domingo, 8 de diciembre de 2013

12. QUÉDATE CONMIGO

~ Narra Dani ~

Los chicos se despidieron de mí y de Lyz y se fueron a casa. Nosotros volvimos al salón. Lyz se puso a doblar el mantel y yo fui a ayudarla.

-Lo siento, no es lo que tenía pensado, no sabía que iban a venir. – me disculpé.
-No pasa nada, lo he pasado muy bien. – me contestó con una enorme sonrisa.
-¿De veras?
-Si, son muy divertidos.
-Me alegro de que te caigan bien. Son como mis hermanos, siempre estamos juntos.
-No me extraña, la verdad, parecen ser muy buenos chicos.
-Si, lo son. Voy a fregar, ¿me ayudas?
-Si, claro.

Fuimos a fregar, ya que había muchísima losa, entre lo que habían cocinado y lo que habíamos usado para comer, en la cocina no cabía nada más. Cuando terminamos volvimos al salón.

-Yo tengo curiosidad por probar la pelota esa. –Dijo Lyz.
-Adelante, lánzate. – le dije riendo y haciéndole un gesto con la mano.

Ella corrió y se tiró, cuando cayó se empezó a reír a carcajadas.

-¿De qué te ríes tanto?
-No se, esta cosa es muy divertida, nunca había visto nada igual. Ahora quiero uno para mi casa. – dijo sin parar de reír.
-¿Sabes cuando es mas divertido? – le dije.
-No, ¿Cuándo? – Corrí y me tiré por el otro lado.

En ese momento la bola en un intento de amoldarse a los dos, la hizo botar.

-Anda, pues si. – reía.
-¿Ves? – Reíamos los dos.

Nos quedamos un rato allí riéndonos y hablando. Aquel día no iba a terminar, y me gustaba su compañía. Me sonó el reloj.

-¿Qué hora es? – me preguntó.
-Las 3.
-Joder, que tarde es, que rápido se ha pasado el día y la noche y todo.
-Si, ha sido movido, ¿eh?
-Ya te digo… - dijo moviéndose para que el puff se moviera y reímos.
-¿Estás cansada?
-No, ¿y tú?
-Para nada. ¿Jugamos a la play?
-Anda ya, ¿me estás vacilando? ¿Cómo vamos a ponernos a jugar a la play a esta hora?
-¿Qué mas da? ¿Tienes clase mañana? – Bromeé.
-No, pero si una casa que poner en el sigo 21.
-Bueno, ¿y qué te apetece hacer? – le pregunté mirándola a los ojos, pero no obtuve respuesta.
Nuestras manos, que estaban muy cerca, se rozaron, bajé mi mirada hasta ellas y la volví a subir, sus labios sonreían y sus ojos brillaban. Agarré su mano sin apartar mi mirada de la suya y entrelazamos nuestros dedos. Ella seguía sonriendo y yo también. No sabía muy bien qué hacer. Ella apoyó su cabeza en el puff sin dejar de mirarme, mis ojos, mis labios… Yo hice lo mismo. Con la mano que me quedaba libre le aparté el pelo de la cara, ella sonrió a la vez que cerró los ojos, era tan dulce, tan bonita, parecía tan inocente y vulnerable. Se mantuvo un rato con el mismo gesto.

-¿Te estás durmiendo?
Asintió.
-O sea, yo aquí, todo romántico y cuqui y ¿tu te duermes?
Contestó con una pequeña risa.
-¿Te apetece quedarte aquí a dormir?
Se encogió de hombros.
-Pues vamos anda. – me puse de pie y tiré de ella por las manos. Abrió los ojos y se puso de pie.
-Gracias por todo, Dani.
-No hay de qué. Si yo hasta me lo paso bien y todo. Ve subiendo en lo que yo apago todo aquí.

Apagué la tele y las luces y subí, Lyz estaba de pie al final del pasillo esperando por mi.

-¿Qué haces aquí?
-Esperarte.
-¿Para qué?
-Para que me digas donde duermo.
-Pues en mi cama, ¿dónde va a ser? – se me quedó mirando sorprendida. – Mi cama es más cómoda que la de la habitación de invitados, así que allí duermo yo.
-A mi no me importa si quieres dormir en tu cama.
-No me parece lo más apropiado, ¿no crees? –Me moría de ganas por ir, pero no era plan, nos acabábamos de conocer y de casi besarnos a dormir juntos, aún faltaba mucho. Ella rió.
-En serio, no me importa, de verdad. – No respondí.
-Es aquella habitación, ve yendo que te busco algo de ropa para que duermas.

Fui a la habitación de invitados y saqué un pantalón de pijama mío y una camiseta.

-¿Puedo pasar? – dije sin entrar en la habitación.
-Si, pasa. – Entré.
-Toma, te he traido algo de ropa. – la puse en la cama.
-Gracias.
-Yo voy a cambiarme a la otra habitación.

Salí de mi habitación, cerré la puerta y volví a la de invitados. Allí me puse un pijama. Esperé un poco y volví a mi habitación.

-¿Estás vestida?
-Si, pasa. – Entré, estaba en pijama y tenía la cama abierta.
-¿Está todo bien, necesitas algo?
-No, nada.
-Bueno pues yo me voy a dormir.
-Dani – se acercó a mí. – que de verdad no me importa, si tan incómoda es la otra cama.
-No, no es tan incómoda, solo que esta lo es más.
-Pues quédate.
-No, es que… yo…

No me dejó terminar de hablar, me agarró de la mano y me llevó hasta la cama.

-Venga ya. Quédate pesado.
-Si insistes… -le dije riendo.


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