláis. – Lyz rió.
-¿Nos has escuchado? –Me
preguntó riendo.
-Si, conversaciones,
risas, besos… todo.
-¿Te despertamos? –Me
preguntó.
-No, tranquila, ya estaba
despierto. –me senté con ellos a la mesa y cogí una galleta.
-¿Significa eso que
tuviste buena noche? –me preguntó pícaro Dani.
-Mas bien no.
-¿Y eso? ¿Qué ha
pasado? –se interesó Lyz.
-Emma
sollozaba toda
la noche,
llantos que
acompañó, por
cierto, de
golpes y
patadas. –expresé
dolorido.
-¿Pero que he le has
hecho animal? –dijo Dani, le ignoré.
-¿Eran pesadillas? –se
preocupó Lyz.
-Si, ¿por? –le
pregunté.
-Llevaba un tiempo sin
pesadillas y pensé que no volverían, pero ya ves. –explicó.
-¿Pesadillas, por qué?
–curioseó Dani.
-Cosas
de ellas,
no creo
que sea
la indicada
a contarlo,
estoy segura
de que
lo contará
cuando lo
vea oportuno.
–Explicó Lyz
muy seria.
-Vale,
vale. Me
parece bien.
–me encogí
de hombros
y seguí
desayunando.
-Yo voy a arriba a ver
cómo está Emma. –Lyz se dispuso a levantarse.
-Mejor
no, déjala
que descanse,
solo ha
dormido tranquila
desde las
7. –le
expliqué.
-Pobre… -se volvió a
sentar y apoyó la cabeza en sus manos con los codos en la mesa,
mirando fijamente el vaso de leche que acababa de beberse.
-Cambiando
de tema,
tío, podías
haberte vestido
para bajar.
–me dijo
Dani, yo
me encogí
de hombros
y seguí
desayunando.
-Yo le veo vestido.
–intervino Lyz, Dani le hizo seña para que me mirara bien.
-A
ver, solo
me falta
la camiseta,
tú también
estás así.
–me defendí.
-Peor
voy yo.
–Lyz se
levantó y
llevó al
fregadero la
taza que
había utilizado,
solo tenía
una camiseta
de tirantes
y un
pantalón de
pijama bastante
cortito. Me
sentí incomodo.
–Subo a
vestirme.
-Vale. –le contestó
Dani.
Lyz salió del comedor, y
nosotros dos nos quedamos a la mesa.
-¿Y tu, has tenido buena
noche? –le pregunté sonriendo.
-Pues si, pero no te voy a
contar nada. –se levantó riendo y recogió lo que había utilizado
para desayunar.
-Joder
tío, que
sosito te
has vuelto.
–le piqué.
-Soso no, educado,
caballeroso… -empezó a subirle el ego.
-¡Eh,
tu! –le
lancé una
magdalena.
–Aterriza. –la
cogió en
el aire
y se
la llevó
a la
boca.
-Y
encima, buen
deportista, si
hay que
ver, que
bueno soy
-se dispuso
a salir
y en
el umbral
de la
puerta se
dio la
vuelta. – y
que culito
tengo.
-Dani, en serio, tienes
que dejar de ver esa serie. –Reí desde la mesa y él salió
completamente del comedor riendo.
Cuando terminé de
desayunar recogí todo lo de la mesa y fregué las tazas.
~ Narro Yo ~
Subí
a mi
cuarto, me
duché y
cambié de
ropa, me
puse un
vaquero corto
y una
camiseta, me
peiné y
me puse
unas zapatillas
de deporte
bajas. Estaba
terminando de
amarrarme los
cordones cuando
Dani entró
en el
cuarto.
-¿A dónde vas? –me
preguntó.
-Habíamos
quedado en
ir hoy
a los
kartings,
¿recuerdas?
-Ya, pero es temprano.
-No tanto, son las 8.30 y
aun Emma tiene que preparase.
-¿Vas a despertarla?
-Si, quiero hablar con
ella. Mientras te puedes duchar si quieres.
-Si, me apetece. –sonrió
entrando al baño, entré con él.
-Ahí las toallas y ahí
la alfombra. –le señalé donde estaba cada cosa y me fui.
Iba
a entrar
en la
habitación de
Emma cuando
Álvaro subía
las escaleras.
-¿Vas
a despertarla?
– Asentí -
¿No tendrá
mal despertar?
-No, se despertará un
poco agitada, pero ya yo se como tratarla.
-Vale, ¿Puedo estar
dentro? Para coger la ropa y vestirme fuera.
-Si, claro, puedes
vestirte en mi cuarto si quieres.
-Vale, gracias.
Entramos
juntos en
la habitación,
yo me
senté junto
a Emma
en la
cama y
mientras, Álvaro
cogía la
ropa. Le
acaricié
suavemente el
brazo y
le empecé
a hablar
muy bajito
para que
no se
asustara.
-Em, Emma…-empezó a
moverse- despierta que vamos a ir con los chicos a los karting. Emma…
La
moví un
poco y
se despertó
de repente,
abriendo los
ojos y
quedándose
sentada en
la cama.
