jueves, 24 de abril de 2014

32. SOLO IMPORTAN NUESTRAS GANAS

~Narro Yo~

Álvaro había subido a ver a Emma, el resto seguíamos en el salón viendo la televisión. Les miré y Blas y David estaban dormidos, Dani seguía despierto pero estaba bastante cansado. Me giré para mirarle.

-¿Te vas a dormir, feo? -asintió. Me acerqué a él y le di un beso. -Pues yo me voy a levantar.
-¿Y eso? -me preguntó lentamente, medio dormido.
-Paso de dormir. -asintió y me dio un beso.

Me levanté y fui al armario, saqué unas mantas y tapé a los tres chicos. Subí con cuidado al piso de arriba y me dirigí a mi cuarto. Abrí con mucho sigilo la puerta para comprobar si Carlos estaba dormido, necesitaba entrar a buscar el cargador del móvil, a penas se veía nada, había cerrado las cortinas para conseguir dormir. Entré y cerré la puerta cuidadosamente tras de mí, comencé a avanzar lentamente hasta la mesilla, abrí el cajón con cuidado y sin hacer ruido, saqué el cargador, al cerrarlo di un pequeño golpe.

-Mierda. -susurré.
-¿Eli? -Carlos se giró en la cama y se quedó mirándome.
-Perdona, solo venia a coger el cargador, sigue durmiendo. -le dije en voz baja para no desvelarle.
-No pasa nada. -se removió hasta quedarse recostado, se destapó el brazo y encendió la luz de la mesilla.
-¿Cómo te encuentras? - me senté a su lado.
-Bueno… No es mi mejor momento. -rió.
-¿Siempre estás de broma? -pregunté sonriendo.
-Más o menos. -se llevó las manos a la cabeza y se peinó. -¿Tu no?
-Creo que hay momentos para todo, y ahora mismo… comprendo que Emma se hubiera enfadado con las bromas mientras tú estabas tan mal. En Inglaterra solemos ser bastante serios y aquí es muy diferente.
-Lo sé, aquí podemos estar en un funeral, que siempre hay alguien que suelta alguna broma. -rió, yo me sorprendí. -Oye, ahora que estamos solos, ¿podemos hablar?
-Sí, claro. -le contesté. -¿de qué?
-¿Te molesta que te llame Eli en lugar de Lyz?
-¿Qué? No, claro que no. -reí.
-Vale, me quedo mucho más tranquilo, como a veces te lo digo y los chicos me miran raro, pensé que les habías dicho algo.
-¡Ah no, no! Será que como ellos están acostumbrados a llamarme Lyz, cuando te oyen, les resulta raro, es normal.
-¿Te gusta estar aquí así? -le miré extrañada. -En España, con nosotros. -explicó.
-Sí, es mejor de lo que esperaba, al menos he hecho amigos y encima está aquí mi mejor amiga. ¿Y tú, cuanto llevas viviendo fuera de casa?
-Pues… algo así como un año.
-¿Y no echas de menos cosas? Porque yo sí.
-Sí, claro, pero mis padres están a horas de aquí en coche, no es lo mismo, tú debes coger un avión. -asentí.- Pero sí que echo de menos hablar con alguien…
-¿Y los chicos? Si estáis siempre juntos, puedes hablar con ellos.
