~ Narra
Dani ~
Lyz
seguía arriba y yo estaba preparando la mesa para cenar cuando sonó el timbre.
Demasiado pronto para que sea el repartidor. Abrí la puerta.
-Dani,
tío.
-Pensabamos
que te habiamos perdido, ya.
-¿Dónde
has estado?
-Más
importante aún, ¿con quien has estado?
Entraron
mis amigos en casa, riendo, hablando y con un paso bastante rápido. Miré arriba
por la escalera y caminé tras ellos hasta el sofá.
-A ver,
para empezar, hola chicos, ¿Cómo estáis? – Les dije mirando serio por no haber
saludado.- No me habeis perdido, he estado ocupado y he estado con una amiga. –
Miré a la cocina. – Carlos, ¿Qué haces? Sal de ahí.
-¿Me
estabas esperando para cenar, mi amor? – me dijo tocandose el pecho.
-No,
venga sal de la cocina. –fui hasta él y le tiré por el brazo.
-¿Qué
pasa? – Preguntó Álvaro
David
se levantó del sofá corriendo y riendo, se asomó a la cocina.
-Que
éste va a cenar con alguien. – contestó
-¿y qué
has preparado? – Me preguntó Álvaro levantandose también para ir a la cocina.
-Nada…
- le contestó Carlos mirando por todos lados.
-Bueno,
ya está bien, todo el mundo fuera.
-Pobre
Dani, tiene una cita y no le dejais en paz. – me apoyó Blas. - ¿Es la misma con
la que llevas todo el día o otra diferente? – Se burló. Maldito.
Estaba
muy agobiado, Lyz podía bajar en cualquier momento y se encontraría aquí a
estos payasos molestando y si encima salía de la ducha… daría mas que pensar.
-No
seais cabrones, está a punto de llegar y no quiero que esto se convierta en un
circo. No sabe nada de nosotros y por ahora lo prefiero, asi que iros antes de
que venga. Asintieron.
Sonó el
timbre.
-Tarde.
–dijo David con musicalidad.
-Le
vamos a ver la cara por fin. –Dijo Carlos.
-Deberíamos
irnos por detrás. –dijo Blas.
-De eso
nada, nos quedamos, la saludamos y nos vamos. – Álvaro quería conocerla.
-No, ya
os la presentaré. – les dije andando hacia la puerta.
-No te
preocupes, ya abro yo que estoy mas cerca. – Dijo Lyz bajando los últimos
escalones.
Asentí.
Miré a los chicos.
-Zorro,
estaba arriba… -Susurró Álvaro.
-¿Qué
hcia arriba? – le susurró Carlos.
Dejé a
los chicos y fui hasta la puerta, me coloqué detrás de Lyz que cogía las cajas
y pagué al repartidor.
-Ahora
si que invito yo. –le susurré mientras ella cerraba la puerta. Rió.
Andamos
hasta el salón. No sabía qué decirle a ella, ni a ellos. Cuando llegó al salón
y se encontró con cuatro chicos de pie, mirandola y sonriendole, se frenó en
seco. Me acerqué a ella, puse la mano en su cintura y la empujé un poco, con la
otra mano les señalé.
-Estos
son mis amigos, tranquila. –la miré y sonreí para darle confianza. Ella sonrió
también.
-¿Los….?
– Se calló. -¿los de esta mañana? –rectificó. Reí, sabía a qué se refería.
-Si,
los mismos.
-Si
Blas, es la misma de esta mañana. – le susurró Carlos.
-Tranquilo,
que no te hemos escuchado. –le dije y todos reimos.
-¿Se
quedan a cenar? – me preguntó Lyz.
-No.
-Sí. –
dijo Carlos. Le miré desafiante.
-¿Habrá
que conocerla, no? – le defendió Álvaro. Miré a Lyz buscando respuesta.
-A mi
no me importa, pero no creo que de para todos…
-Bueno,
chicos, lo siento, vais a tener que iros… -me disculpé
-No hay
problema, entre Blas y yo hacemos algo. – Dijo David.
-Si,
venga, vamos. –le contestó.
En ese
momento no se que deseaba más, si matarlos o que la tierra me tragara. Miré a
Lyz que se reía y dejaba las cajas de pizzas en la mesa del salón. En nada
todos se pusieron a hacer algo con tal de quedarse: Blas y David estaban
cocinando, Álvaro estaba sacando los mejores CD’s de música y poniendolos en el
DVD y Carlos estaba haciendo hueco en los sofás para todos. Me acerqué a Lyz.
-Vaya,
que aplicados. – me dijo.
-Si,
para quedarse. – reimos. – Verás, el que está poniendo la música es Álvaro, el
rubio gay es Carlos… -dije para ver si estaba escuchando
-¡EH!
Que te estoy oyendo. –se quejó, Lyz se rió.
-Es
que, como somos dos rubios… para que no haya confusión, bueno, sigo, los de la
cocina, el más alto es David y el de los ojos claros es Blas.
-Vale,
a ver, - les señaló. – ¿Carlos, Álvaro, David y Blas?
-Exacto.
Muy bien.
-Dani,
¿Dónde tienes nuestro…
-¿El
qué? – le miré abriendo mucho los ojos.
-Nuestro…nuestro…
-miró a su alrededor. – Nada, da igual, no es importante.
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