~Narra
Álvaro~
Lyz y yo
seguimos rápidamente a la enfermera que auxiliaba a Emma. Entramos en otra
consulta, donde no había nadie. La enfermera sentó a Emma en una silla.
-Quedaos
aquí, estaréis más tranquilos. –acarició el pelo de Emma.
-Gracias.
–contestamos.
Lyz cogió
otra silla y se sentó a su lado.
-¿Estás
mejor? –asintió.
-Emma…
-me agaché frente a ella de cuclillas y le acaricié las manos. –Has sido muy
valiente contándonos lo que has pasado, te agradecemos que confíes en nosotros
como para contárnoslo. De verdad, somos tus amigos y puedes seguir contando con
nosotros para cualquier cosa. –una lágrima rodó por su mejilla, pero sonreía.
Me levanté y le di un beso en la frente.
Estuvimos
sentados haciéndole compañía unos minutos hasta que la enfermera volvió.
-Y bien,
¿Cómo va todo por aquí?
-Mejor.
–contestó Lyz. La enfermera miró unas maquinas y le quitó la mascarilla a Emma. -¿Bien? –le preguntó. Emma asintió. –Bueno, pues ya está, si te vuelves
a encontrar mal, toma aire profundamente e intenta no ponerte nerviosa. –Nos
miró a nosotros. –Se sentirá cansada, es mejor que descanse lo que queda de día,
nada de emociones fuertes ni nervios hasta mañana o pasado. Y que no piense en
lo que la ha hecho sentirse tan mal, ¿vale? -Pero,
¿necesita algún tipo de medicamento? –preguntó Lyz.
-Si se encuentra mal, un calmante, le puede dar dolor de cabeza y
malestar general. No os asustéis. –nos explicó.
-Vale, gracias. –le
contesté.
-Podéis quedaros aquí si queréis, pero fuera están preocupados. –Cogió
unas carpetas de la mesa y se iba a ir. –Hasta luego. Y tú, tranquilízate, ¿si?
–Emma le asintió con una pequeña sonrisa. Salió de la consulta.
-¿Te apetece quedarte aquí o
volvemos con los demás? –le pregunté. Se encogió de hombros.
-Yo voy a salir a hablar con los chicos. –Lyz me miró y me guiñó un ojo.
Asentí y se fue.
-Gracias. –me dijo.
-¿Por
qué? –la abracé. -Por estar conmigo y
ayudarme antes…
-No tienes que darlas, somos tus amigos y yo… yo te quiero mucho. –levantó
la cabeza y me miró a los ojos, le sonreí y ella me sonrió. Se alzó un poco y
me dio un beso en los labios, cuando dejó de besarme me volvió a sonreír. Le
eché el brazo por los hombros. –Venga volvamos con los demás. –Asintió y apoyó
la cabeza en mí.
Salimos de
la consulta y volvimos con los chicos, al verla, se pusieron de pie y
sonrieron, todos la abrazaron y ella sonreía.
-Gracias,
chicos, de verdad. –no paraba de agradecernos que estuviéramos con ella.
-Yo también quiero
un abrazo. –Carlos salía de la sala de Rayos X. Todos le miramos.-¿Qué pasa?
Emma le miró
y sonriendo fue hacia él y le abrazó.
-Vale, pero
no tan fuerte que me duele. –se quejó.
-¿Estás
bien? ¿Qué te han dicho?
-Nada.
Contusión en las costillas, es decir, el golpe, que no hagas esfuerzos y todo
solucionado.
-Vaya,
que hagas vida normal, porque esfuerzos tu… lo justito. –se burló Dani.
-Exactamente. –Rió.-Podemos irnos.
Carlos y
Emma salieron caminando abrazados.
-¿Y a ti que
te ha pasado? ¿Has llorado? –escuché que le preguntaba.
-Sí, estaba preocupada. –intervine intentando evitar que Emma recordase
lo sucedido.
-¡Oh…!
Pero si estoy bien, mírame. –le dijo. Emma me miró y sonrió. -¿Y ahora qué
hacemos? ¿A dónde vamos? –preguntó animado.
-¿Pero tú no te
estabas muriendo hace menos de una hora? –le preguntó riendo David.
-Bueno…
-no supo defenderse.
-A mi casa. –Contestó Lyz. –Hoy día tranqui en mi casa: vemos una peli,
pedimos una pizza y nada de emociones…
-Si, ya por hoy hemos tenido suficientes. –la
secundó Dani echándole el brazo por encima. -Dani. –carraspeé, me miró, le hice señas con la mirada a su brazo y a
Lyz. Asintió. –Y tu igual. –le dije a Carlos.
-¿Qué? –me preguntó.
-Estamos
en mitad de la calle, córtate un poquito… -le dije.
-No tengo nada que
cortarme, es tu novia. –me dijo.
-¿Quieres callarte? –me enfadé.
-Pero
si no hay nadie, ¿Qué más da? – se quejó.
-Da
igual. –contesté.
-Tiene razón, Carlos. –me apoyó Blas. -Mejor prevenir. -Asintió y la
soltó.