-No es lo mismo. Nosotros ya no tenemos secretos, no hace falta contarnos nada, nos conocemos lo suficiente para saber qué nos pasa o qué sentimos. Y eso es bueno, pero a veces es un rollo, como por ejemplo, no necesitamos que Álvaro nos dijera que le gustaba Emma, todos, incluso tu, nos dimos cuenta. Pues así con todo. Pero, yo… -se estuvo callado, mirando al frente
-¿Tu…?
-No sé, necesito alguien fuera del círculo con quien hablar, alguien que tenga un punto de vista diferente. Con ellos es muy fácil hablar y entre nosotros, es verdad que tenemos más confianza con uno que con otro, pero el final siempre terminamos contándonos todo, es decir, si con el que más confianza tengo es con Blas, se lo voy a contar a él, pero a su vez, se lo contará a David, que se lo contará a Álvaro, que se lo contará a Dani… y así, no hay secretos. Sin embargo, alguien fuera del círculo no lo contaría o no al menos a uno de dentro… Es un lio, lo sé, lo siento. -rió.
-No, no, te comprendo. De momento no me he perdido. -reí.- Pero eso os puede ayudar cuando os enfadáis unos con otros, ¿no?
-Sí, pero no sé. Por ejemplo… ahora mismo, ellos no saben nada, pero me empieza a gustar una chica y no quiero que ellos se enteren hasta que esté seguro de que me gusta, pero me conocen tanto que lo descubrirán en cuanto me vean hablar con ella. Y es una de las cosas que no quiero que pasen, no me dan la oportunidad de sentir intimidad y la emoción de contar que me gusta alguien. ¿Entiendes?
-Sí, -asentí- bueno, yo no soy del circulo, puedes contármelo a mí que te conozco pero no tantísimo como ellos. -me ofrecí.
-Solo si no le cuentas nada a Dani, porque sería lo mismo.
-Claro, puedes confiar en mí. Aquí tienes una amiga para cualquier cosa.
-Primera vez que tengo una amiga de confianza, porque Dani no cuenta como chica.
-¡Oye…! -le di un pequeño golpe en el brazo- no te metas con el niño. -reímos.
-Gracias, por querer aguantarme.
-No, gracias a ti por darme la oportunidad de no sentirme como “la novia de…” sino una amiga del grupo.
-¿Grupo? -preguntó un poco nervioso.
-Sí, del grupo que teníais hecho antes de que yo llegara.
-¿Qué sabes del grupo?
-Lo suficiente, os conocíais de antes y ahora sois mejores amigos. ¿No? Dani me ha dicho que erais un grupo de amigos en el que no solía entrar mucha gente, por eso me sentía un poco fuera de lugar.
-Ah… -dijo aliviado- grupo de amigos, sí, claro. Desde el primer momento eres amiga nuestra, nunca estuviste fuera de lugar, créeme.
-Muchas gracias. -sonreí- ¿Te apetece dormir o prefieres bajar?
-Me bajo, que no voy a dormir y me aburro aquí solo.
-Abajo tampoco vas a hacer mucho, están todos dormidos.
-Ahora bajo con más razón, a molestar. -Reímos.

Carlos salió de la cama con mi ayuda y bajamos al salón, los chicos seguían durmiendo.

-¿El que está malo soy yo y los que dormís sois vosotros? Esto no me cuadra. -gritó en el salón.
-Cállate, Carlos. -David le lanzó un cojín. Él rió.
-En serio chicos deberíais levantar, son las 6. -anuncié.
-¿Ya? -se quejó Dani. -estoy agotado.
-Y yo. -le secundó Blas.
-¿Y Álvaro? -se incorporó David.
-Sí, ya. Y Álvaro está arriba con Emma. -dije. Todos se sentaron rápidamente mirándose unos a otros. -Creo que sé lo que estáis pensando y no, ni se os ocurra -todos se levantaron y salieron corriendo- subir. -terminé la frase con desgana. Carlos me miró y rió.
-Ni puto caso. -me dijo riendo, me hizo un gesto con la cabeza.
-Sí, vamos. Si van todos… -reí y cogí su mano.

Comenzamos a subir la escalera despacio, el resto ya estaba arriba, pegados a la puerta de la habitación de Emma, escuchando con atención. Al verles así, hice el amago de reír, pero Carlos, me puso la mano en la boca.

-Calla. -me dijo.
-Ven, que estos no se conocen mi casa.

Tiré de su mano y nos fuimos al baño. Nos pegamos a la pared e intentamos escuchar, pero no se oía nada. 
De pronto Blas nos sorprendió.

-Coño, que susto. -le dije susurrando y llevándome la mano al pecho.
-¿Qué hacéis? -me susurró.
-Aquí se escucha más que en la puerta. -Dijo Carlos.
-¿Si? ¿Y qué se escucha? -preguntó pegándose también a la pared.
-Absolutamente nada. -dije.- Paso, yo me voy.

Salí del baño y vi que David y Dani aun seguían en la puerta.

-No me gustaría que nos hicieran esto a nosotros. -me referí a Dani.- Así que, fuera. -Le aparté.
-Tiene razón, chicos. Esto no está bien. -me apoyó David quitándose de la puerta.
-Bajemos. -sugirió Blas.

Todos nos sentimos mal por lo que habíamos intentado hacer y nos bajamos al salón.

-¿Os quedáis a cenar, no? -pregunté.
-Claro. -respondió Carlos.
-Y a dormir. -bromeó David.
-¿Si? Qué bien. -me alegré.
-No lo decía en serio, ¿Verdad? -le preguntó enfadado Dani.
-Que sí, hombre. Quedaos. Si me hace hasta ilusión. -les convencí. -Abrimos ese sofá y duermen dos, arriba Emma y Álvaro, tu y yo, y Carlos en la habitación de invitados. O, bajamos colchones y todos aquí.
-Prefiero lo de todos juntos. -Dijo Carlos.
-Y yo. -Dijeron David y Blas.
-Pues dicho. Todos aquí. Hala, ayudadme a fregar lo del almuerzo y preparar todo.
-Sí. -David, Blas y Dani se pusieron de pie dispuestos a ayudarme. Carlos se quedó en el sofá, Dani se giró y le miró mal.
-Tú no te muevas, ¿vale? no hace falta que ayudes. -le dijo irónico.
-Gracias amigo. Es que estoy muy dolorido. -contestó en tono dramático.
-Caradura. -le contestó Dani lanzándole el mismo cojín que David le había lanzado y nadie había recogido del suelo. Carlos lo cogió y rió.

Todos fuimos a la cocina y me ayudaron, fregamos todo lo que habíamos utilizado para almorzar y mientras Blas y David hacían la cena, Dani y yo subimos a buscar mi colchón y el de la habitación de invitados. Los colocamos en el salón y lo preparamos todo. La cena estaba hecha y todo listo, así que nos acomodamos en el salón a jugar a los juegos que Carlos había dejado en casa. Estábamos en mitad de una partida del Party&Co cuando Álvaro y Emma llegaron cogidos de la mano.

-¡Hala! ¿Qué ha pasado aquí? -se sorprendió Álvaro.
-Pues que os quedáis aquí esta noche. -le dije.
-¿De verdad? -preguntó Emma. Yo le asentí.
-Pues vale, si me obligáis de esta manera… -bromeó el chico.
-Bueno, ¿cenamos? -preguntó Carlos, todos le miramos sorprendidos.
-Si solo son las 8. -le recriminó Blas, él se encogió de hombros.
-¿Alguien más quiere cenar? -preguntó David. Algunos asintieron.
-Bueno, pues vamos a preparar las cosas. -me dijo Emma dirigiéndose a la cocina.
-Sí, voy. -me levanté del colchón del suelo y la seguí a la cocina.

Llegué a la cocina y fui a sacar platos y vasos para todos, mientras Emma buscaba con qué servir la cena. La estábamos sirviendo poniendo en bandejas, cuando me di cuenta de que Emma estaba bastante callada.