Empezó a
llorar y
me abrazó.
Álvaro salió
de la
habitación y
cerró la
puerta tras
de si.
-Le he visto otra vez,
Lyz… -la abracé y consolé un rato.
-Tranquila,
ya está…
Álvaro me
ha dicho
que llevas
toda la
noche pegándole.
–reí.
-¿Está enfadado? –se
apartó y me miró preocupada.
-No, para nada, sabe que
algo pasa para que tengas pesadillas.
-¿Se lo has contado? –se
secó las lágrimas.
-No,
lo tienes
que contar
tú cuando
estés preparada,
y si
no lo
quieres contar,
no tienes
por qué
hacerlo.
-Yo
prefiero que
tú les
digas qué
pasó, así
luego será
más fácil
para mí
hablar de
ello.
-Como
tu quieras,
pero no
ahora. –asintió.
– tienes que
bajar a
desayunar y
prepararte que
en nada
llega el
resto.
-Y pedir perdón al pobre
chico. –reímos.
-Si, también. Bueno, yo
me voy a molestar a Dani un rato. Luego nos vemos.
Me
lanzó besos
con la
mano y
me fui.
Al llegar
a mi
cuarto toqué
en la
puerta y
desde dentro
me dieron
permiso a
entrar. Entré
y Álvaro
estaba sentado
en mi
cama totalmente
vestido. Se
puso de
pie.
-¿Está bien? –preguntó
preocupado.
-Si, si. Puedes ir a
hablar con ella si quieres.
-Pues ya mismo voy. –dicho
esto salió de la habitación cerrando la puerta, yo me acerqué y
eché el pestillo.
Caminé
hasta la
puerta del
baño y
toqué, no
recibí
contestación, oí
como la
ducha seguía
abierta. Entré
intentando no
hacer ruido,
ni con
la puerta
ni riendo.
Me apoyé
en la
puerta
cerrándola.
-¿Se puede? –la ducha
se cerró y la cortina se movió, Dani asomó la cabeza.
-¿Qué haces aquí?
–sonrió.
-¿Tu que crees? –me
acerqué a él.
-Ven
aquí anda.
–abrió los
brazos.
-No, que seguro que me
quieres mojar.
-Como me conoces.
-Tú sal de ahí y yo me
acerco. –resopló riendo.
-Bueno, pues date la
vuelta. –reí y le hice caso.
-¿Ahora te da vergüenza
que te vea? Que… -no había terminado de hablar y sentí que me
abrazó por la espalda. –Pero sécate, coño. –rió y me giró.
-No, no. Tú has entrado,
ibas buscando guerra. –reímos.
-Vale, pero luego me he
arrepentido. –le rodeé el cuello con los brazos riendo.
-Aquí no vale
arrepentirse de nada. –me besó.
-Es lo único de lo que me
arrepiento, de haber entrado aquí. –le devolví el beso.
-Ven aquí anda.
Me levantó del suelo y me
sentó en el lavamanos, rodeé su cintura con mis piernas y su cuello
con las manos, él me abrazaba mientras nos besábamos
apasionadamente.
~ Narra Álvaro ~
Terminé de hablar con Lyz
y me fui a ver a Emma. Toqué en la puerta y entorné un poco la
puerta.
-¿Se puede? –pregunté.
-Si,
claro, pasa.
– entré y
estaba sentada
en la
cama con
las piernas
cruzadas, se
secó rápidamente
la cara,
y sonriendo,
me miró.
-¿Estás bien? –asintió,
me senté con ella y noté que había estado llorando.
-Si, -sonrió.- Bueno,
perdón por la noche que has pasado por mi culpa.
-No es nada. No importa.
–miré a otro lado.
-¿No preguntas por qué
tengo pesadillas? –la miré sorprendido. –Seguro que te lo
estarás preguntando pero Lyz te ha dicho que esperes a que salga de
mí, ¿no?
-Pues… si. Justo así
es. Pero que si no te apetece contarlo, no tienes por qué hacerlo.
-Gracias, la verdad es que
no es un buen momento para hacerlo. Pero te prometo que te lo
explicaré, de verdad.
-No pasa nada, mi niña.
–me acerqué a ella y la besé, se separó.
-No
es que
sea mal
desayuno, pero
tengo que
comer antes
de que
vengan los
chicos y
nos tengamos
que ir.
–miré el
reloj.
-Es verdad, en nada
vendrán. Vamos, que te acompaño.
Salimos del cuarto
abrazados y y llegamos a la cocina. Nos sentamos a la mesa, Emma
desayunaba y yo le hacia payasadas para que se alegrara un poco. De
pronto sonó el timbre.
-Ya están aquí, empieza
la fiesta. –dije riendo.
-Aquí
llega el
huracán artista.
–me reí
aunque le
hice señas
de que
guardar silencio.
Me levanté de la mesa y
abrí la puerta, y, como Em decía, entró el huracán en la casa.
Risas, voces, escándalo…