lunes, 25 de noviembre de 2013

1. CAMBIA DE DIRECCIÓN

Hello world, this is me, here I am…!

Cada día grito eso a las rosas e infantiles paredes de mi habitación, hace que se note mi presencia y además todos sepan que estoy despierta. Miro el reloj, las 9. Me levanto y miro por la ventana, no llueve pero tampoco está soleados, da igual, es perfecto para ir a hacer las compras que me faltan. Voy al baño, me miro al espejo: estoy horrible, ¿Y estos pelos de loca? Jajajaaj me recojo el pelo en un moño mal hecho y me lavo la cara. Salgo de mi cuarto de baño y miro el móvil, ni una llamada, de verdad, que vida mas triste. Pongo la música a todo volumen y llamo por teléfono a mi mejor amiga.

-          Buenos días, querida, ¿Qué haces?
-          ¿Tú qué crees…? Pues salgo de la ducha.
-          Pensé que me ibas a decir que seguías en la cama.
-          ¿Y perderme el último día de compras con mi mejor amiga? Ni de broma, guapa.
-          Jajajaja, para eso te llamaba, ¿nos vemos en media hora?
-          Sí, ¿dónde?
-          Me da igual, ¿en la cafetería de tus padres?
-          No has desayunado, ¿verdad?
-          Jajajaja Por supuesto que no.
-          Vale, nos vemos allí.
-          Hasta ahora.

Vale, ya tengo el desayuno de hoy resuelto, ¿Qué me pongo que sea cómodo y fácil de quitar? Igual tengo que probarme algo de ropa. Me pongo un leggin negro, una camiseta larga con la bandera de mi querida Inglaterra y unas zapatillas de deporte bajas. Voy perfecta. Me peino decentemente y me maquillo un poco, cuando termino bajo las al salón.

-¡Mamá! Me voy, he quedado con Emma para las últimas compras.
-Vale, ¿Vendrás a comer?
-No sé, yo te llamo y te digo si vengo o no, ¿vale?
-Vale, pásalo bien. Y no te gastes todo lo que lleves.
-Jajaja, todo y más, mamá. Love you.
-Love you.

Salí de casa y en 10 minutos andando estuve  en la puerta de la cafetería.

-Hola señora Robinson.
-Hola Lyz, ¿Has quedado con Emma, verdad?
-Si, quedamos de vernos aquí.
-Pues debe estar al llegar, sientate y os preparo el desayuno.
-Gracias.

La señora Robinson, nos puso en la mesa, tostadas, zumo, leche, té, colacao, croissants, mantequilla, mermelada, embutidos y dos botellas de agua.

-Madre mía, ¿qué se celebra? ¿quién va a comerse todo esto?
-No se celebra nada, pero hay que tratarte bien, cariño, y os lo vais a comer vosotras, igual dejais algo, pero no importa.
-jajaja, gracias.
-De nada cielo.

En lo que yo miraba toda aquella comida impresionada, Emma llegó sin que yo me diera  cuenta.

-¡Lyz!
-¡Emma!

Me levanté y la abracé.

-¿No me digas que ya estás llorando?
-No, no, es que… buf tia, ¿qué voy a hacer sin ti?
-Jajajaja lo mismo que conmigo.
-Te voy a echar mucho de menos.
-Emma, por favor, no seas dramática aún queda mucho para que me vaya, vamos a pasar el mejor día de la historia y ya luego lloramos.
-Jajaja, vale. ¿Desayunamos?
Asentí.


Sólo nos tomamos el té y los croissants, a mi, al menos, no me bajaba nada más. Estaba muy nerviosa. Nos fuimos a comprar y compramos de todo, ropa, zapatos, maletas, cajas…

-Oye, mira, allí tienen descuentos o algo…
-Jajaja, ¿Dónde?
-Allí donde hay tantísimas gente.
-Jajaja tu ves descuentos en todos las tiendas de la ciudad.
-Ya, jajaja pero, si no son descuentos, ¿Qué pasa?
-Ni idea, vamos a acercarnos.

Vimos un montón de niñas gritando y corriendo, así que le pregunté a una.

-Perdona, ¿qué pasa?
-Que hay un grupo de música ahí, son muy famosos, y están de vacaciones, pero da igual, seguimos pidiendoles fotos y de todo.
-Ah… -dije no muy entusiasmada- ¿VES? Jajaja es que mi amiga pensaba en descuentos y a mi me extrañaba.
-Ya, pero ¿a que te hubiera gustado?
-Jajaja, mucho Em, mucho.
-Bueno, vamos.
-Si.

Llamé a mi madre, no iba a comer en casa, comería fuera con Em, y así fue. Llegamos a mi casa a las 6 de la tarde, era casi de noche. Saludé a mi madre y subimos a mi cuarto.