-Em, ¿te pasa algo? -le miré.
-Muchas cosas. -me miró alegre y sujetó con fuerza mis manos.
-Vale, se nota. ¿Piensas contarme algo? -sonreí alegre.
-Para empezar, algo suave, ¿Vale? -comenzó, la miré impaciente.- me ha llamado mi madre y me ha dado permiso para presentar la solicitud a la Universidad.
-¿En serio? Qué bien, mañana mismo vamos y la presentamos.
-No hay prisa, Lyz. -rió.
-Sí, sí que la hay, que luego se termina el plazo de presentación y te la niegan. Mañana vamos. ¿Y que mas tienes que contarme?
-Pues… -dudó.- Bueno…-me miró sonriente y se le iluminaron los ojos- Álvaro y yo… -la miré impaciente- él…
-¡Joder! Habla ya. -le grité nerviosa.
-Nos hemos acostado. -sonrió y miró al suelo.
-¿Qué? -le pregunté intentando asimilar lo que me acababa de decir. Ella asintió sonriente. -¿Ahora?
-Sí, ha sido… No sé cómo explicarlo…
-¿Te dolió? -me interesé.
-Un poco, al principio, pero él ha sido muy delicado y ha procurado hacerme el menos daño posible. Me ha encantado que fuese él.
-Cuenta, cuenta, ¿Cómo fue? ¿Cómo surgió? Todo, detalles. -me alegré mucho por ella, se le veía contenta, sujeté sus manos y la hice sentarse a la mesa frente a mí, apoyé la cara sobre las manos, como un niño impaciente por escuchar el cuento que el abuelo le va a contar, y puse toda mi atención a lo que iba a empezar a narrar.
-Pues, a ver -suspiró cogiendo aire y prosiguió.- empezamos con besos y caricias, lo típico, luego poco a poco la cosa se fue calentando y algo en mí me invitó a quitarle la camiseta, creo que no paré de sonreír y reír en todo el rato, él me miraba y sonreía, fue muy romántico, relajado y sobre todo divertido. Seguimos con besos y caricias… me lamía o mordía y… perdía el control, fue algo… que no sé cómo explicarlo. Total, que cuando fuimos a hacerlo me tranquilizó mucho ver lo relajado que estaba y cómo todo surgía, en el momento de hacerlo, sentí mucho dolor, es… indescriptible, es agudo y a la vez como… como un ardor, un escozor. Le paré y le dije que me dolía, y para nada se echó atrás, al contrario, seguía moviéndose pero mucho más lento, con lo cual, el dolor desaparecía por momentos, cuando ya no hubo más dolor, se movió dejándome relajar y cuando volvió a hacer fuerza, volvió el dolor pero mucho más menguado. Y ya ahí no sé como seguimos, pero no sentí más dolor, había pasado a ser placer, me gustaba la sensación, y como me besaba con tanta pasión, ¡me sentí tan bien…! Ya en ese momento todo era relajado y éramos capaces de hablar e incluso bromear, fue más normal, no sé cuanto estuvimos haciéndolo pero cuando íbamos a terminar, hizo algo muy… no raro, pero no lo había hecho antes: iba lento pero con mucha más fuerza y cuando llegaba al final, sentí dolor, pero un dolor… como un pinchazo, pero no era desagradable, no sé, una sensación muy rara. Ha sido una experiencia maravillosa y me alegro que fuera con él, porque me ha entendido y no lo he pasado mal, ha cuidado de mí en todo momento. Si antes pensaba que me gustaba, ahora me gusta mucho más, él, me refiero. -soltó una carcajada.
-Amiga… -una lágrima estaba a punto de saltar de mis ojos, estaba muy contenta por ella y a la vez me emocionó lo que me acababa de contar. Me sequé los ojos, me levanté y la abracé.- No sabes cuánto me alegro por ti. -ella sonreía contenta.
-¿Chicas? -Blas entró en la cocina y nosotras nos separamos.- Perdón, venía a ver si necesitabais ayuda.
-Si, ayúdanos a llevar cosas, por favor. -le pidió Emma rápidamente. Él asintió acercándose a nosotras y ayudándonos.
-Gracias. -le dije, no me respondió, solo sonrió.

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