~Narro Yo~
Álvaro había subido a ver a Emma, el resto seguíamos en el
salón viendo la televisión. Les miré y Blas y David estaban dormidos, Dani
seguía despierto pero estaba bastante cansado. Me giré para mirarle.
-¿Te vas a dormir, feo? -asintió. Me acerqué a él y le di un
beso. -Pues yo me voy a levantar.
-¿Y eso? -me preguntó lentamente, medio dormido.
-Paso de dormir. -asintió y me dio un beso.
Me levanté y fui al armario, saqué unas mantas y tapé a los
tres chicos. Subí con cuidado al piso de arriba y me dirigí a mi cuarto. Abrí
con mucho sigilo la puerta para comprobar si Carlos estaba dormido, necesitaba
entrar a buscar el cargador del móvil, a penas se veía nada, había cerrado las
cortinas para conseguir dormir. Entré y cerré la puerta cuidadosamente tras de mí,
comencé a avanzar lentamente hasta la mesilla, abrí el cajón con cuidado y sin
hacer ruido, saqué el cargador, al cerrarlo di un pequeño golpe.
-Mierda. -susurré.
-¿Eli? -Carlos se giró en la cama y se quedó mirándome.
-Perdona, solo venia a coger el cargador, sigue durmiendo.
-le dije en voz baja para no desvelarle.
-No pasa nada. -se removió hasta quedarse recostado, se
destapó el brazo y encendió la luz de la mesilla.
-¿Cómo te encuentras? - me senté a su lado.
-Bueno… No es mi mejor momento. -rió.
-¿Siempre estás de broma? -pregunté sonriendo.
-Más o menos. -se llevó las manos a la cabeza y se peinó.
-¿Tu no?
-Creo que hay momentos para todo, y ahora mismo… comprendo
que Emma se hubiera enfadado con las bromas mientras tú estabas tan mal. En
Inglaterra solemos ser bastante serios y aquí es muy diferente.
-Lo sé, aquí podemos estar en un funeral, que siempre hay
alguien que suelta alguna broma. -rió, yo me sorprendí. -Oye, ahora que estamos
solos, ¿podemos hablar?
-Sí, claro. -le contesté. -¿de qué?
-¿Te molesta que te llame Eli en lugar de Lyz?
-¿Qué? No, claro que no. -reí.
-Vale, me quedo mucho más tranquilo, como a veces te lo digo
y los chicos me miran raro, pensé que les habías dicho algo.
-¡Ah no, no! Será que como ellos están acostumbrados a
llamarme Lyz, cuando te oyen, les resulta raro, es normal.
-¿Te gusta estar aquí así? -le miré extrañada. -En España,
con nosotros. -explicó.
-Sí, es mejor de lo que esperaba, al menos he hecho amigos y
encima está aquí mi mejor amiga. ¿Y tú, cuanto llevas viviendo fuera de casa?
-Pues… algo así como un año.
-¿Y no echas de menos cosas? Porque yo sí.
-Sí, claro, pero mis padres están a horas de aquí en coche,
no es lo mismo, tú debes coger un avión. -asentí.- Pero sí que echo de menos
hablar con alguien…
-¿Y los chicos? Si estáis siempre juntos, puedes hablar con
ellos.
-No es lo mismo. Nosotros ya no tenemos secretos, no hace
falta contarnos nada, nos conocemos lo suficiente para saber qué nos pasa o qué
sentimos. Y eso es bueno, pero a veces es un rollo, como por ejemplo, no
necesitamos que Álvaro nos dijera que le gustaba Emma, todos, incluso tu, nos
dimos cuenta. Pues así con todo. Pero, yo… -se estuvo callado, mirando al
frente
-¿Tu…?
