~ Narra Carlos ~
Blas nos avisó que las chicas venían hacia nosotros, así que
nos callamos y se pusieron en pie para
recibirlas, les quedaba unos pasos para llegar a nosotros cuando Dani abrió los
brazos y Lyz le abrazó, Álvaro y Emma hicieron lo mismo, al estar abrazados,
Álvaro le dio un beso en la frente a ella, que sollozaba; Blas y David se
acercaron a Em para saber cómo se encontraba y estuvieron hablando en grupo
todos. Yo me quedé sentado en el sofá no me podía casi mover, me dolía cada vez
mas. Emma se apartó de Álvaro y se movió para
buscarme con la mirada, cuando me vio se quedó rígida y los ojos se le
humedecieron, los demás le abrieron paso en forma de pasillo, unos me miraban a
mí y otros a ella, Álvaro la soltó y le dio un pequeño empujoncito, ella le
miró y vino hacia mí, le sonreí y se sentó a mi lado.
-¿Cómo estás?- me preguntó.
-Mejor. –mentí para que no se sintiera mal. - ¿Y tú? -Mejor. –Sonrió- Me asusté, nada más. –Me cogió la mano con dulzura y me miró a los ojos- Carlos, lo siento, de verdad, perdóname, no era mi intención hacerte daño. -Tranquila, lo sé. No tengo nada que perdonar. –le sonreí y ella me abrazó, me dolió un poco, así que me quejé y me aparté, ella me miró. -No estás mejor, ¿verdad? –me soltó las manos.
-No, tengo que ir a urgencias a que me hagan una radiografía, pero no te preocupes, seguro que no es nada.
-Y
si tienes que ir, ¿Qué hacemos aquí? –se puso en pie rápidamente y me agarró la
manos para ayudarme a levantar.
-Con cuidado… -recordé. Ella asintió.
-Voy a buscar el coche. –dijo Dani.
-Y yo el mío. –le siguió Blas. -¿Con quién vas? –me preguntó. -Contigo, que va mas vacío y puedo acomodarme. –le contesté ya de pie.
-Con cuidado… -recordé. Ella asintió.
-Voy a buscar el coche. –dijo Dani.
-Y yo el mío. –le siguió Blas. -¿Con quién vas? –me preguntó. -Contigo, que va mas vacío y puedo acomodarme. –le contesté ya de pie.
Asintió y los dos salieron del local. Mientras ellos
volvían, Emma abrazada a mí, me acompañó con cuidado hasta la puerta, ya que me
costaba caminar, no entiendo por qué si me dolía el costado, no las piernas, y
me ayudó a bajar las escaleras hasta la calle. David también venia con
nosotros. Álvaro y Lyz se habían quedado dentro, hablando con Alberto. Los
chicos llegaron y tocaron la pita para avisar a los que aun quedaban dentro.
David y Emma me ayudaron a subir en el coche de Blas; Álvaro y Lyz se subieron
con Dani.
-Nos vemos ahora, ¿vale? Lo siento…-me volvió a repetir
triste, le sonreí, cerró la puerta y rápidamente se subió al coche de Dani con
los demás.
El trayecto hasta el hospital se me hizo bastante largo,
aunque Blas condujera con cuidado siempre había algo que me lastimaba: una
curva, un badén, un bache…
-Carlos, baja tu, así no tendrás que andar desde donde deje
el coche. -Vale. –asentí quitándome el cinturón e intentando bajar del coche. -Espera a que te ayude, cabezón. No me das tiempo de nada. –David en
seguida bajó del coche y me ayudó.
Nos bajamos y entramos a urgencias, Blas nos había dejado en
la puerta. En nada aparecieron todos juntos y se acercaron a mí.
-¿Cómo vas? –me preguntó Dani. -Ahí, ahí. –le contesté
con mala cara.
-Pues yo pienso que para una vez que una chica le hace caso…- Miré a Lyz
y le estaba haciendo señas con la cabeza y los ojos de que no siguiera
hablando, pero él no la había visto, me extrañó pero no puse importancia.-…está
aprovechando. –terminó la broma Álvaro. Emma le miró enfadada. -¿Cómo
puedes decir eso? –le preguntó levantando la voz. -Em, ha sido una broma. –le explicó Lyz. -Pues no lo entiendo. –Miró a Álvaro- ¿Cómo puedes bromear cuando estás
viendo que está mal? -No
tiene importancia, Em. –la tranquilicé.