-Vaya… ya tienes muchas cosas recogidas…
-Jajaja, claro, me voy en cuatro horas.
-¿Estás nerviosa?
-Y muy triste, ¡vente conmigo!
-Ojalá, pero ¿Qué pinto yo en España? Si ni siquiera hablo bien el idioma.
-¿y qué? Yo te ayudaría jajaja
.En vacaciones voy a verte, ¿vale?
-Me lo has prometido, ¿eh?
-Por supuesto.
-Venga ayudame con la maleta que se que te hace ilusión que me vaya jajajaja.
-No seas mala… ¿Qué te meto?
-Pues, ropa normal, ni muy de verano ni muy de invierno, no se cómo estará allí, además, la semana que viene me llegarán todas las cajas.
-Vale, ve recogiendo algo…
-Si, mira, -fui al baño con un gran neceser y metí los champús, los cepillos, el maquillaje, haciéndole una mueca a Emma.
-Lyz, ¿y ésta foto?
-¿Qué foto? –me asomé a la puerta y la vi. – No sé…
-Es muy bonita, ¿recuerdas ese día?
-Como si fuera ayer, amiga. – le di un abrazo y sin quererlo, las lágrimas empezaron a recorrer mi rostro.
-No llores, que lloro yo.
-Jajajaja, vale. ¿Te gusta la foto?
-Si, no sabía que aun la guardabas.
-Ya ves… Quédatela.
-No
-Si, yo tengo la original por ahí en un CD.
-Pero antes dedícamela, hombre, así como: con cariño para quien me ha aguantado todos estos años.
-Ey, no exageres que han sido solo 3
-Demasiados. –Las dos reimos

Pasamos recogiendo, recordando momentos y hablando hasta las ocho y media, que llegó mi madre a avisarme de que se iba a trabajar, era profesora de español e inglés en una escuela privada que organizaba viajes para jóvenes, y tenía clases por la mañana, por la tarde y por la noche.

-Adiós mamá. –la abracé y empecé a llorar. – Te quiero mucho mamá, mucho.
-Y yo a ti, te voy a echar mucho de menos. – ella también comenzó a llorar.
-Yo…yo voy abajo a beber agua. –se que para Emma esa situación era incómoda, se le notaba la voz cortada, como si tuviera un nudo en la garganta.
-Prométeme que vas a tener mucho cuidado, y que vas a controlarte, nada de chicos raros, ni fiestas descontroladas, ni nada, ¿eh?
-Jajajaja no prometo nada mamá, los chicos españoles son muy guapos y una no es de piedra.
-De piedra me quedaré como me digas que estás embarazada o algo peor…
-Jajaja que no mamá, me conoces bien, sabes que yo nunca haría eso, yo soy pura y casta hasta el matrimonio – hice un gesto dibujando una corona sobre mi cabeza.
-Jajajaja cuidate mucho cariño.
-Si, mamá.

Nos dimos un último abrazo y se fue. Me quedé un rato parada, mirando a la nada, pensando en el cambio que iba a dar mi vida, cambiaría Londres por Madrid, el tiempo lluvioso por el sol y mi mejor amiga, por mi bienestar. Estaba siendo egoista, pero necesitaba salir de allí.

-¿Lyz, estás bien?
-Si, pasa. – me sacó de mis pensamientos.- ¿Tienes hambre, quieres comer?
-No, gracias, mi padre me ha llamado, está de camino, en cinco minutos tendremos que salir.
-Vale, vamos a poner abajo las maletas que me voy a llevar… la roja y la lila. Las demás las envía mi madre por mensajería.
-Vale.

Hicimos todo lo que teníamos que hacer, y justo llegó el padre de Emma a recogerme para llevarme al aeropuerto.

-Buenas noches, gracias por llevarme.
-¿Estás de broma? Ya eres una mas de la familia.
-Jajaja gracias.
-¿Has llamado a tu padre?
-Si, pero no me lo coge, no se, estará trabajando, da igual.
-¿NO HAS HABLADO CON ÉL? – se sorprendió Emma.
-No, ¿que mas da? Lleva fuera siete años, no creo que ahora le entre el interés por saber como llevo la mudanza.
-Pero es tu padre…
-Lo se, señor Robinson, le llamaré cuando llegue a Madrid, lo prometo.
-¿Y a nosotros?
-Si también, jajajaja

Emma pasó todo el trayecto bastante callada, con los ojos humedecidos y sin articular gesto. Por fin, encontramos donde aparcar, donde se entregaban los billetes y donde dejar las maletas a tiempo: 21.15

-Bueno, hasta las diez aquí hay poco que hacer…
-¿Vas a entrar a la sala de embarque?
-Si, mejor y así vosotros os vais a casa, que es tarde.
-¿Seguro? ¿Te vas a quedar sola?
-Si, no pasa nada, no es la primera vez.

