jueves, 24 de abril de 2014

33.FEELS LIKE SILENCE, AND EVERY WALL IS MOVING IN

~ Narra Álvaro ~

Las chicas estaban en la cocina preparando la cena, los chicos y yo seguíamos en el salón jugando a la consola.

-Oye… ¿y qué hicieron? -preguntó Carlos mirándome de reojo.
-¿Qué? -pregunté extrañado.
-Eso, cuenta. -intervino David.
-¿Qué queréis que os cuente?
-¿Estáis juntos o no? -cuestionó Dani.
-Sí. Supongo.
-¿Y pasó algo más? -preguntó Carlos. Le miré frunciendo el ceño. - ¿Algo más que besaros?
-Bueno, yo voy a ayudar a las chicas en la cocina. -Blas se levantó y se fue. Todos seguimos con la mirada su marcha.
-No os voy a contar nada. -insistí negando con la cabeza.
-O sea, que sí, pero no quieres contarnos. -afirmó Dani. Le miré sonriente.
-¡Que fuerte! -exclamó Carlos.
-Bueno, ya. Dejemos la conversación que como vengan las chicas… -cortó David.
-Sí, mejor. No vayáis a empezar mal. -bromeó Dani.

Seguimos jugando hasta que llegaron Blas y las chicas con la cena y nos pusimos a comer mientras bromeábamos y reíamos. Cuando terminamos recogimos todo y seguimos jugando a la consola de dos en dos mientras el resto juagaba al Party&Co.

-Voy a beber agua, ahora vengo. -miré a Dani y le hice señas para que viniese conmigo.
-Voy contigo. -me dijo.

Salimos y cuando llegamos a la cocina nos sentamos en la mesa a hablar.

-¿Qué pasa? -me preguntó.
-Que necesito hablar con alguien, coño.
-¿De qué? -se preocupó.
-De Emma. -hice una pausa para ver su reacción, ni se inmutó.- Nos hemos acostado…
-¿En serio? -se sorprendió.
-Sí, y fue… no sé como describirlo. Genial, como con ninguna otra chica, en serio.
-¿Ni Nerea? -me preguntó
-¿Nerea? ¿Qué Nerea? -bromeé.- No, ni siquiera ella. -contesté riendo.
-Pero llevabas con ella mucho tiempo…
-Lo sé, y es lo que me da miedo. Que siento mucho y muy fuerte por Emma y se tendrá que ir en una semana. No sé si seré capaz de asimilarlo. -resoplé y me apoyé en la mesa hundiendo la cara entre mis manos.
-¿Eres consciente de que ella está en la misma situación? Eres su primer novio, como quien dice.
-¿Y qué hago, tío? -me hice hacia atrás en la silla y miré al techo llevándome las manos a la nuca.
-Aprovecha. -Dani se colocó en la silla.- Haz que disfrute de esta semana, que sea inolvidable, trátala lo mejor que sepas, que sepa que no es un polvo mas. -no le contesté, solo me quedé mirándole fijamente pensando en qué podía hacer para que fuera feliz mientras estuviera conmigo.
-Que vaso de agua más largo. -David entró riendo en la cocina. Cuando pasó a mi lado se paró y me miró. -¿Qué te pasa? -cogió una silla y la colocó a mi lado, se sentó y me miró fijamente esperando una respuesta.
-Nada. -negué con la cabeza.- La niña esta, que me gusta mucho y no quiero que llegue el día en que tenga que volver a casa.
-¡Joder, me habías asustado! -me golpeó el brazo y se relajó en la silla.- Eso tiene solución: disfruta de ella y del tiempo con ella. Sencillo.

Se levantó y siguió su camino a la nevera como si nada hubiera pasado. Miré a Dani y él se encogió de hombros, dándole la razón.

-Tenéis razón. Si me voy a preocupar por el tiempo que queda, no voy a disfrutar del que tengo. -me levanté y coloqué la silla, me sentía ligero, me había quitado un peso de encima, era una preocupación a la que me estaba costando encontrar solución.

Dani también se levantó sonriente y se marchó, yo miré a David y le susurré “¡Gracias!”, él me hizo un gesto con la cabeza a la vez que sonreía, y volví al salón.

~Narra Dani~

Volví al salón con todos y Álvaro no tardó mucho en seguirme. Cuando llegamos nos sentamos junto a nuestras chicas, fue una noche muy extraña, nos dejábamos de mirarnos entre los cuatro y sonreírnos, todos sabíamos lo que había pasado entre Álvaro y Emma, yo porque me lo había contado él y Lyz, porque se lo había contado ella.

-Pero bueno, ¿Qué pasa aquí? -Nos preguntó Carlos mirándonos a los cuatro. Nosotros nos miramos unos a otros dejando de sonreir.
-¿Qué pasa de que? -pregunté.
-No parais de miraros y sonreíros. ¿Cuál es el chiste? -volvió a preguntar.
-¿En serio quieres saberlo? -le preguntó Lyz mirándole con cara de chiste. Él asintió entusiasmado. -Bueno, pues verás, nos reimos de… -Carlos se acercó a ella muy interesado. Álvaro, Emma y yo la mirábamos expectantes de saber qué iba a contar -de esa cara de cotilla que pones cuando no te enteras de nada. -le contestó riendo y apartándole con la mano en la cara.
-Que graciosa… -protestó mientras todos los demás reíamos.
-Yo lo podría contar, pero no se si puedo. -comenzó Álvaro mirando a Emma, que asintió.
-Adelante. -le dio permiso. Todos paramos de reir y les miramos.
-Esto… Emma y yo estamos juntos. -dijo serio esperando respuesta, sin embargo los demás se miraron entre ellos.
-¿Eso es todo? -dijo David.
-Pues vaya… -continuó Blas.
-Eso ya lo sabíamos todos. -confirmó Carlos.
-Pero no sabeis que vamos en serio, si tú quieres, claro. -le miró Emma esperando respuesta. Álvaro la miró y se le dibujó una sonrisa.
-Claro. -la abrazó y luego la besó con mucha ilusión.

Los demás sonreíamos mientras les mirábamos, le eché el brazo por encima a Lyz y ella me abrazó por el tronco. La miré, estaba eliz, y la besé en el pelo, ella alzó la vista y me miró a los ojos sonriendo y me vocalizó “te quiero”, no supe qué decir, simplemente abrí los ojos sorprendido, le sonreí y me acerqué a ella muy lentamente, puse mi mano en su cuello, ella cerró los ojos, me acerqué para besarla y cuando mis labios rozaron los suyos, le contesté con un susurro: “yo más” y acto seguido, dejé que mis labios cayeran en los suyos dando así, rienda suelta a unos besos que hacía mucho tiempo que tenía ganas de darle. Llevabamos sin besarnos mas de un día y ya no podía soportarlo, cuando la veía, no dejaba de pensar cómo quedarnos un poco a solas para poderla besar a gusto. En ese momento, mientras nos besábamos, el resto del mundo desapareció, los chicos hablaban, pero no entendí  lo que decían, solo existíamos ella y yo. Nosotros.

-Bueno, ya. Que vamos a cenar. -nos dijo Carlos mientras daba palmas a nuestro lado.

Dejé de besarla, aun con mis manos en su cuello y miré a Carlos.

-Tú no te puedes estar calladito, ¿verdad? Te cuesta mucho. -le dije enfadado. Lyz rió.
-No pasa nada, Dani. Luego nos vamos tú y yo arriba. -dijo separándose de mi y echándole una mirada pícara a Carlos, que me miró y levantó las cejas.
-Al final me vas a tener que dar las gracias y todo.
-No sueñes. -dije.- yo consigo lo que quiera cuando quiera.
-Más bien cuando ella te deje. -bromeó Blas.

-Si también. -le di la razón. Todos reímos mientras nos colocábamos para cenar.

