sábado, 30 de noviembre de 2013

9. I'M LOOSING WITH EVERY WORD THAT YOU SAY

~ Narra Dani ~

Lyz seguía arriba y yo estaba preparando la mesa para cenar cuando sonó el timbre. Demasiado pronto para que sea el repartidor. Abrí la puerta.

-Dani, tío.
-Pensabamos que te habiamos perdido, ya.
-¿Dónde has estado?
-Más importante aún, ¿con quien has estado?

Entraron mis amigos en casa, riendo, hablando y con un paso bastante rápido. Miré arriba por la escalera y caminé tras ellos hasta el sofá.

-A ver, para empezar, hola chicos, ¿Cómo estáis? – Les dije mirando serio por no haber saludado.- No me habeis perdido, he estado ocupado y he estado con una amiga. – Miré a la cocina. – Carlos, ¿Qué haces? Sal de ahí.
-¿Me estabas esperando para cenar, mi amor? – me dijo tocandose el pecho.
-No, venga sal de la cocina. –fui hasta él y le tiré por el brazo.
-¿Qué pasa? – Preguntó Álvaro

David se levantó del sofá corriendo y riendo, se asomó a la cocina.

-Que éste va a cenar con alguien. – contestó
-¿y qué has preparado? – Me preguntó Álvaro levantandose también para ir a la cocina.
-Nada… - le contestó Carlos mirando por todos lados.
-Bueno, ya está bien, todo el mundo fuera.
-Pobre Dani, tiene una cita y no le dejais en paz. – me apoyó Blas. - ¿Es la misma con la que llevas todo el día o otra diferente? – Se burló. Maldito.

Estaba muy agobiado, Lyz podía bajar en cualquier momento y se encontraría aquí a estos payasos molestando y si encima salía de la ducha… daría mas que pensar.

-No seais cabrones, está a punto de llegar y no quiero que esto se convierta en un circo. No sabe nada de nosotros y por ahora lo prefiero, asi que iros antes de que venga. Asintieron. 

Sonó el timbre.

-Tarde. –dijo David con musicalidad.
-Le vamos a ver la cara por fin. –Dijo Carlos.
-Deberíamos irnos por detrás. –dijo Blas.
-De eso nada, nos quedamos, la saludamos y nos vamos. – Álvaro quería conocerla.
-No, ya os la presentaré. – les dije andando hacia la puerta.

-No te preocupes, ya abro yo que estoy mas cerca. – Dijo Lyz bajando los últimos escalones.

Asentí. Miré a los chicos.

-Zorro, estaba arriba… -Susurró Álvaro.
-¿Qué hcia arriba? – le susurró Carlos.

Dejé a los chicos y fui hasta la puerta, me coloqué detrás de Lyz que cogía las cajas y pagué al repartidor.

-Ahora si que invito yo. –le susurré mientras ella cerraba la puerta. Rió.

Andamos hasta el salón. No sabía qué decirle a ella, ni a ellos. Cuando llegó al salón y se encontró con cuatro chicos de pie, mirandola y sonriendole, se frenó en seco. Me acerqué a ella, puse la mano en su cintura y la empujé un poco, con la otra mano les señalé.

-Estos son mis amigos, tranquila. –la miré y sonreí para darle confianza. Ella sonrió también.
-¿Los….? – Se calló. -¿los de esta mañana? –rectificó. Reí, sabía a qué se refería.
-Si, los mismos.

-Si Blas, es la misma de esta mañana. – le susurró Carlos.
-Tranquilo, que no te hemos escuchado. –le dije y todos reimos.
-¿Se quedan a cenar? – me preguntó Lyz.
-No.
-Sí. – dijo Carlos. Le miré desafiante.
-¿Habrá que conocerla, no? – le defendió Álvaro. Miré a Lyz buscando respuesta.
-A mi no me importa, pero no creo que de para todos…
-Bueno, chicos, lo siento, vais a tener que iros… -me disculpé
-No hay problema, entre Blas y yo hacemos algo. – Dijo David.
-Si, venga, vamos. –le contestó.

En ese momento no se que deseaba más, si matarlos o que la tierra me tragara. Miré a Lyz que se reía y dejaba las cajas de pizzas en la mesa del salón. En nada todos se pusieron a hacer algo con tal de quedarse: Blas y David estaban cocinando, Álvaro estaba sacando los mejores CD’s de música y poniendolos en el DVD y Carlos estaba haciendo hueco en los sofás para todos. Me acerqué a Lyz.

-Vaya, que aplicados. – me dijo.
-Si, para quedarse. – reimos. – Verás, el que está poniendo la música es Álvaro, el rubio gay es Carlos… -dije para ver si estaba escuchando
-¡EH! Que te estoy oyendo. –se quejó, Lyz se rió.
-Es que, como somos dos rubios… para que no haya confusión, bueno, sigo, los de la cocina, el más alto es David y el de los ojos claros es Blas.
-Vale, a ver, - les señaló. – ¿Carlos, Álvaro, David y Blas?
-Exacto. Muy bien.
-Dani, ¿Dónde tienes nuestro…
-¿El qué? – le miré abriendo mucho los ojos.

-Nuestro…nuestro… -miró a su alrededor. – Nada, da igual, no es importante.

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