-Aquí es normal bromear en los momentos de más tensión. –le explicó
Dani. -¿En serio? –empezó a relajarse. –Pues no os entiendo.
-¡CARLOS PÉREZ MARCO, SALA 4!
-¿Me acompaña alguien? –pregunté. Todos se pusieron de pie.
–Gracias, chicos.
Entramos a la sala de espera, allí había 6 puertas de salas
diferentes, pasamos a la que me correspondía, la 4.
-Vaya, cuanta gente. –se sorprendió el médico. Yo sonreí.
-¿Quién es… Carlos? -Yo.
–me adelanté a los demás.
-Bien, siéntate. –me señaló la silla con la mano. -Mejor no.
-Bien, siéntate. –me señaló la silla con la mano. -Mejor no.
-Bueno…
Como quieras. Los demás podéis esperar fuera. –les echó con mucha educación. -Yo
preferiría quedarme. –protestó Emma, el doctor se encogió de hombros. -Y yo. –Dijo Blas.
-Bueno, pero nadie más.
-Bueno, pero nadie más.
Los demás salieron a la sala de espera y cerraron la
puerta.
-Bien, cuéntame, ¿Qué ha pasado? –me preguntó. -Verá, estábamos en los kartings dando unas vueltas y tuve un accidente. -¿Qué tipo de accidente?
-Le di contra la barrera. –intervino Emma.
-Por un lateral, y me duele bastante el costado, fuimos a la enfermería de allí y me dieron este papel para usted. –le entregué el informe de la enfermera. Lo leyó, se puso en pie y se acercó a nosotros.
-Bien, cuéntame, ¿Qué ha pasado? –me preguntó. -Verá, estábamos en los kartings dando unas vueltas y tuve un accidente. -¿Qué tipo de accidente?
-Le di contra la barrera. –intervino Emma.
-Por un lateral, y me duele bastante el costado, fuimos a la enfermería de allí y me dieron este papel para usted. –le entregué el informe de la enfermera. Lo leyó, se puso en pie y se acercó a nosotros.
-Carlos, siéntate en la camilla y quítate la camiseta por
favor. –asentí y fui, Blas me ayudó. – y usted…
-Emma. –le ayudó.
-…Emma, siéntate en la silla. –le hizo caso. -¿Notaste algo
cuando impactaron, Algún dolor?
Emma miró a Blas buscando ayuda y éste le tradujo.
-Es que no es de aquí y entre que no habla perfectamente y
se ha acostumbrado a escucharnos a nosotros… -excusó Blas. -Sí, que hablar con un gallego se hace un poco difícil. –sonrió, ella le
correspondió. -Me duele aquí. –puso la mano en el cuello y la movió.
El doctor le tocó el cuello por diferentes partes.
-Es normal, ¿Vale? –La miró – es del golpe, te dolerá unos
días y luego ni te acordarás. –miró a Blas – si le duele, que se tome un
calmante y ya está. –Él asintió. –A ver tú… -se acercó a mí e intentó tocarme,
pero me quejé. Está bastante inflamado, voy a mandar a hacerte una radiografía
ya, de urgencia. –asentí. –Puedes levantarte
–Blas volvió a ayudarme. –Tenéis que esperar fuera, tu no –se refirió a
mi- Vente conmigo, dale todo lo metálico.
Le di mis cosas a Blas y salieron a la sala. Yo seguí al
doctor hasta la sala de Rayos X.
~Narra Blas~
Emma y yo salimos del despacho y nos sentamos en la sala de
espera con los demás.
-¿Y Carlos? –me preguntó Lyz cuando nos vio salir. -Se
lo ha llevado el médico a Rayos. –Contesté. Asintió.
Emma se sentó a su lado y yo con David. Al lado de Lyz
estaba Dani, y a su lado Álvaro.