32. SOLO IMPORTAN NUESTRAS GANAS

~Narro Yo~

Álvaro había subido a ver a Emma, el resto seguíamos en el salón viendo la televisión. Les miré y Blas y David estaban dormidos, Dani seguía despierto pero estaba bastante cansado. Me giré para mirarle.

-¿Te vas a dormir, feo? -asintió. Me acerqué a él y le di un beso. -Pues yo me voy a levantar.
-¿Y eso? -me preguntó lentamente, medio dormido.
-Paso de dormir. -asintió y me dio un beso.

Me levanté y fui al armario, saqué unas mantas y tapé a los tres chicos. Subí con cuidado al piso de arriba y me dirigí a mi cuarto. Abrí con mucho sigilo la puerta para comprobar si Carlos estaba dormido, necesitaba entrar a buscar el cargador del móvil, a penas se veía nada, había cerrado las cortinas para conseguir dormir. Entré y cerré la puerta cuidadosamente tras de mí, comencé a avanzar lentamente hasta la mesilla, abrí el cajón con cuidado y sin hacer ruido, saqué el cargador, al cerrarlo di un pequeño golpe.

-Mierda. -susurré.
-¿Eli? -Carlos se giró en la cama y se quedó mirándome.
-Perdona, solo venia a coger el cargador, sigue durmiendo. -le dije en voz baja para no desvelarle.
-No pasa nada. -se removió hasta quedarse recostado, se destapó el brazo y encendió la luz de la mesilla.
-¿Cómo te encuentras? - me senté a su lado.
-Bueno… No es mi mejor momento. -rió.
-¿Siempre estás de broma? -pregunté sonriendo.
-Más o menos. -se llevó las manos a la cabeza y se peinó. -¿Tu no?
-Creo que hay momentos para todo, y ahora mismo… comprendo que Emma se hubiera enfadado con las bromas mientras tú estabas tan mal. En Inglaterra solemos ser bastante serios y aquí es muy diferente.
-Lo sé, aquí podemos estar en un funeral, que siempre hay alguien que suelta alguna broma. -rió, yo me sorprendí. -Oye, ahora que estamos solos, ¿podemos hablar?
-Sí, claro. -le contesté. -¿de qué?
-¿Te molesta que te llame Eli en lugar de Lyz?
-¿Qué? No, claro que no. -reí.
-Vale, me quedo mucho más tranquilo, como a veces te lo digo y los chicos me miran raro, pensé que les habías dicho algo.
-¡Ah no, no! Será que como ellos están acostumbrados a llamarme Lyz, cuando te oyen, les resulta raro, es normal.
-¿Te gusta estar aquí así? -le miré extrañada. -En España, con nosotros. -explicó.
-Sí, es mejor de lo que esperaba, al menos he hecho amigos y encima está aquí mi mejor amiga. ¿Y tú, cuanto llevas viviendo fuera de casa?
-Pues… algo así como un año.
-¿Y no echas de menos cosas? Porque yo sí.
-Sí, claro, pero mis padres están a horas de aquí en coche, no es lo mismo, tú debes coger un avión. -asentí.- Pero sí que echo de menos hablar con alguien…
-¿Y los chicos? Si estáis siempre juntos, puedes hablar con ellos.
-No es lo mismo. Nosotros ya no tenemos secretos, no hace falta contarnos nada, nos conocemos lo suficiente para saber qué nos pasa o qué sentimos. Y eso es bueno, pero a veces es un rollo, como por ejemplo, no necesitamos que Álvaro nos dijera que le gustaba Emma, todos, incluso tu, nos dimos cuenta. Pues así con todo. Pero, yo… -se estuvo callado, mirando al frente
-¿Tu…?
-No sé, necesito alguien fuera del círculo con quien hablar, alguien que tenga un punto de vista diferente. Con ellos es muy fácil hablar y entre nosotros, es verdad que tenemos más confianza con uno que con otro, pero el final siempre terminamos contándonos todo, es decir, si con el que más confianza tengo es con Blas, se lo voy a contar a él, pero a su vez, se lo contará a David, que se lo contará a Álvaro, que se lo contará a Dani… y así, no hay secretos. Sin embargo, alguien fuera del círculo no lo contaría o no al menos a uno de dentro… Es un lio, lo sé, lo siento. -rió.
-No, no, te comprendo. De momento no me he perdido. -reí.- Pero eso os puede ayudar cuando os enfadáis unos con otros, ¿no?
-Sí, pero no sé. Por ejemplo… ahora mismo, ellos no saben nada, pero me empieza a gustar una chica y no quiero que ellos se enteren hasta que esté seguro de que me gusta, pero me conocen tanto que lo descubrirán en cuanto me vean hablar con ella. Y es una de las cosas que no quiero que pasen, no me dan la oportunidad de sentir intimidad y la emoción de contar que me gusta alguien. ¿Entiendes?
-Sí, -asentí- bueno, yo no soy del circulo, puedes contármelo a mí que te conozco pero no tantísimo como ellos. -me ofrecí.
-Solo si no le cuentas nada a Dani, porque sería lo mismo.
-Claro, puedes confiar en mí. Aquí tienes una amiga para cualquier cosa.
-Primera vez que tengo una amiga de confianza, porque Dani no cuenta como chica.
-¡Oye…! -le di un pequeño golpe en el brazo- no te metas con el niño. -reímos.
-Gracias, por querer aguantarme.
-No, gracias a ti por darme la oportunidad de no sentirme como “la novia de…” sino una amiga del grupo.
-¿Grupo? -preguntó un poco nervioso.
-Sí, del grupo que teníais hecho antes de que yo llegara.
-¿Qué sabes del grupo?
-Lo suficiente, os conocíais de antes y ahora sois mejores amigos. ¿No? Dani me ha dicho que erais un grupo de amigos en el que no solía entrar mucha gente, por eso me sentía un poco fuera de lugar.
-Ah… -dijo aliviado- grupo de amigos, sí, claro. Desde el primer momento eres amiga nuestra, nunca estuviste fuera de lugar, créeme.
-Muchas gracias. -sonreí- ¿Te apetece dormir o prefieres bajar?
-Me bajo, que no voy a dormir y me aburro aquí solo.
-Abajo tampoco vas a hacer mucho, están todos dormidos.
-Ahora bajo con más razón, a molestar. -Reímos.

Carlos salió de la cama con mi ayuda y bajamos al salón, los chicos seguían durmiendo.

-¿El que está malo soy yo y los que dormís sois vosotros? Esto no me cuadra. -gritó en el salón.
-Cállate, Carlos. -David le lanzó un cojín. Él rió.
-En serio chicos deberíais levantar, son las 6. -anuncié.
-¿Ya? -se quejó Dani. -estoy agotado.
-Y yo. -le secundó Blas.
-¿Y Álvaro? -se incorporó David.
-Sí, ya. Y Álvaro está arriba con Emma. -dije. Todos se sentaron rápidamente mirándose unos a otros. -Creo que sé lo que estáis pensando y no, ni se os ocurra -todos se levantaron y salieron corriendo- subir. -terminé la frase con desgana. Carlos me miró y rió.
-Ni puto caso. -me dijo riendo, me hizo un gesto con la cabeza.
-Sí, vamos. Si van todos… -reí y cogí su mano.

Comenzamos a subir la escalera despacio, el resto ya estaba arriba, pegados a la puerta de la habitación de Emma, escuchando con atención. Al verles así, hice el amago de reír, pero Carlos, me puso la mano en la boca.

-Calla. -me dijo.
-Ven, que estos no se conocen mi casa.

Tiré de su mano y nos fuimos al baño. Nos pegamos a la pared e intentamos escuchar, pero no se oía nada. 
De pronto Blas nos sorprendió.