-No sé, necesito alguien fuera del círculo con quien hablar,
alguien que tenga un punto de vista diferente. Con ellos es muy fácil hablar y
entre nosotros, es verdad que tenemos más confianza con uno que con otro, pero
el final siempre terminamos contándonos todo, es decir, si con el que más
confianza tengo es con Blas, se lo voy a contar a él, pero a su vez, se lo
contará a David, que se lo contará a Álvaro, que se lo contará a Dani… y así,
no hay secretos. Sin embargo, alguien fuera del círculo no lo contaría o no al
menos a uno de dentro… Es un lio, lo sé, lo siento. -rió.
-No, no, te comprendo. De momento no me he perdido. -reí.-
Pero eso os puede ayudar cuando os enfadáis unos con otros, ¿no?
-Sí, pero no sé. Por ejemplo… ahora mismo, ellos no saben
nada, pero me empieza a gustar una chica y no quiero que ellos se enteren hasta
que esté seguro de que me gusta, pero me conocen tanto que lo descubrirán en
cuanto me vean hablar con ella. Y es una de las cosas que no quiero que pasen,
no me dan la oportunidad de sentir intimidad y la emoción de contar que me
gusta alguien. ¿Entiendes?
-Sí, -asentí- bueno, yo no soy del circulo, puedes
contármelo a mí que te conozco pero no tantísimo como ellos. -me ofrecí.
-Solo si no le cuentas nada a Dani, porque sería lo mismo.
-Claro, puedes confiar en mí. Aquí tienes una amiga para cualquier
cosa.
-Primera vez que tengo una amiga de confianza, porque Dani
no cuenta como chica.
-¡Oye…! -le di un pequeño golpe en el brazo- no te metas con
el niño. -reímos.
-Gracias, por querer aguantarme.
-No, gracias a ti por darme la oportunidad de no sentirme
como “la novia de…” sino una amiga del grupo.
-¿Grupo? -preguntó un poco nervioso.
-Sí, del grupo que teníais hecho antes de que yo llegara.
-¿Qué sabes del grupo?
-Lo suficiente, os conocíais de antes y ahora sois mejores
amigos. ¿No? Dani me ha dicho que erais un grupo de amigos en el que no solía
entrar mucha gente, por eso me sentía un poco fuera de lugar.
-Ah… -dijo aliviado- grupo de amigos, sí, claro. Desde el
primer momento eres amiga nuestra, nunca estuviste fuera de lugar, créeme.
-Muchas gracias. -sonreí- ¿Te apetece dormir o prefieres
bajar?
-Me bajo, que no voy a dormir y me aburro aquí solo.
-Abajo tampoco vas a hacer mucho, están todos dormidos.
-Ahora bajo con más razón, a molestar. -Reímos.
Carlos salió de la cama con mi ayuda y bajamos al salón, los
chicos seguían durmiendo.
-¿El que está malo soy yo y los que dormís sois vosotros?
Esto no me cuadra. -gritó en el salón.
-Cállate, Carlos. -David le lanzó un cojín. Él rió.
-En serio chicos deberíais levantar, son las 6. -anuncié.
-¿Ya? -se quejó Dani. -estoy agotado.
-Y yo. -le secundó Blas.
-¿Y Álvaro? -se incorporó David.
-Sí, ya. Y Álvaro está arriba con Emma. -dije. Todos se
sentaron rápidamente mirándose unos a otros. -Creo que sé lo que estáis
pensando y no, ni se os ocurra -todos se levantaron y salieron corriendo-
subir. -terminé la frase con desgana. Carlos me miró y rió.
-Ni puto caso. -me dijo riendo, me hizo un gesto con la
cabeza.
-Sí, vamos. Si van todos… -reí y cogí su mano.
Comenzamos a subir la escalera despacio, el resto ya estaba
arriba, pegados a la puerta de la habitación de Emma, escuchando con atención.
Al verles así, hice el amago de reír, pero Carlos, me puso la mano en la boca.
-Calla. -me dijo.
-Ven, que estos no se conocen mi casa.
Tiré de su mano y nos fuimos al baño. Nos pegamos a la pared
e intentamos escuchar, pero no se oía nada.