-Lyz, -me miró. –le duele el cuello, el médico me ha dicho
que es normal, que se tome un calmante y ya está, que no tiene más importancia,
me ha hecho una receta. -Vale. – miró a Emma y la abrazó.
Ésta le susurró algo a lo que Lyz asintió. -Chicos… -comenzó a hablar, todos la miramos. – Creo que debo pediros
perdón y daros una explicación. –volvió a mirar a Lyz buscando apoyo, ella
asintió y le tomó la mano. –Siento mucho haberme enfadado contigo antes Álvaro,
pero estaba muy asustada y vosotros bromeabais, siento también el haberme
asustado tanto en la pista y haberos dejado solos. Pero la situación me superó. -No pasa nada. –Álvaro la miró con cariño. –No es para tanto. -No,
es que… no lo entendéis. –comenzó a cortársele la voz. – me asusté mucho
porque… -Lyz se secó una lagrima. – No es agradable volver a pasar por esto…
-se aclaró la voz mientras la mirábamos perplejos. – hace unos años, tuve un
accidente con mi hermano. –Cogió aire profundamente, estábamos mirándola
fijamente- Volvíamos de visitar a mis abuelos un fin de semana, habían previsto
lluvia y viento, pero no hicimos caso. Era de noche y la lluvia, que era fuerte,
hizo que Peter perdiera el control del coche y comenzamos a hacer “S” hasta que
nos dimos con algo de frente. –comenzó a llorar- yo… no recuerdo nada mas, solo
que desperté en el hospital… una semana después, y supe que Peter había muerto
al llegar, no pudieron hacer nada por él.
–Lloraba desconsoladamente- Mi padre pasó semanas diciendo que había
sido culpa mía que mi hermano muriese, por haber querido ir a otra ciudad a
pesar de la tormenta prevista, mi madre trataba de consolarme diciendo que no
hiciera caso, que era incapaz de asumir que él ya no estaba, pero es que yo...
ya me sentía culpable. Joder, fue una tortura, yo tenía 14 años y Peter solo
20. Fue un año muy duro, hasta que llegó Lyz y nos hicimos amigas. –Se secó las
lagrimas- pero… antes cuando perdí el control del coche, todo aquello volvió a mí,
cuando miraba a los lados para no dar a nadie, le vi.-se puso nerviosa y a
hablar bastante rápido y alto, se pisaba las palabras- Vi a Peter mirándome asustado y gritando.
Cuando sentí el golpe, fue… como…
Empezó a respirar bastante fuerte, Lyz la intentaba
tranquilizar, pero se estaba ahogando, se abanicaba con las manos asustada.
Comenzó llorar muy fuerte y todos nos levantamos a consolarla, de repente
empezó a gritar, no decía nada, solo chillaba, pero luego decía palabras
sueltas. Al principio, la entendíamos y le respondíamos para que no sintiera
que estaba sola, pero a razón que se ponía nerviosa comenzaba a hablar más
rápido, llegó un momento en que no entendíamos qué decía, y todos miramos a Lyz
buscando respuestas.
-Llamad a alguien, le va a dar algo. –nos dijo asustada.
No reaccionamos, nos mirábamos unos a otros.
-¡Joder! –Álvaro gritó y salió corriendo.
En seguida llegó con dos enfermeras.
-Le está dando un ataque de ansiedad –nos explicó una- apartaos, dejad que le de aire. –cogió la
receta que Lyz tenía en la mano y la abanicó.
La otra trajo una botella de oxígeno y le puso la mascarilla.
La sujetaron entre las dos y se la llevaron a una sala.
-Yo voy con ella. –Se levantó Lyz rápidamente y la
siguió. -Yo también. –Álvaro acompañó a Lyz.
-¿Qué fuerte, no? –miré a los chicos. -Ahora
entiendo la reacción que tuvo en la pista. –dijo David. -Lo ha pasado fatal, es como si
no lo hubiera superado… -opinó Dani. -¿Y quién supera algo así? Tan pequeña, y que encima la culpasen…
-seguí. -Bueno, dejemos el tema. –Sugirió David- Cuando salgamos de aquí, no
hablemos de esto. Que sienta que estamos con ella. -Sí,
mejor. Quitémosle importancia. –asentí.