-Coño, que susto. -le dije susurrando y llevándome la mano al pecho.
-¿Qué hacéis? -me susurró.
-Aquí se escucha más que en la puerta. -Dijo Carlos.
-¿Si? ¿Y qué se escucha? -preguntó pegándose también a la pared.
-Absolutamente nada. -dije.- Paso, yo me voy.

Salí del baño y vi que David y Dani aun seguían en la puerta.

-No me gustaría que nos hicieran esto a nosotros. -me referí a Dani.- Así que, fuera. -Le aparté.
-Tiene razón, chicos. Esto no está bien. -me apoyó David quitándose de la puerta.
-Bajemos. -sugirió Blas.

Todos nos sentimos mal por lo que habíamos intentado hacer y nos bajamos al salón.

-¿Os quedáis a cenar, no? -pregunté.
-Claro. -respondió Carlos.
-Y a dormir. -bromeó David.
-¿Si? Qué bien. -me alegré.
-No lo decía en serio, ¿Verdad? -le preguntó enfadado Dani.
-Que sí, hombre. Quedaos. Si me hace hasta ilusión. -les convencí. -Abrimos ese sofá y duermen dos, arriba Emma y Álvaro, tu y yo, y Carlos en la habitación de invitados. O, bajamos colchones y todos aquí.
-Prefiero lo de todos juntos. -Dijo Carlos.
-Y yo. -Dijeron David y Blas.
-Pues dicho. Todos aquí. Hala, ayudadme a fregar lo del almuerzo y preparar todo.
-Sí. -David, Blas y Dani se pusieron de pie dispuestos a ayudarme. Carlos se quedó en el sofá, Dani se giró y le miró mal.
-Tú no te muevas, ¿vale? no hace falta que ayudes. -le dijo irónico.
-Gracias amigo. Es que estoy muy dolorido. -contestó en tono dramático.
-Caradura. -le contestó Dani lanzándole el mismo cojín que David le había lanzado y nadie había recogido del suelo. Carlos lo cogió y rió.

Todos fuimos a la cocina y me ayudaron, fregamos todo lo que habíamos utilizado para almorzar y mientras Blas y David hacían la cena, Dani y yo subimos a buscar mi colchón y el de la habitación de invitados. Los colocamos en el salón y lo preparamos todo. La cena estaba hecha y todo listo, así que nos acomodamos en el salón a jugar a los juegos que Carlos había dejado en casa. Estábamos en mitad de una partida del Party&Co cuando Álvaro y Emma llegaron cogidos de la mano.

-¡Hala! ¿Qué ha pasado aquí? -se sorprendió Álvaro.
-Pues que os quedáis aquí esta noche. -le dije.
-¿De verdad? -preguntó Emma. Yo le asentí.
-Pues vale, si me obligáis de esta manera… -bromeó el chico.
-Bueno, ¿cenamos? -preguntó Carlos, todos le miramos sorprendidos.
-Si solo son las 8. -le recriminó Blas, él se encogió de hombros.
-¿Alguien más quiere cenar? -preguntó David. Algunos asintieron.
-Bueno, pues vamos a preparar las cosas. -me dijo Emma dirigiéndose a la cocina.
-Sí, voy. -me levanté del colchón del suelo y la seguí a la cocina.

Llegué a la cocina y fui a sacar platos y vasos para todos, mientras Emma buscaba con qué servir la cena. La estábamos sirviendo poniendo en bandejas, cuando me di cuenta de que Emma estaba bastante callada.

-Em, ¿te pasa algo? -le miré.
-Muchas cosas. -me miró alegre y sujetó con fuerza mis manos.
-Vale, se nota. ¿Piensas contarme algo? -sonreí alegre.
-Para empezar, algo suave, ¿Vale? -comenzó, la miré impaciente.- me ha llamado mi madre y me ha dado permiso para presentar la solicitud a la Universidad.
-¿En serio? Qué bien, mañana mismo vamos y la presentamos.
-No hay prisa, Lyz. -rió.
-Sí, sí que la hay, que luego se termina el plazo de presentación y te la niegan. Mañana vamos. ¿Y que mas tienes que contarme?
-Pues… -dudó.- Bueno…-me miró sonriente y se le iluminaron los ojos- Álvaro y yo… -la miré impaciente- él…
-¡Joder! Habla ya. -le grité nerviosa.
-Nos hemos acostado. -sonrió y miró al suelo.
-¿Qué? -le pregunté intentando asimilar lo que me acababa de decir. Ella asintió sonriente. -¿Ahora?
-Sí, ha sido… No sé cómo explicarlo…
-¿Te dolió? -me interesé.
-Un poco, al principio, pero él ha sido muy delicado y ha procurado hacerme el menos daño posible. Me ha encantado que fuese él.
-Cuenta, cuenta, ¿Cómo fue? ¿Cómo surgió? Todo, detalles. -me alegré mucho por ella, se le veía contenta, sujeté sus manos y la hice sentarse a la mesa frente a mí, apoyé la cara sobre las manos, como un niño impaciente por escuchar el cuento que el abuelo le va a contar, y puse toda mi atención a lo que iba a empezar a narrar.
-Pues, a ver -suspiró cogiendo aire y prosiguió.- empezamos con besos y caricias, lo típico, luego poco a poco la cosa se fue calentando y algo en mí me invitó a quitarle la camiseta, creo que no paré de sonreír y reír en todo el rato, él me miraba y sonreía, fue muy romántico, relajado y sobre todo divertido. Seguimos con besos y caricias… me lamía o mordía y… perdía el control, fue algo… que no sé cómo explicarlo. Total, que cuando fuimos a hacerlo me tranquilizó mucho ver lo relajado que estaba y cómo todo surgía, en el momento de hacerlo, sentí mucho dolor, es… indescriptible, es agudo y a la vez como… como un ardor, un escozor. Le paré y le dije que me dolía, y para nada se echó atrás, al contrario, seguía moviéndose pero mucho más lento, con lo cual, el dolor desaparecía por momentos, cuando ya no hubo más dolor, se movió dejándome relajar y cuando volvió a hacer fuerza, volvió el dolor pero mucho más menguado. Y ya ahí no sé como seguimos, pero no sentí más dolor, había pasado a ser placer, me gustaba la sensación, y como me besaba con tanta pasión, ¡me sentí tan bien…! Ya en ese momento todo era relajado y éramos capaces de hablar e incluso bromear, fue más normal, no sé cuanto estuvimos haciéndolo pero cuando íbamos a terminar, hizo algo muy… no raro, pero no lo había hecho antes: iba lento pero con mucha más fuerza y cuando llegaba al final, sentí dolor, pero un dolor… como un pinchazo, pero no era desagradable, no sé, una sensación muy rara. Ha sido una experiencia maravillosa y me alegro que fuera con él, porque me ha entendido y no lo he pasado mal, ha cuidado de mí en todo momento. Si antes pensaba que me gustaba, ahora me gusta mucho más, él, me refiero. -soltó una carcajada.
-Amiga… -una lágrima estaba a punto de saltar de mis ojos, estaba muy contenta por ella y a la vez me emocionó lo que me acababa de contar. Me sequé los ojos, me levanté y la abracé.- No sabes cuánto me alegro por ti. -ella sonreía contenta.
-¿Chicas? -Blas entró en la cocina y nosotras nos separamos.- Perdón, venía a ver si necesitabais ayuda.
-Si, ayúdanos a llevar cosas, por favor. -le pidió Emma rápidamente. Él asintió acercándose a nosotras y ayudándonos.
-Gracias. -le dije, no me respondió, solo sonrió.

31. ME MORDERÁS CON TUS COLMILLOS EN EL CUELLO

~Narra Álvaro~

Lyz y yo seguimos rápidamente a la enfermera que auxiliaba a Emma. Entramos en otra consulta, donde no había nadie. La enfermera sentó a Emma en una silla.