-¿Es por lo de… -bajó la voz. – la tele de anoche? –me preguntó. Asentí.
Ella lo entendió y se limitó a andar.
Llegamos a
los coches, nos subimos y volvimos a casa de Lyz.
~Narro Yo~
Cuando
salimos de urgencias, volvimos a mi casa. Lo estaba deseando, había sido un día
agotador, Carlos, Álvaro, Emma y Blas iban juntos en un coche y Dani, David y
yo en otro.
-Chicos,
¿Por qué no pasamos a comprar algo de comer?
-¿Y
donde lo compramos? –me preguntó Dani. -No
sé, vosotros sois los que conocéis Madrid. Cualquier sitio.
-Dani, vamos a donde
comimos aquella vez que estaba tan bien. –propuso David. Él asintió y se desvió
del camino.
Al poco rato
le sonó al móvil a David y a Dani, un mensaje. David miró el móvil.
-Es del
grupo, preguntan por qué nos hemos desviado. –explicó David para que Dani no se
preocupara en mirar el móvil. -Diles
que vamos a ir comprar, que vayan a su casa y nos vemos allí. –le dijo. David
asintió y tecleó. –Dicen, que Emma dice que si le compras las pastillas. –me
miró y asentí, volvió a teclear.
Llegamos al
local de comida preparada y compramos, luego fuimos a la farmacia y mientras yo
pedía los medicamentos de Carlos y Emma, Dani y David hablaban apartados del
mostrador donde me atendían. En lo que esperaba a que me trajesen las cajas y
cobrasen miré a los chicos, una niña de unos 12 o 13 años se les había acercado
y estaban charlando animadamente, había risas y muchos gestos, los chicos
estaban felices y la niña emocionada.
-Aquí
tienes. –me giré y el farmacéutico me entregó una bolsa con los medicamentos y
la vuelta del dinero.
Cogí la
bolsa y el dinero y me acerqué a los chicos, seguían hablando con la niña.
-¡Hola! –la
saludé, ella me miró y ellos le dieron dos besos.
-Bueno, nos
tenemos que ir. Hasta luego. –le dijo Dani sonriendo.
-Adiós, -le sonrió David – Gracias, guapa.
-Adiós,
gracias. –se despidió la niña, le temblaba las manos y se le cortaba la voz,
pero sonreía.
Los chicos
se dieron la vuelta y yo les seguí. Luego miraron atrás y sonrieron. Yo miré y
la niña decía adiós con la mano llorando emocionada. Salimos de la farmacia y
mire a los chicos.
-Bueno,
¿alguien pretende explicarme algo? –les miré desconcertada. Se miraban entre
ellos, David reía y Dani evitaba mirarme. -¡Chicos! ¿Qué acaba de pasar ahí
dentro? –Seguían sin contestarme y la curiosidad me dio por reír nerviosa.
–Venga ya, ¿En serio? ¿No me van a contar nada? –buscaba respuesta mirando a un
lado y a otro, a Dani y a David. –Buah, vale…
-Nada,
es una conocida, y ya está. Nada fuera de lo normal. –me respondió David entre
risas.
-¿Y para eso tanta película? Me lo podíais haber dicho antes. -reí, ellos se miraron y sonrieron.
-¿Y para eso tanta película? Me lo podíais haber dicho antes. -reí, ellos se miraron y sonrieron.
Volvimos al
coche y nos dirigimos a mi casa, cuando llegamos, el coche de Blas ya estaba
aparcado en la calle, entramos y todos estaban dentro, en el salón.
-Venga,
levantaos a preparar las cosas para comer. -avisó David. El resto acudió en
seguid.
Fuimos a la
cocina y preparamos vasos, platos, cubiertos, etc, para todos. Lo llevamos al
salón y almorzamos viendo la televisión. Cuando terminamos, Carlos y Emma se
tomaron los medicamentos que les había recetado el médico. Emma se subió a su
cuarto y Carlos al mio, el resto nos quedamos en el salón a descansar, Dani y
yo nos tumbamos en el sofá, y David, Álvaro y Blas se recostaron en los pufs.
Pasado una media hora Álvaro quiso subir a ver cómo estaba Emma, y así lo hizo.
~ Narra Emma
~
Cuando
terminé de comer, me tomé el calmante y me subí a mi cuarto a descansar, me
tumbé en la cama y
cerré los ojos. No conseguía dormir mas de unos minutos, las
imágenes de los dos accidentes me despertaban. Estaba quedándome dormida cuando
me sonó el teléfono, lo miré, era mi madre. Descolgué.
-Hola, mamá.
-Hola, cariño,
¿cómo va todo? ¿Sigues queriéndote quedar ahí?
-Muy bien,
si, claro…
-¿Seguro?
-Sí, ¿Por qué?
-Porque te
noto la voz apagada.
-Sí, es que
han sido unos días muy duros, y anoche no dormí muy bien.
-¿Y qué habéis
hecho?
-De todo,
esto es alucinante -cambié el tono de voz a más alegre- hemos hecho turismo,
hemos ido de compras, hemos ido a un parque de atracciones, a la universidad,
hemos conocido gente…
-¿Y con el
idioma, que tal?