De pronto Blas nos sorprendió.
-Coño, que susto. -le dije susurrando y llevándome la mano
al pecho.
-¿Qué hacéis? -me susurró.
-Aquí se escucha más que en la puerta. -Dijo Carlos.
-¿Si? ¿Y qué se escucha? -preguntó pegándose también a la
pared.
-Absolutamente nada. -dije.- Paso, yo me voy.
Salí del baño y vi que David y Dani aun seguían en la
puerta.
-No me gustaría que nos hicieran esto a nosotros. -me referí
a Dani.- Así que, fuera. -Le aparté.
-Tiene razón, chicos. Esto no está bien. -me apoyó David
quitándose de la puerta.
-Bajemos. -sugirió Blas.
Todos nos sentimos mal por lo que habíamos intentado hacer y
nos bajamos al salón.
-¿Os quedáis a cenar, no? -pregunté.
-Claro. -respondió Carlos.
-Y a dormir. -bromeó David.
-¿Si? Qué bien. -me alegré.
-No lo decía en serio, ¿Verdad? -le preguntó enfadado Dani.
-Que sí, hombre. Quedaos. Si me hace hasta ilusión. -les
convencí. -Abrimos ese sofá y duermen dos, arriba Emma y Álvaro, tu y yo, y
Carlos en la habitación de invitados. O, bajamos colchones y todos aquí.
-Prefiero lo de todos juntos. -Dijo Carlos.
-Y yo. -Dijeron David y Blas.
-Pues dicho. Todos aquí. Hala, ayudadme a fregar lo del
almuerzo y preparar todo.
-Sí. -David, Blas y Dani se pusieron de pie dispuestos a
ayudarme. Carlos se quedó en el sofá, Dani se giró y le miró mal.
-Tú no te muevas, ¿vale? no hace falta que ayudes. -le dijo
irónico.
-Gracias amigo. Es que estoy muy dolorido. -contestó en tono
dramático.
-Caradura. -le contestó Dani lanzándole el mismo cojín que
David le había lanzado y nadie había recogido del suelo. Carlos lo cogió y rió.
Todos fuimos a la cocina y me ayudaron, fregamos todo lo que
habíamos utilizado para almorzar y mientras Blas y David hacían la cena, Dani y
yo subimos a buscar mi colchón y el de la habitación de invitados. Los
colocamos en el salón y lo preparamos todo. La cena estaba hecha y todo listo, así
que nos acomodamos en el salón a jugar a los juegos que Carlos había dejado en
casa. Estábamos en mitad de una partida del Party&Co cuando Álvaro y Emma
llegaron cogidos de la mano.
-¡Hala! ¿Qué ha pasado aquí? -se sorprendió Álvaro.
-Pues que os quedáis aquí esta noche. -le dije.
-¿De verdad? -preguntó Emma. Yo le asentí.
-Pues vale, si me obligáis de esta manera… -bromeó el chico.
-Bueno, ¿cenamos? -preguntó Carlos, todos le miramos
sorprendidos.
-Si solo son las 8. -le recriminó Blas, él se encogió de
hombros.
-¿Alguien más quiere cenar? -preguntó David. Algunos
asintieron.
-Bueno, pues vamos a preparar las cosas. -me dijo Emma
dirigiéndose a la cocina.
-Sí, voy. -me levanté del colchón del suelo y la seguí a la
cocina.
Llegué a la cocina y fui a sacar platos y vasos para todos,
mientras Emma buscaba con qué servir la cena. La estábamos sirviendo poniendo
en bandejas, cuando me di cuenta de que Emma estaba bastante callada.
-Em, ¿te pasa algo? -le miré.
-Muchas cosas. -me miró alegre y sujetó con fuerza mis
manos.
-Vale, se nota. ¿Piensas contarme algo? -sonreí alegre.
-Para empezar, algo suave, ¿Vale? -comenzó, la miré
impaciente.- me ha llamado mi madre y me ha dado permiso para presentar la
solicitud a la Universidad.