-Quedaos aquí, estaréis más tranquilos. –acarició el pelo de Emma.                   
-Gracias. –contestamos.

Lyz cogió otra silla y se sentó a su lado.

-¿Estás mejor? –asintió.                                                                                         
-Emma… -me agaché frente a ella de cuclillas y le acaricié las manos. –Has sido muy valiente contándonos lo que has pasado, te agradecemos que confíes en nosotros como para contárnoslo. De verdad, somos tus amigos y puedes seguir contando con nosotros para cualquier cosa. –una lágrima rodó por su mejilla, pero sonreía. Me levanté y le di un beso en la frente.

Estuvimos sentados haciéndole compañía unos minutos hasta que la enfermera volvió.

-Y bien, ¿Cómo va todo por aquí? 
-Mejor. –contestó Lyz. La enfermera miró unas maquinas y le quitó la mascarilla a Emma.                 -¿Bien? –le preguntó. Emma asintió. –Bueno, pues ya está, si te vuelves a encontrar mal, toma aire profundamente e intenta no ponerte nerviosa. –Nos miró a nosotros. –Se sentirá cansada, es mejor que descanse lo que queda de día, nada de emociones fuertes ni nervios hasta mañana o pasado. Y que no piense en lo que la ha hecho sentirse tan mal, ¿vale?                                                                     -Pero, ¿necesita algún tipo de medicamento? –preguntó Lyz. 
-Si se encuentra mal, un calmante, le puede dar dolor de cabeza y malestar general. No os asustéis. –nos explicó.                                                                                                                                       
-Vale, gracias. –le contesté.                 
-Podéis quedaros aquí si queréis, pero fuera están preocupados. –Cogió unas carpetas de la mesa y se iba a ir. –Hasta luego. Y tú, tranquilízate, ¿si? –Emma le asintió con una pequeña sonrisa. Salió de la consulta.                            
-¿Te apetece quedarte aquí o volvemos con los demás? –le pregunté. Se encogió de hombros.    
-Yo voy a salir a hablar con los chicos. –Lyz me miró y me guiñó un ojo. Asentí y se fue.         
-Gracias. –me dijo.                                                                                                             
-¿Por qué? –la abracé.                                                                                                                                -Por estar conmigo y ayudarme antes…     
-No tienes que darlas, somos tus amigos y yo… yo te quiero mucho. –levantó la cabeza y me miró a los ojos, le sonreí y ella me sonrió. Se alzó un poco y me dio un beso en los labios, cuando dejó de besarme me volvió a sonreír. Le eché el brazo por los hombros. –Venga volvamos con los demás. –Asintió y apoyó la cabeza en mí.

Salimos de la consulta y volvimos con los chicos, al verla, se pusieron de pie y sonrieron, todos la abrazaron y ella sonreía.

-Gracias, chicos, de verdad. –no paraba de agradecernos que estuviéramos con ella.                                  
-Yo también quiero un abrazo. –Carlos salía de la sala de Rayos X. Todos le miramos.-¿Qué pasa?
Emma le miró y sonriendo fue hacia él y le abrazó.
-Vale, pero no tan fuerte que me duele. –se quejó.                                                                       
-¿Estás bien? ¿Qué te han dicho?                                                                                                      
-Nada. Contusión en las costillas, es decir, el golpe, que no hagas esfuerzos y todo solucionado.         
-Vaya, que hagas vida normal, porque esfuerzos tu… lo justito. –se burló Dani.                                    
-Exactamente. –Rió.-Podemos irnos.

Carlos y Emma salieron caminando abrazados.

-¿Y a ti que te ha pasado? ¿Has llorado? –escuché que le preguntaba.                                                    
-Sí, estaba preocupada. –intervine intentando evitar que Emma recordase lo sucedido.               
-¡Oh…! Pero si estoy bien, mírame. –le dijo. Emma me miró y sonrió. -¿Y ahora qué hacemos? ¿A dónde vamos? –preguntó animado.                                                                                                          
-¿Pero tú no te estabas muriendo hace menos de una hora? –le preguntó riendo David.                 
-Bueno… -no supo defenderse.                                   
-A mi casa. –Contestó Lyz. –Hoy día tranqui en mi casa: vemos una peli, pedimos una pizza y nada de emociones…                                                                                                                
-Si, ya por hoy hemos tenido suficientes. –la secundó Dani echándole el brazo por encima.                   -Dani. –carraspeé, me miró, le hice señas con la mirada a su brazo y a Lyz. Asintió. –Y tu igual. –le dije a Carlos.                                                                                                                                                      
-¿Qué? –me preguntó.                                                                                                                   
-Estamos en mitad de la calle, córtate un poquito… -le dije.                                                                     
-No tengo nada que cortarme, es tu novia. –me dijo.                                                                                  
-¿Quieres callarte? –me enfadé.                                                                                                 
-Pero si no hay nadie, ¿Qué más da? – se quejó.                                                                              
-Da igual. –contesté.                                                                                                                                  
-Tiene razón, Carlos. –me apoyó Blas. -Mejor prevenir. -Asintió y la soltó.                                                
-¿Es por lo de… -bajó la voz. – la tele de anoche? –me preguntó. Asentí. Ella lo entendió y se limitó a andar.

Llegamos a los coches, nos subimos y volvimos a casa de Lyz.

~Narro Yo~

Cuando salimos de urgencias, volvimos a mi casa. Lo estaba deseando, había sido un día agotador, Carlos, Álvaro, Emma y Blas iban juntos en un coche y Dani, David y yo en otro.

-Chicos, ¿Por qué no pasamos a comprar algo de comer? 
-¿Y donde lo compramos? –me preguntó Dani.                                                                                         -No sé, vosotros sois los que conocéis Madrid. Cualquier sitio.                                                           
-Dani, vamos a donde comimos aquella vez que estaba tan bien. –propuso David. Él asintió y se desvió del camino.

Al poco rato le sonó al móvil a David y a Dani, un mensaje. David miró el móvil.

-Es del grupo, preguntan por qué nos hemos desviado. –explicó David para que Dani no se preocupara en mirar el móvil.                                                                                                                   -Diles que vamos a ir comprar, que vayan a su casa y nos vemos allí. –le dijo. David asintió y tecleó. –Dicen, que Emma dice que si le compras las pastillas. –me miró y asentí, volvió a teclear.

Llegamos al local de comida preparada y compramos, luego fuimos a la farmacia y mientras yo pedía los medicamentos de Carlos y Emma, Dani y David hablaban apartados del mostrador donde me atendían. En lo que esperaba a que me trajesen las cajas y cobrasen miré a los chicos, una niña de unos 12 o 13 años se les había acercado y estaban charlando animadamente, había risas y muchos gestos, los chicos estaban felices y la niña emocionada.

-Aquí tienes. –me giré y el farmacéutico me entregó una bolsa con los medicamentos y la vuelta del dinero.
Cogí la bolsa y el dinero y me acerqué a los chicos, seguían hablando con la niña.
-¡Hola! –la saludé, ella me miró y ellos le dieron dos besos.                                                                    
-Bueno, nos tenemos que ir. Hasta luego. –le dijo Dani sonriendo.                          
-Adiós, -le sonrió David – Gracias, guapa.                                                                                               
-Adiós, gracias. –se despidió la niña, le temblaba las manos y se le cortaba la voz, pero sonreía.

Los chicos se dieron la vuelta y yo les seguí. Luego miraron atrás y sonrieron. Yo miré y la niña decía adiós con la mano llorando emocionada. Salimos de la farmacia y mire a los chicos.

