Cuando
todo estuvo preparado, nos sentamos en el sofá a comer. Aquello era un gran
picnic: pizza, pan con tomate, totellinis con queso y refrescos para beber.
-¿Y si
comemos viendo una peli? – Dijo Carlos.
-Si. –
dije
-¿Cuál queréis
ver? – preguntó Dani. Todos me miraron a mí.
-¿Cuáles
tienes? – pregunté.
-Motones
y montones. Ve al armarito y coge la que mas te guste. – Me contestó.
Me
acerqué al armario y había muchísimas: de risa, de miedo, de dibujos….
-¿De
qué os apetece? Porque aquí hay muchísimas. – Pregunté girándome.
-Una
comedia, ¿no? – Preguntaba David al grupo que asintieron.
-Pues…
¿Qué os parece Kick Ass? – pregunté cogiendo un DVD
-Si.
-Perfecto.
-Vale,
pues esta, Dani. – le dije entregándole la película.
-Métela
tú, ¿no sabes? – en ese momento se puso rojo y todos le miraban sorprendidos.
~ Narra
Dani ~
Que
comentario mas desafortunado y más con estos aquí, que son un poco sucios. Creo
que me empecé a poner rojo, Lyz se rió y todos la siguieron. Puso la peli en el
DVD y se sentó a mi lado a cenar.
-¿Por
qué os habéis quedado todos tan así? – me preguntó en bajito.
-Porque
son muy mal pensados y lo que dije puede tener doble sentido. – le expliqué.
-Vale,
pero… ¿he hecho bien en reírme? – me preguntó inocente.
-Si,
gracias, creo que me estaba empezando a poner rojo, ¿verdad?
-Si, un
poco. –dijo riendo.
-A ver,
el rincón, callarse un poco. –Gritó Blas desde el sillón del otro lado.
-Adiós
el que no habla con las películas…. –le contestó Carlos.
-Yo las
comento con criterio, estos están de charla. – contestó riendo.
Nos
tuvimos que callar hasta que acabó la película, excepto en algún momento que
reíamos o comentábamos algo. Cuando terminó recogimos entre todos, menos Carlos
que seguía vagueando en la pelota y Lyz que hablaba con él, no dejé que se
levantara a recoger, era mi invitada. Terminamos de recoger y nos tiramos en el
sofá, menos Blas, que siempre se sentaba solo en el sillón.
-Bueno,
ahora toca cotillear sobre la nueva… - Dijo Carlos girándose en el puff y
quedando boca abajo mirando directamente a Lyz.
-Eso,
¿Cómo te llamas? Porque nosotros estamos aquí de guay, pero no sabemos ni tu
nombre. – dijo Álvaro.
-¿Cuántos
años tienes? ¿Y de dónde eres? – añadió David.
-¿Y
cómo conociste a este? – Preguntó Carlos.
-¿Tenéis
algo o solo sois amigos? – Dijo Blas levantando las cejas.
-Bueno,
chicos de uno en uno, no la agobiéis. –Dije.
~ Narro
Yo ~
Miré a
Dani por haber interrumpido aquella cantidad de preguntas, no había terminado
de entender una pregunta, y ya me estaban haciendo otra. Reí.
-A ver,
me llamo Elizabeth, aunque todo el mundo me dice Lyz.
-¿y por
qué no Eli? – Preguntó Carlos.
-No lo
sé, siempre me han dicho así. Tengo 18 años y soy de todas partes. – reí
mientras todos me miraban extrañados. - ¿A que ha quedado interesante? No, a
ver, nací en Toulouse en Francia, pero mi padre es inglés y mi madre española,
de allí nos fuimos a Polonia unos años, luego viví en Alemania y de ahí mi
padre se fue a Rusia y yo me quedé hasta que, a mi madre le ofrecieron trabajo
en Londres y llevo allí tres años hasta que me vine anoche.
-Vaya,
que vida… - Dijo Álvaro.
-¿Y
puedo llamarte Eli? – Preguntó Carlos.
-Si,
claro, si te hace feliz… - Le contesté riendo.