-He mejorado
bastante, además las personas que conocemos aquí comprenden que hable raro,
aunque a veces mezclo palabras y ellos me ayudan o traducen. No es tan horrible
como pensé que iba a ser.
-Me alegro
mucho, mi amor. He hablado con papá y…
-¿Puedo
quedarme? - le pregunté sorprendida.
-Puedes
presentar la solicitud, y si te aceptan, por supuesto que puedes quedarte.
-Gracias,
mamá. -me alegré mucho.
-Pero no te
ilusiones, no vaya a ser que no te acepten…
-Lo sé, lo sé.
Gracias.
-Cariño,
tengo que dejarte que tengo que llevar a tu hermana a clase.
-Vale,
adiós, mamá, os quiero a todos. Un beso.
-Adiós,
besos.
Colgué y me
llevé las manos a la cara, estaba muy contenta, sonreía y daba saltitos en la
cama. Dejé el móvil en la mesilla y me recosté. Estaba tumbada de lado, mirando
a la puerta, pensando en la noticia que me había dado mi madre. De repente, la
puerta se entornó suavemente, miré fijamente en su dirección a ver quien aparecía,
y la dulce cara de Álvaro apareció, recorrió la habitación con la mirada hasta
que llegó a mí.
-Hola… -le
dije.
-¡Eh! Estas
despierta… -me dijo cariñoso, dejando su cuerpo entre la puerta y la pared.
-Sí, pasa.
-me senté en la cama y él entró cerrando la puerta tras de sí.
-¿Cómo te
encuentras? - me encogí de hombros- ¿Mejor, peor, igual? -llegó a la cama y se
sentó.
-Igual, me
duele la cabeza y no consigo dormir.
-Es normal,
no te preocupes. He subido a ver cómo estabas.
-Gracias,
pero creo que en nada iba a bajar, no consigo dormir, ni dejar de pensar, y
sola me siento un poco indefensa.
-Como
quieras, si quieres bajar, vamos. -se puso de pie, yo me quedé de rodillas en
la cama.
-También
podrías hacerme compañía tú. -me acerqué a él y le atraje tirando de su
camiseta.
-Claro, que
sí, eso ni lo dudes.
Notaba sus
palabras en mis labios, me acarició suavemente la cara hasta llegar al cuello,
me acercó a él un poco más, me estaba haciendo sufrir, rodeó mi cintura y por
fin, me besó. Fueron besos dulces, tranquilos, suaves, cálidos… hasta que rodeé
su cuello con mis manos y me subí a su cintura, en ese preciso instante comenzó
a besarme apasionadamente, hasta que llegó un momento en el que me besó el
cuello lentamente, esos besos eran muy sensuales y hacían que me estremeciera.
Me sujetó por la cintura y se giró dándole la espalda a la cama, se sentó en
ella mientras me besaba. Acariaba con cariño mi espalda hasta que yo, le mordí
el cuello, fue cuando soltó un pequeño gemido y se tumbó en la cama, sonreí,
abrí los ojos, él hizo lo mismo, nos miramos fijamente y me abrazó. Nos
besábamos, giré en la cama hasta quedarme debajo. Me sacó la camiseta con
suavidad, yo mantenía los ojos cerrados, intentando disfrutar del momento,
comenzó a besarme el cuello, el pecho, el torso, la barriga, las manos…
-Espera,
dame un minuto. -le pedí. Rápidamente se detuvo y me miró.
-¿Qué
ocurre?
-No puedo.
-¿Por qué?
-Estoy…
nerviosa.
-Si quieres,
y te ves capaz de relajarte sigo y si prefieres que pare, paro. Como tu
decidas.
Me lo pensé
un instante, me apetecía mucho pero no me encontraba bien, en su mirada veía
reflejado deseo y algo de preocupación.
-Sigamos.
-le dije atrayéndole hacia mi por el cuello.
Seguimos
besándonos y quitándonos ropa hasta que quedamos totalmente desnudos. Era un
momento totalmente perfecto, tal y como yo lo había pensado, como lo había
querido siempre, tal y como lo había imaginado, la vergüenza que siempre había
sentido o cualquier complejo que siempre tuviese, habían desaparecido. Me
sentía bien, guapa, me sentía… sexy. La luz era muy tenue, pues para dormir
había cerrado todas las cortinas, y no hacía ni calor ni frio. Todo iba muy
bien, estaba lista, me sentía preparada para lo que viniese si era junto a él.
-Álvaro. -le
llamé con voz suave, casi cortada. Me miró. -Ahora. -me miró sorprendido y me
hizo un gesto con la cabeza, yo asentí.
Me comenzó a
tocar: el cuello, la barriga, los muslos. Me besaba, me hacía sentir bien. Yo
mantenía los ojos abiertos mirándole, observando qué hacía y qué podía hacer
yo.
-Me siento
torpe. -reí.
-¿Por qué?
-No sé qué
hacer, ni… no sé cómo va esto, sinceramente. -reí.
-No te
preocupes, relájate, déjate llevar. -asentí y él sonrió.
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