-Bueno, ¿alguien pretende explicarme algo? –les miré desconcertada. Se miraban entre ellos, David reía y Dani evitaba mirarme. -¡Chicos! ¿Qué acaba de pasar ahí dentro? –Seguían sin contestarme y la curiosidad me dio por reír nerviosa. –Venga ya, ¿En serio? ¿No me van a contar nada? –buscaba respuesta mirando a un lado y a otro, a Dani y a David. –Buah, vale…                                                  
-Nada, es una conocida, y ya está. Nada fuera de lo normal. –me respondió David entre risas.                   
 -¿Y para eso tanta película? Me lo podíais haber dicho antes. -reí, ellos se miraron y sonrieron.

Volvimos al coche y nos dirigimos a mi casa, cuando llegamos, el coche de Blas ya estaba aparcado en la calle, entramos y todos estaban dentro, en el salón.

-Venga, levantaos a preparar las cosas para comer. -avisó David. El resto acudió en seguid.

Fuimos a la cocina y preparamos vasos, platos, cubiertos, etc, para todos. Lo llevamos al salón y almorzamos viendo la televisión. Cuando terminamos, Carlos y Emma se tomaron los medicamentos que les había recetado el médico. Emma se subió a su cuarto y Carlos al mio, el resto nos quedamos en el salón a descansar, Dani y yo nos tumbamos en el sofá, y David, Álvaro y Blas se recostaron en los pufs. Pasado una media hora Álvaro quiso subir a ver cómo estaba Emma, y así lo hizo.

~ Narra Emma ~

Cuando terminé de comer, me tomé el calmante y me subí a mi cuarto a descansar, me tumbé en la cama y 
cerré los ojos. No conseguía dormir mas de unos minutos, las imágenes de los dos accidentes me despertaban. Estaba quedándome dormida cuando me sonó el teléfono, lo miré, era mi madre. Descolgué.

-Hola, mamá.
-Hola, cariño, ¿cómo va todo? ¿Sigues queriéndote quedar ahí?
-Muy bien, si, claro…
-¿Seguro?
-Sí, ¿Por qué?
-Porque te noto la voz apagada.
-Sí, es que han sido unos días muy duros, y anoche no dormí muy bien.
-¿Y qué habéis hecho?
-De todo, esto es alucinante -cambié el tono de voz a más alegre- hemos hecho turismo, hemos ido de compras, hemos ido a un parque de atracciones, a la universidad, hemos conocido gente…
-¿Y con el idioma, que tal?
-He mejorado bastante, además las personas que conocemos aquí comprenden que hable raro, aunque a veces mezclo palabras y ellos me ayudan o traducen. No es tan horrible como pensé que iba a ser.
-Me alegro mucho, mi amor. He hablado con papá y…
-¿Puedo quedarme? - le pregunté sorprendida.
-Puedes presentar la solicitud, y si te aceptan, por supuesto que puedes quedarte.
-Gracias, mamá. -me alegré mucho.
-Pero no te ilusiones, no vaya a ser que no te acepten…
-Lo sé, lo sé. Gracias.
-Cariño, tengo que dejarte que tengo que llevar a tu hermana a clase.
-Vale, adiós, mamá, os quiero a todos. Un beso.                                  
-Adiós, besos.

Colgué y me llevé las manos a la cara, estaba muy contenta, sonreía y daba saltitos en la cama. Dejé el móvil en la mesilla y me recosté. Estaba tumbada de lado, mirando a la puerta, pensando en la noticia que me había dado mi madre. De repente, la puerta se entornó suavemente, miré fijamente en su dirección a ver quien aparecía, y la dulce cara de Álvaro apareció, recorrió la habitación con la mirada hasta que llegó a mí.

-Hola… -le dije.
-¡Eh! Estas despierta… -me dijo cariñoso, dejando su cuerpo entre la puerta y la pared.
-Sí, pasa. -me senté en la cama y él entró cerrando la puerta tras de sí.
-¿Cómo te encuentras? - me encogí de hombros- ¿Mejor, peor, igual? -llegó a la cama y se sentó.
-Igual, me duele la cabeza y no consigo dormir.
-Es normal, no te preocupes. He subido a ver cómo estabas.
-Gracias, pero creo que en nada iba a bajar, no consigo dormir, ni dejar de pensar, y sola me siento un poco indefensa.
-Como quieras, si quieres bajar, vamos. -se puso de pie, yo me quedé de rodillas en la cama.
-También podrías hacerme compañía tú. -me acerqué a él y le atraje tirando de su camiseta.
-Claro, que sí, eso ni lo dudes.

Notaba sus palabras en mis labios, me acarició suavemente la cara hasta llegar al cuello, me acercó a él un poco más, me estaba haciendo sufrir, rodeó mi cintura y por fin, me besó. Fueron besos dulces, tranquilos, suaves, cálidos… hasta que rodeé su cuello con mis manos y me subí a su cintura, en ese preciso instante comenzó a besarme apasionadamente, hasta que llegó un momento en el que me besó el cuello lentamente, esos besos eran muy sensuales y hacían que me estremeciera. Me sujetó por la cintura y se giró dándole la espalda a la cama, se sentó en ella mientras me besaba. Acariaba con cariño mi espalda hasta que yo, le mordí el cuello, fue cuando soltó un pequeño gemido y se tumbó en la cama, sonreí, abrí los ojos, él hizo lo mismo, nos miramos fijamente y me abrazó. Nos besábamos, giré en la cama hasta quedarme debajo. Me sacó la camiseta con suavidad, yo mantenía los ojos cerrados, intentando disfrutar del momento, comenzó a besarme el cuello, el pecho, el torso, la barriga, las manos…

-Espera, dame un minuto. -le pedí. Rápidamente se detuvo y me miró.
-¿Qué ocurre?
-No puedo.
-¿Por qué?
-Estoy… nerviosa.
-Si quieres, y te ves capaz de relajarte sigo y si prefieres que pare, paro. Como tu decidas.
Me lo pensé un instante, me apetecía mucho pero no me encontraba bien, en su mirada veía reflejado deseo y algo de preocupación.
-Sigamos. -le dije atrayéndole hacia mi por el cuello.

Seguimos besándonos y quitándonos ropa hasta que quedamos totalmente desnudos. Era un momento totalmente perfecto, tal y como yo lo había pensado, como lo había querido siempre, tal y como lo había imaginado, la vergüenza que siempre había sentido o cualquier complejo que siempre tuviese, habían desaparecido. Me sentía bien, guapa, me sentía… sexy. La luz era muy tenue, pues para dormir había cerrado todas las cortinas, y no hacía ni calor ni frio. Todo iba muy bien, estaba lista, me sentía preparada para lo que viniese si era junto a él.

-Álvaro. -le llamé con voz suave, casi cortada. Me miró. -Ahora. -me miró sorprendido y me hizo un gesto con la cabeza, yo asentí.

Me comenzó a tocar: el cuello, la barriga, los muslos. Me besaba, me hacía sentir bien. Yo mantenía los ojos abiertos mirándole, observando qué hacía y qué podía hacer yo.

-Me siento torpe. -reí.
-¿Por qué?
-No sé qué hacer, ni… no sé cómo va esto, sinceramente. -reí.

-No te preocupes, relájate, déjate llevar. -asentí y él sonrió.

sábado, 15 de marzo de 2014

30. YOU'VE GONE AWAY

~ Narra Carlos ~
Blas nos avisó que las chicas venían hacia nosotros, así que nos callamos y  se pusieron en pie para recibirlas, les quedaba unos pasos para llegar a nosotros cuando Dani abrió los brazos y Lyz le abrazó, Álvaro y Emma hicieron lo mismo, al estar abrazados, Álvaro le dio un beso en la frente a ella, que sollozaba; Blas y David se acercaron a Em para saber cómo se encontraba y estuvieron hablando en grupo todos. Yo me quedé sentado en el sofá no me podía casi mover, me dolía cada vez mas. Emma se apartó de Álvaro y se movió para  buscarme con la mirada, cuando me vio se quedó rígida y los ojos se le humedecieron, los demás le abrieron paso en forma de pasillo, unos me miraban a mí y otros a ella, Álvaro la soltó y le dio un pequeño empujoncito, ella le miró y vino hacia mí, le sonreí y se sentó a mi lado.