-No
está mal, conoces sitios, ¿no? – Preguntó David por el otro lado.
-Si,
pero he dejado atrás amigos y recuerdos y cada vez que cambiábamos de país
había que aprender un idioma nuevo, y es un rollo.
-Eso
si… -Dijo Álvaro.
-Ahora,
lo importante, ¿Cómo conociste a Dani? Porque si has llegado ayer… – preguntó
Carlos
-Le
conocí en el aeropuerto…
-Por
eso cuando volviste con nosotros no traías nada de todo lo que ibas a comprar,
¿verdad? – me interrumpió Blas señalando a Dani y sonriendo. Dani le miró y me
preguntó.
-¿Y te
gusta Madrid?
-Hombre,
para lo que he visto, si. – le contesté sonriéndole.
-Uh…
¿qué habéis hecho? – preguntó Carlos. Dani y yo nos miramos y nos reímos.
-Aquí
ha pasado algo, Carlos. – Le dijo David.
-No, no
ha pasado nada, mal pensados. –dije riendo.
-Es que
ella está viviendo en “La Real” y hoy hemos estado todo el día de compras.
–aclaró Dani.
-¿En
“La Real”, en serio? – preguntó muy sorprendido Álvaro.
-Si, no
es nada del otro mundo, no os creáis…
-Pero
si es enorme… - dijo Blas.
-Si,
pero por dentro está que da pena, ¿verdad, Dani?
-Ya no
tanto. La casa es enorme, si, pero le falta mucho para parecer un hogar. Hoy
hemos pintado un salón.
-¿Un
salón? ¿Cuántos tiene? – preguntó David.
-Pues
dos. – le respondí sonriendo.
-Vaya…
¿solo le pasa que está sin pintar? – Preguntó Carlos.
-Y que
esta se asustó porque el agua sale roja del óxido. –Dijo Dani riéndose.
-¿Tiene
mal las cañerías? – Preguntó Carlos.
-¿Le
vas a arreglar las cañerías a la chica, Dani? – dijo Álvaro levantando las
cejas.
-Ahora
si que lo he entendido, ¿eh? Que cerdos sois. – Dije riendo.
-Mañana
llamaremos a alguien para que lo arregle. – dijo Dani.
-Y si
necesitáis ayuda, llamadnos ¿eh? – se ofreció Blas.
-Gracias,
me haríais un gran favor, necesita mucha mano. – contesté.
-Chicos,
yo me voy a ir yendo ya, que es muy tarde. –Dijo David que se estaba quedando
dormido en el sofá, levantándose.
-Si,
deberíamos irnos, mirad qué hora es ya. –Dijo Blas mirando el reloj. Apoyó sus
manos en los brazos del sillón y se incorporó.
-Si y
nosotros estamos cansados, llevamos todo el día haciendo cosas. – añadió Dani.
-Bueno,
pues vámonos. – afirmó Álvaro levantándose y colocándose la camiseta.
-Ay no…
yo no me quiero ir, estoy bastante cómodo aquí. – dijo Carlos removiéndose en
el puff, cruzando los brazos y cerrando los ojos.
Todos
reímos.
-Venga
tu, vamos que son las 2. – insistió Blas, agarrando a Carlos por el brazo que
resignado pero con una sonrisa se levantó.
-¿Quieres
que te alcancemos a casa? – Se ofreció Álvaro.
-No, ya
me las arreglo yo. – interrumpió Dani sin dejarme ni contestar.
-Bueno,
pues nos vemos mañana, tío. – le contestó Álvaro dándole un abrazo a Dani.
Todos
caminamos hasta el pasillo para despedir a los chicos.
-Bueno,
adiós. – Se despidió Álvaro dándome dos besos.
-Ya nos
vemos, guapa. – Se despidió Blas.
-Hasta
luego, Eli. – Dijo Carlos riendo.
-Si
necesitas cualquier cosa, cuenta con nosotros, ¿vale? – se despidió David.
-Si,
gracias. – le di dos besos a David y todos se fueron.
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