-Emma, dile adiós.

Llevaba toda la conversación huyendo la mirada: al suelo, al techo, a las pantallas…

-Emma… yo… -no pude continuar, tenía un nudo en la garganta.
-¡Cállate, imbécil! – me abrazó y romper a llorar como nunca le había visto hacer, yo por supuesto, hice lo mismo.
-Te quiero, Em, no lo olvides, ni mi número de teléfono, ni que sigo viva, ni que puedes venir a mi casa cuando quieras.
-Lyz, te voy a echar de menos… ¿Con quién voy a hacer el tonto en casa? ¿Quién me va a llevas a Bournemouth? ¿Quién me va a arrastrar hasta Irlanda un fin de semana? ¿Con quien me voy a escapar ahora de casa para ir a las fiestas?
-Jajaja, conmigo no, pero te prometo que vendré a verte y tu vas a ir a Madrid a que yo te arrastre hasta la costa. Nada va a cambiar, te lo prometo.
-Chicas, es la hora, tienes que irte, Lyz.
-Si… - abracé por última vez a mi amiga, di las gracias a su padre y me fui a la sala de embarque. Estaba muy triste

Me senté en un banco y saqué mi guitarra, no había mucha gente, así que no les importaría. Me puse a tocar sin cantar, las lágrimas no me dejaban aclararme para cantar nada. Hasta que alguien se acercó por detrás y empezó a cantar:

At night when the stars
light up my room
I sit by myself
Talking to the Moon
Try to get to You
In hopes you're on
the other side
Talking to me too
Or am I a fool
who sits alone
Talking to the moon

Me giré, ¿quien reconocería Talking to the moon con tan solo una guitarra? Y pude ver los ojos más azules que había visto en la vida, un pelo rubio como los rayos del sol, una piel pálida como la mía y una sonrisa… que era para morirse. Me quedé allí plantada, mirandole, no sabía qué decir.

-Perdona, no quería incomodarte. – negué con la cabeza. - ¿Por qué lloras?
-Porque me voy, dejo mi ciudad, mi mejor amiga, mi madre…
-Vaya, ¿y por qué te vas?
-Quiero conocer España, mi madre es de allí y mi padre de aquí, pero nunca he estado allí.
-Yo soy de España. –me quedé mirándole ¿esperaba una respuesta a eso? – Estaba aquí de vacaciones, pero ya me vuelvo, Londres me gusta, pero más de una semana, hace que pierda el interés.
-Lo sé, llevo tres años viviendo aquí. Y ya ni me llama la atención.

*Megafonía*
SEÑORES PASAJEROS DEL VUELO 5623 CON DESTINO MADRID, POR FAVOR DIRIJANSE A LAS PUERTAS DE EMBARQUE.

-Ese es mi vuelo, me tengo que ir. – me levanté para irme pero me agarró por el brazo y me giró-
-¿Cuándo te volveré a ver? – preguntó.
-Yo que sé, igual algún día.
-Dame tu número de teléfono, así te podré enseñar Madrid.
-Vale, apunta. –le di mi número y me fui corriendo.

El haber hablado con aquel chico me había despejado y me había olvidado un poco de lo mal que me sentía. Subí al avión, busqué mi asiento y me senté “Bien, ventana” pensé. Saqué mi iPod y me puse a escuchar música, cada canción que escuchaba me recordaba a un momento de mi vida en Londres, junto a Emma. Hasta que, de pronto, salió una nota de voz que ella me había enviado cuando en vacaciones pasé una semana en Bournemouth sin ella:

“Amoor, te echo mucho de menos, llevamos tres días sin hablar y ya no se qué hacer, me he quedado sin ideas, me he leído los libros que tenía pendientes desde Navidad, he hecho galletas y he visitado a mi abuela, ya no se me ocurre nada. Además me ha pasado algo… bueno, he hablado con Patrick, me ha dejado, según él, no soy lo suficientemente madura para él, ¿pero qué me dice el payaso? Encima que es él quien me es infiel… bueno, no están siendo unos buenos días, sin ti, nada mola, te necesito”

Después de escuchar esas palabras, volví a Londres y me la llevé conmigo a Bournemouth, a mis abuelos no les importaba y ella nunca había estado allí. Ahora no podría hacer lo mismo. Rompí a llorar desconsoladamente, mi acompañante se asustó mucho y pidió que una azafata me atendiera, pobres. Cuando estuve bien. Volví a mi asiento, y me dormí hasta llegar a Madrid.


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