-¿En serio? Qué bien, mañana mismo vamos y la presentamos.
-No hay prisa, Lyz. -rió.
-Sí, sí que la hay, que luego se termina el plazo de
presentación y te la niegan. Mañana vamos. ¿Y que mas tienes que contarme?
-Pues… -dudó.- Bueno…-me miró sonriente y se le iluminaron
los ojos- Álvaro y yo… -la miré impaciente- él…
-¡Joder! Habla ya. -le grité nerviosa.
-Nos hemos acostado. -sonrió y miró al suelo.
-¿Qué? -le pregunté intentando asimilar lo que me acababa de
decir. Ella asintió sonriente. -¿Ahora?
-Sí, ha sido… No sé cómo explicarlo…
-¿Te dolió? -me interesé.
-Un poco, al principio, pero él ha sido muy delicado y ha
procurado hacerme el menos daño posible. Me ha encantado que fuese él.
-Cuenta, cuenta, ¿Cómo fue? ¿Cómo surgió? Todo, detalles.
-me alegré mucho por ella, se le veía contenta, sujeté sus manos y la hice
sentarse a la mesa frente a mí, apoyé la cara sobre las manos, como un niño
impaciente por escuchar el cuento que el abuelo le va a contar, y puse toda mi
atención a lo que iba a empezar a narrar.
-Pues, a ver -suspiró cogiendo aire y prosiguió.- empezamos
con besos y caricias, lo típico, luego poco a poco la cosa se fue calentando y
algo en mí me invitó a quitarle la camiseta, creo que no paré de sonreír y reír
en todo el rato, él me miraba y sonreía, fue muy romántico, relajado y sobre
todo divertido. Seguimos con besos y caricias… me lamía o mordía y… perdía el control,
fue algo… que no sé cómo explicarlo. Total, que cuando fuimos a hacerlo me
tranquilizó mucho ver lo relajado que estaba y cómo todo surgía, en el momento
de hacerlo, sentí mucho dolor, es… indescriptible, es agudo y a la vez como…
como un ardor, un escozor. Le paré y le dije que me dolía, y para nada se echó
atrás, al contrario, seguía moviéndose pero mucho más lento, con lo cual, el
dolor desaparecía por momentos, cuando ya no hubo más dolor, se movió dejándome
relajar y cuando volvió a hacer fuerza, volvió el dolor pero mucho más
menguado. Y ya ahí no sé como seguimos, pero no sentí más dolor, había pasado a
ser placer, me gustaba la sensación, y como me besaba con tanta pasión, ¡me
sentí tan bien…! Ya en ese momento todo era relajado y éramos capaces de hablar
e incluso bromear, fue más normal, no sé cuanto estuvimos haciéndolo pero
cuando íbamos a terminar, hizo algo muy… no raro, pero no lo había hecho antes:
iba lento pero con mucha más fuerza y cuando llegaba al final, sentí dolor,
pero un dolor… como un pinchazo, pero no era desagradable, no sé, una sensación
muy rara. Ha sido una experiencia maravillosa y me alegro que fuera con él,
porque me ha entendido y no lo he pasado mal, ha cuidado de mí en todo momento.
Si antes pensaba que me gustaba, ahora me gusta mucho más, él, me refiero.
-soltó una carcajada.
-Amiga… -una lágrima estaba a punto de saltar de mis ojos,
estaba muy contenta por ella y a la vez me emocionó lo que me acababa de
contar. Me sequé los ojos, me levanté y la abracé.- No sabes cuánto me alegro
por ti. -ella sonreía contenta.
-¿Chicas? -Blas entró en la cocina y nosotras nos
separamos.- Perdón, venía a ver si necesitabais ayuda.
-Si, ayúdanos a llevar cosas, por favor. -le pidió Emma
rápidamente. Él asintió acercándose a nosotras y ayudándonos.
-Gracias. -le dije, no me respondió, solo sonrió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario