~ Narra
Dani ~
Tenía
muchas ganas de besarla, ese momento fue bastante especial y, a lo mejor, no se
repetía. Pero teníamos que seguir. Seguimos pintando y terminamos la sala del
piano cerca de las ocho y media, aún era de día.
-Bueno,
no ha quedado tan mal, ¿no? – dije con mis manos apoyadas en mi cintura y dando
vueltas sobre mí mismo.
-¿Mal?
Está genial, me encanta el color, queda muy bien, gracias.
-De
nada, ha sido un placer, pero la obra se alargará a tres días… -dije poniendo
voz de obrero estafador. Ella rió.
-No hay
problema, mientras no tenga que hacerlo todo sola…
-Vendré
a ayudarte, tranquila.
-Muchas
gracias. ¿Tienes hambre?
-Un
poco, ¿y tu?
-Mucha.
–contestó riendo. – Pero mi cocina aún es un caos, tendremos que cenar fuera.
-O no…
- me puse pensativo. – ¿Te apetecería cenar en mi casa?
-No se,
ya es demasiado.
-Que
no, tonta, venga, vamos.
-¿Cómo
vamos? –rió. –Tendré que ducharme primero, ¿no?
-Bueno,
si, dúchate en lo que yo recojo todo esto.
-Gracias,
no tardo nada, deja la música puesta para escucharla desde el baño.
-Vale.
Ella
subió al piso de arriba a ducharse y yo seguí recogiendo lo que habíamos usado.
De
repente la escuché gritar y subí lo más rápido que pude las escaleras.
~ Narro
Yo ~
Subí al
piso de arriba a ducharme y vestirme, preparé en el baño la toalla y la ropa
que iba a usar luego, y entré en la ducha. Abrí el agua.
-¡AHHH!
–grité
-¿QUÉ
PASA, ESTÁS BIEN? –Entró Dani en el baño corriendo. Cogí la toalla y me la
enrollé en el cuerpo.
-No,
esta casa es una mierda. –dije asustada.
-¿Qué
pasó? – me preguntó acercándose a mí, me abrazó y miró a la ducha. – Jajaja no
es nada, solo es agua…
-¿Seguro?
– dije mirando la ducha.
-Si,
sale roja porque las tuberías son antiguas, quizá estén oxidadas. –Dijo
riendose.
-¿Y qué
hago ahora?
-Vistete
y te duchas en mi casa. –me ofreció, le miré agradecida y salió del baño.
Me
empecé a vestir con la ropa que me había quitado y me amarré el pelo, ya que lo
tenía algo mojado. Me miré al espejo y reí, “qué estúpida” pensé. Salí del baño
y en un bolso metí lo que necesitaría para ducharme, la cartera y el móvil.
Bajé para encontrarme con Dani.
-¡Vaya,
que guapa! – Bromeó.
-No
tiene gracia. –repliqué
-Si que
la tiene, ¿qué pensabas, que había un fantasma o algo? –seguía riendose.
-No lo
se, pero me dio miedo. –yo seguía seria.
-Jajaja,
vale como tú digas, ¿Lo tienes todo?
-Sí.
-Pues
vamos.
Salímos
de casa, cerré con llave y salimos a la calle, cerré con llave la verja y subí
al coche.
-¿Para
qué pasas tantas llaves? Los fantasmas atraviesan paredes… -se reía
-Tú si
que eres un fantasma, dejemos el tema, por favor. –estaba un poco molesta.
Llegamos
a su casa, vivia en una urbanización privada, abrió la puerta de entrada y allí
adentro había jardines y calles. Aparcó el coche frente a una casa y bajamos.
-Es
esta de aquí. –señaló.
-Que
grande y bonita.
-Grande…
la tuya, pero sí, la mia es mas bonita. –Reí y bajé del coche.
Entramos
en su casa, pasamos un pequeño recibidor, estaba el salón, un aseo y la cocina.
-El
baño está arriba, si quieres ducharte, sube.
-Te
repito tus palabras: es tu casa, me da cosa andar por ahí como si nada.
-Ah no,
no tengas problema. Vivo solo, así que no hay mucho que encontrar, además yo he
andado por tu casa como si fuera la mía, aquí tu igual, por favor.
-Vale.
–le sonreí, le señalé la escalera y asintió.
Subí al
piso de arriba, nada especial, tres habitaciones y un baño. Entré en el baño y
empecé a preparar todo para ducharme.
-Dani,
una toalla, porfa. –Le grité desde arriba.
-Espera,
ya subo. – Tocó en la puerta. -¿Puedo?
-Si,
pasa. –Abrió un poco la puerta y metió la mano, yo abrí la puerta de par en par
y cogí la toalla. –Gracias. – Reí
-Por si
acaso, oye ¿te gusta la pizza?
-Si,
claro.
-Genial,
es mi especialidad. –me sorprendí, iba a cocinar. - ¿de qué te la pido? –
Reimos.
-Me da
igual, ¿tu te comes una entera?
-No,
pero… no se, por si no te gusta lo que a mí o si quieres una para ti, ¿yo que
se? – se estresó un poco, reí.
-Pide
una para los dos, ¿no?
-Mejor,
pido dos diferentes y ya luego cogemos de las dos, ¿te parece bien? – dijo
agarrando la manecilla de la puerta.
-Si,
mejor. Vale, hasta ahora. – salió y cerró la puerta tras él.
Me metí
en la ducha, y mientras me caia el agua, asimilaba todo lo que me estaba
pasando, me puse a pensar en el casi beso y sonreí. Le acababa de conocer y
teníamos muchísima confianza. Salí de la ducha, me vestí y el móvil me empezó a
sonar, era mi madre, salí del baño y me senté en el sofá de una de las
habitaciones y hablé con ella.
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