-¿Cómo estás?- me preguntó.                                                                                                                    
-Mejor. –mentí para que no se sintiera mal. - ¿Y tú?                                                                                 -Mejor. –Sonrió- Me asusté, nada más. –Me cogió la mano con dulzura y me miró a los ojos- Carlos, lo siento, de verdad, perdóname, no era mi intención hacerte daño.                                                         -Tranquila, lo sé. No tengo nada que perdonar. –le sonreí y ella me abrazó, me dolió un poco, así que me quejé y me aparté, ella me miró.                                                                                                         -No estás mejor, ¿verdad? –me soltó las manos.                                                                                     
-No, tengo que ir a urgencias a que me hagan una radiografía, pero no te preocupes, seguro que no es nada.                               
-Y si tienes que ir, ¿Qué hacemos aquí? –se puso en pie rápidamente y me agarró la manos para ayudarme a levantar.                                                                                                                                
-Con cuidado… -recordé. Ella asintió.                                                                                                    
-Voy a buscar el coche. –dijo Dani.                                                                                                        
-Y yo el mío. –le siguió Blas. -¿Con quién vas? –me preguntó.                                                                -Contigo, que va mas vacío y puedo acomodarme. –le contesté ya de pie.

Asintió y los dos salieron del local. Mientras ellos volvían, Emma abrazada a mí, me acompañó con cuidado hasta la puerta, ya que me costaba caminar, no entiendo por qué si me dolía el costado, no las piernas, y me ayudó a bajar las escaleras hasta la calle. David también venia con nosotros. Álvaro y Lyz se habían quedado dentro, hablando con Alberto. Los chicos llegaron y tocaron la pita para avisar a los que aun quedaban dentro. David y Emma me ayudaron a subir en el coche de Blas; Álvaro y Lyz se subieron con Dani.

-Nos vemos ahora, ¿vale? Lo siento…-me volvió a repetir triste, le sonreí, cerró la puerta y rápidamente se subió al coche de Dani con los demás.

El trayecto hasta el hospital se me hizo bastante largo, aunque Blas condujera con cuidado siempre había algo que me lastimaba: una curva, un badén, un bache…

-Carlos, baja tu, así no tendrás que andar desde donde deje el coche.                                                       -Vale. –asentí quitándome el cinturón e intentando bajar del coche.                                                         -Espera a que te ayude, cabezón. No me das tiempo de nada. –David en seguida bajó del coche y me ayudó.

Nos bajamos y entramos a urgencias, Blas nos había dejado en la puerta. En nada aparecieron todos juntos y se acercaron a mí.

-¿Cómo vas? –me preguntó Dani.                                                                                                             -Ahí, ahí. –le contesté con mala cara.   
-Pues yo pienso que para una vez que una chica le hace caso…- Miré a Lyz y le estaba haciendo señas con la cabeza y los ojos de que no siguiera hablando, pero él no la había visto, me extrañó pero no puse importancia.-…está aprovechando. –terminó la broma Álvaro. Emma le miró enfadada.         -¿Cómo puedes decir eso? –le preguntó levantando la voz.                                                                     -Em, ha sido una broma. –le explicó Lyz.                                                                                                 -Pues no lo entiendo. –Miró a Álvaro- ¿Cómo puedes bromear cuando estás viendo que está mal?        -No tiene importancia, Em. –la tranquilicé.                                                                 
-Aquí es normal bromear en los momentos de más tensión. –le explicó Dani.                                          -¿En serio? –empezó a relajarse. –Pues no os entiendo.
-¡CARLOS PÉREZ MARCO, SALA 4!
-¿Me acompaña alguien? –pregunté. Todos se pusieron de pie. –Gracias, chicos.

Entramos a la sala de espera, allí había 6 puertas de salas diferentes, pasamos a la que me correspondía, la 4.

-Vaya, cuanta gente. –se sorprendió el médico. Yo sonreí. -¿Quién es… Carlos?                                   -Yo. –me adelanté a los demás.                                                                                                               
-Bien, siéntate. –me señaló la silla con la mano.                                                                                       -Mejor no.                                                                                                     
-Bueno… Como quieras. Los demás podéis esperar fuera. –les echó con mucha educación.                   -Yo preferiría quedarme. –protestó Emma, el doctor se encogió de hombros.                                         -Y yo. –Dijo Blas.                                                                                                                                    
-Bueno, pero nadie más.                                                                                                                                                                                
Los demás salieron a la sala de espera y cerraron la puerta.                                                                                                                   
-Bien, cuéntame, ¿Qué ha pasado? –me preguntó.                                                                                   -Verá, estábamos en los kartings dando unas vueltas y tuve un accidente.                                               -¿Qué tipo de accidente?                                                                                                                         
-Le di contra la barrera. –intervino Emma.                                                                                              
-Por un lateral, y me duele bastante el costado, fuimos a la enfermería de allí y me dieron este papel para usted. –le entregué el informe de la enfermera. Lo leyó, se puso en pie y se acercó a nosotros.
-Carlos, siéntate en la camilla y quítate la camiseta por favor. –asentí y fui, Blas me ayudó. – y usted…
-Emma. –le ayudó.
-…Emma, siéntate en la silla. –le hizo caso. -¿Notaste algo cuando impactaron, Algún dolor?
Emma miró a Blas buscando ayuda y éste le tradujo.
-Es que no es de aquí y entre que no habla perfectamente y se ha acostumbrado a escucharnos a nosotros… -excusó Blas.                                                                                                                           -Sí, que hablar con un gallego se hace un poco difícil. –sonrió, ella le correspondió.                             -Me duele aquí. –puso la mano en el cuello y la movió.

El doctor le tocó el cuello por diferentes partes.

-Es normal, ¿Vale? –La miró – es del golpe, te dolerá unos días y luego ni te acordarás. –miró a Blas – si le duele, que se tome un calmante y ya está. –Él asintió. –A ver tú… -se acercó a mí e intentó tocarme, pero me quejé. Está bastante inflamado, voy a mandar a hacerte una radiografía ya, de urgencia. –asentí. –Puedes levantarte  –Blas volvió a ayudarme. –Tenéis que esperar fuera, tu no –se refirió a mi- Vente conmigo, dale todo lo metálico.

Le di mis cosas a Blas y salieron a la sala. Yo seguí al doctor hasta la sala de Rayos X.

~Narra Blas~
Emma y yo salimos del despacho y nos sentamos en la sala de espera con los demás.
-¿Y Carlos? –me preguntó Lyz cuando nos vio salir.                                                                               -Se lo ha llevado el médico a Rayos. –Contesté. Asintió.

Emma se sentó a su lado y yo con David. Al lado de Lyz estaba Dani, y a su lado Álvaro.

-Lyz, -me miró. –le duele el cuello, el médico me ha dicho que es normal, que se tome un calmante y ya está, que no tiene más importancia, me ha hecho una receta.                                                               -Vale. – miró a Emma y la abrazó.  Ésta le susurró algo a lo que Lyz asintió.                                         -Chicos… -comenzó a hablar, todos la miramos. – Creo que debo pediros perdón y daros una explicación. –volvió a mirar a Lyz buscando apoyo, ella asintió y le tomó la mano. –Siento mucho haberme enfadado contigo antes Álvaro, pero estaba muy asustada y vosotros bromeabais, siento también el haberme asustado tanto en la pista y haberos dejado solos. Pero la situación me superó.       -No pasa nada. –Álvaro la miró con cariño. –No es para tanto.                                                               -No, es que… no lo entendéis. –comenzó a cortársele la voz. – me asusté mucho porque… -Lyz se secó una lagrima. – No es agradable volver a pasar por esto… -se aclaró la voz mientras la mirábamos perplejos. – hace unos años, tuve un accidente con mi hermano. –Cogió aire profundamente, estábamos mirándola fijamente- Volvíamos de visitar a mis abuelos un fin de semana, habían previsto lluvia y viento, pero no hicimos caso. Era de noche y la lluvia, que era fuerte, hizo que Peter perdiera el control del coche y comenzamos a hacer “S” hasta que nos dimos con algo de frente. –comenzó a llorar- yo… no recuerdo nada mas, solo que desperté en el hospital… una semana después, y supe que Peter había muerto al llegar, no pudieron hacer nada por él.  –Lloraba desconsoladamente- Mi padre pasó semanas diciendo que había sido culpa mía que mi hermano muriese, por haber querido ir a otra ciudad a pesar de la tormenta prevista, mi madre trataba de consolarme diciendo que no hiciera caso, que era incapaz de asumir que él ya no estaba, pero es que yo... ya me sentía culpable. Joder, fue una tortura, yo tenía 14 años y Peter solo 20. Fue un año muy duro, hasta que llegó Lyz y nos hicimos amigas. –Se secó las lagrimas- pero… antes cuando perdí el control del coche, todo aquello volvió a mí, cuando miraba a los lados para no dar a nadie, le vi.-se puso nerviosa y a hablar bastante rápido y alto, se pisaba las palabras-  Vi a Peter mirándome asustado y gritando. Cuando sentí el golpe, fue… como…

Empezó a respirar bastante fuerte, Lyz la intentaba tranquilizar, pero se estaba ahogando, se abanicaba con las manos asustada. Comenzó llorar muy fuerte y todos nos levantamos a consolarla, de repente empezó a gritar, no decía nada, solo chillaba, pero luego decía palabras sueltas. Al principio, la entendíamos y le respondíamos para que no sintiera que estaba sola, pero a razón que se ponía nerviosa comenzaba a hablar más rápido, llegó un momento en que no entendíamos qué decía, y todos miramos a Lyz buscando respuestas.

-Llamad a alguien, le va a dar algo. –nos dijo asustada.
No reaccionamos, nos mirábamos unos a otros.
-¡Joder! –Álvaro gritó y salió corriendo.

En seguida llegó con dos enfermeras.

-Le está dando un ataque de ansiedad –nos explicó una-  apartaos, dejad que le de aire. –cogió la receta que Lyz tenía en la mano y la abanicó.

La otra trajo una botella de oxígeno y le puso la mascarilla. La sujetaron entre las dos y se la llevaron a una sala.

-Yo voy con ella. –Se levantó Lyz rápidamente y la siguió.                                                                     -Yo también. –Álvaro acompañó a Lyz.

-¿Qué fuerte, no? –miré a los chicos.                                                                                                         -Ahora entiendo la reacción que tuvo en la pista. –dijo David.                                                                 -Lo ha pasado fatal, es como si no lo hubiera superado… -opinó Dani.                                                   -¿Y quién supera algo así? Tan pequeña, y que encima la culpasen… -seguí.                                         -Bueno, dejemos el tema. –Sugirió David- Cuando salgamos de aquí, no hablemos de esto. Que sienta que estamos con ella.                                                                                                                                 -Sí, mejor. Quitémosle importancia. –asentí.

29. LOST IN MY SKIN AND THE WORLD FALLS DOWN

~ Narra Dani ~
Alberto nos dio la salida y todos empezamos a acelerar hasta que los coches alcanzaron una velocidad bastante alta, llevábamos 6 vueltas, todos estábamos picados con todos: Blas iba el primero y cuando pasaba junto a alguno, se burlaba; Yo iba segundo, cuando pasaba junto a Lyz le preguntaba cuanto le quedaba para empezar a pegarme una paliza, que era lo que había dicho por la noche que iba a hacer; Álvaro iba tercero y se le veía muy contento; Lyz venía cuarta y en alguna ocasión, incluso pasaba a Álvaro; Carlos iba quinto, pero su coche no daba más; Emma venía sexta, rápida pero insegura en las curvas, eso le había costado el tercer puesto desde el principio de la carrera, que iba muy bien; David iba el último, estaba centrado en animar a Emma a acelerar, es al que menos le importaba perder, prefirió hacer que Emma disfrutara de la velocidad. Aun nos quedaban 4 vueltas para saber quien ganaría la carrera, aunque Blas me llevaba bastante ventaja. En la séptima vuelta estaba totalmente concentrado en pasar a Blas, no dejábamos de mirarnos y retarnos, de repente escuché un golpe. En seguida miré a Blas, estaba bien, menguamos la velocidad.

-¿Qué ha pasado? –me gritó.                                                                                                                      -Un golpe, pero no veo quien.                                                                                                                     -¿Están muy lejos? –Se refería al resto del grupo                                                                                           -No, 100 o 200 metros.                                                                                                                               -Demos la vuelta.                                                                                                                                        -Mierda, Blas, las chicas. –me puse nervioso.                                                                                             -Da vuelta, da vuelta. –comenzó a gritar nervioso.

Rápidamente dimos la vuelta y aceleramos, cuando llegamos a la altura del grupo vi un coche desviado de la pista hacia el interior, había roto la barrera de seguridad, y el coche que le había echado fuera de la pista le había dado por el lateral, no sé cómo se habían dado, pero había sido un buen golpe. Los demás empezaron a llegar y a parar. Los que se habían dado, salieron del coche, el que había dado en seguida fue a ver al segundo piloto, que bajó dolorido. Todos nos bajamos de los coches rápidamente y nos quitamos los cascos mientras corríamos a ayudar a los dos pilotos. Alberto apareció de repente.

-¿Estáis bien?- preguntó  a todo el grupo.                                                                                                     -Sí. –todos asentimos, miré los pilotos sin casco, solo faltaban Carlos y Em.

El dolorido piloto, se apoyó en el coche con las manos en el tronco, justo donde las costillas. El segundo se quitó el casco rápidamente, era Emma, le abrazó con cuidado, le dijo algo a lo que el otro, que era Carlos, negó con la cabeza. Emma le ayudó a quitarse el casco. Alberto intervino.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó                                                                                                                      -No lo sé. –Emma gritaba asustada, a punto de llorar. –íbamos bien, pero perdí el control, no se…- comenzó a llorar.                                                                                                                                         -Tranquila Em, no te preocupes, estoy bien. –Carlos intentó tranquilizarla.

Todos nos habíamos asustado bastante pero Carlos estaba bien, según decía, y Emma estaba perfectamente, nadie estaba herido. Miré a todos, estaban asustados pero empezaban a relajarse y empezar a hablar, cuando previamente estábamos todos en riguroso silencio. Miré a Álvaro, empezó a acercarse a Emma y justo cuando iba a abrazarla, ella, que no le había visto porque le iba por detrás, huyó de la escena llorando. Lyz miró a Álvaro con tristeza.                                                                                                                                                                                     
-No se lo tengas en cuenta. No creo que te haya visto. –Álvaro asintió.

Lyz vino a mí, triste, y apoyó su mano en mi hombro.

-Nosotras hemos terminado con esto. Voy a ver como está. –me dio un beso en la mejilla y corrió al interior del local en busca de su amiga.                                                                                                                    -Álv, hermano, está muy asustada… -intenté que se sintiera mejor.                                                                -Sí, lo sé, ya hablaré con ella. –respondió.                                                                                                  -Por si nadie lo ha notado, yo sigo aquí, muriéndome. –intervino dramático Carlos, todos le miramos incrédulos.                        -Ya, pero a ti te conocemos y sabemos que estás bien. –comenzó David a hablar.                                                                       -Pero a ella no la conocemos y no sabemos cómo está o cuanto le ha afectado este susto. –siguió Blas.                                              -Bueno…-reflexionó. –vale, no estoy tan mal.                                                                                                                           -Yo creo que le dijiste que te empotrara porque ibas perdiendo. –Bromeé.                                                                                      -Para una vez que voy ganando… -comentó molesto Blas. Todos nos reímos.                                                                            -¡Ah! No me hagan reír, que me duele. –se quejó.                                                                                                                                          -Mejor vamos dentro a la enfermería. –Propuso Alberto.- para asegurarnos de que no es nada.
Todos asentimos y comenzamos a andar hacia el interior, Alberto hizo una seña a la cabina de vigilancia y tres chicos bajaron a apartar los coches.

~Narro Yo~
Dejé a los chicos en la pista y corrí a buscar a Emma, entré en el local y no la veía, la buscaba desesperadamente con la vista, de un lado y a otro. Una chica morena de pelo corto que caminaba hacia mí, en dirección a la puerta de salida a la pista, me miró y señaló con el pulgar hacia su espalda, miré tras ella, la puerta del vestuario.
-Gracias. –le susurré al pasar a su lado, me sonrió.
Me acerqué a la puerta, toqué suavemente y abrí. Entré tranquila y relajada, todo lo contrario a como me sentía e incluso, a cómo estaba minutos antes. La vi sentada en uno de los bancos del vestuario, abrazándose las rodillas, con el mono atado a la cintura, y con la cara hundida en sus piernas.
-Em, ¿estás bien?
Levantó la cabeza, aún estaba llorando. Me acerqué a ella, me senté a su lado y la abracé. Se balanceó y se apoyó en mí.
-Es que… -intentó hablar. –otra vez…                                                                                                        -¡Sh...! Se lo que vas a decir, no hace falta que hables. Pero no te preocupes. –me miró. –Carlos está bien y el resto  está un poco preocupado por ti, no saben qué te ha pasado.                                                        -Lyz, -se levantó y sentó bien.- no se qué pasó, perdí el control del coche y volví a vivir todo aquello otra vez, fue muy extraño.                                                                                                                                   -¿En serio? –me sorprendí.                                                                                                                         -Era todo como aquella vez: vi las luces de los coches, la lluvia...-hizo una pausa.-a… él.                             -¿Cómo que le viste a él?                                                                                                                             -Sí, cuando noté que no controlaba el coche, miré a los lados para ver por donde no venía nadie y al mirar a la derecha le vi a él, sentado a mi lado, al volante, asustado, con los ojos muy abiertos, gritándome algo… -comenzó a llorar.                                                                                                                                         -Como aquella vez… -afirmé a lo que me había dicho. Asintió.

Estuvimos un rato en el vestuario mientras se tranquilizaba y luego nos quitamos el mono y nos  quedamos con la de calle.

~Narra Álvaro~
Las chicas estaban desaparecidas en el interior del local y nosotros fuimos con Carlos a la enfermería para comprobar que todo iba bien. Nos quedamos esperando y la enfermera salió.

-A ver, podéis pasar, pero tenéis que estaros quietitos a un ladito, ¿Vale? –nos advirtió riendo ya que nos conocía de antes. Asentimos y pasamos. Carlos estaba tumbado en la camilla, sin camiseta y con mala cara. -¿Qué, cómo estás chaval? – le saludó Blas. Carlos se limitó a poner mala cara y moverse dolorido.             
-Os cuento –comenzó la enfermera- por los dolores que tiene y por cómo me ha dicho que se siente, es posible que tenga algo fracturado.                                                                                                        -¿Un hueso? ¿Una costilla? –preguntó Dani.                                                                                            -Exactamente no puedo saber, debe hacerse una radiografía. Tenéis que ir a urgencias, con el papel que os voy a hacer os atenderán rápido. –se sentó en la mesa y comenzó a teclear en el ordenador.       -¿Me puedo levantar ya? –le peguntó.                                                                                                       -Sí, sí, claro. –asintió.

Carlos intentó incorporarse pero se quejó y volvió a tumbarse resignado, cuando lo vimos, acudimos a ayudarle y David le alcanzó la camiseta.                                                                                                                                                                     
-¿Te ayudamos a ponértela? –le preguntó David en un tono un tanto cómico.                                         -No, gracias. –Intentó ponérsela.-vale, mejor si. –Dani y yo reímos, y David le ayudó.                         -Te duele más ahora que antes, ¿verdad? –preguntó la enfermera. Él asintió. –te dolerá mas cuanto más tiempo pase, se te está enfriando el cuerpo, os recomiendo que vayáis a urgencias lo antes posible.              
-Espera, -intervine- ¿Y nosotros? –Me miró extrañada – ¿Podrá actuar? No podemos cantar sin él.       -¿Cómo estáis esta semana y la que viene?                                                                                               -Pues… dos conciertos y tres firmas. –contestó Blas.                                                                               -Yo os diría que probarais a dar un concierto tranquilo y si es necesario, que él falte y con las firmas… bueno, una silla donde pueda mantener la espalda recta y abrazos suaves.                               -La silla es posible pero los abrazos… no estoy tan seguro. –Bromeó Dani.                                           -Pero seguro que si explico lo que me pasa no serán tan impulsivas. –Rió Carlos.                                –Por intentarlo... –le contestó la enfermera riendo.

La chica terminó de escribir en el ordenador e imprimió los papeles. Me los entregó, nos despidió y salimos a esperar a las chicas, nos sentamos en los sofás de la entrada.

-¿Dónde se habrán metido? –pregunté.                                                                                                     -Seguramente en algún lugar donde pudieran hablar a solas, a Emma se la veía muy mal. –comentó David.     
-Tú lo viste todo David, ¿Cómo fue exactamente? –preguntó curioso Carlos.                                       
-No sé cómo explicarlo…-bajó la cabeza pensativo.- íbamos bien los tres, y cuando me di cuenta, su coche estaba haciendo “S” en la pista, me asusté mucho e intenté avisarla de que girara y condujera hacia los bordes, para que no se hiciera daño, pero no me oía… -se puso nervioso- Estaba desesperada, no dejaba de mirar a todos lados y mover el volante, perdió totalmente el control. No sé cómo consiguió llegar a tu altura, pero lo hizo, y giró en mal momento, justo cuando estaba a tu lado.
-Es que yo no vi nada, solo escuchaba el coche cada vez más cerca hasta que noté el golpe. No me enteré de nada.                                                                                                                                           -¿Visteis cómo estaba? No dejaba de temblar. –intervino Dani.                                                               -Normal, se ha llevado el susto de su vida.                                                                                               -Yo no estaría tan seguro de eso… -Comentó.                                                                                         -¿Por qué? ¿Qué sabes? –le dije.                                                                                                               -Nada, pero tengo la sensación de que esto es algo más de lo que hemos visto. –Todos le miramos extrañados- ¿No vistes como reaccionó Lyz? Igual que cuando le dijiste lo de las pesadillas. –lo pensé y tenía razón.                                                                                                                                   -Porque se habrá asustado igual. –le quité importancia.                                                                           -¿Qué pesadillas? ¿De qué habláis? –preguntó Blas.                                                                                 -Anoche Álvaro y yo dormimos en casa de Lyz, y Emma se pasó la noche con pesadillas…                 -Exacto, no dejaba de moverse, pegarme e incluso llorar. –expliqué.                                                       -¡¿HAS DORMIDO CON ELLA?! –preguntó sorprendido David, le miré.                                           
-O sea, que por fin estás con ella, ¿no? –se alegró David.                                                                   
-¿Es lo único que habéis captado de lo que acabamos de contar? – pregunté irónico, rió.                     
-Sh. –Blas nos mandó callar. –ahí vienen.