Abrió y
pude oír una voz femenina.
-Servicio
de limpieza. –Me acerqué a la puerta y Elizabeth me miró sorprendida.
-¿Has
sido tu? – me preguntó
-A ver,
vale que la limpieza no sea lo mío, pero pretendía ayudarte de verdad. No he
tenido nada que ver.
-¿Entonces…?
-¿Es
Elizabeth Payne? –preguntó la mujer
-Si,
soy yo.
-Nos ha
contratado su madre para que le limpiemos la casa.
-¿De
verdad? Como la quiero…
-Bueeeno,
trabajito que nos ahorramos. –bromeé
-Por
supuesto. –Contestó riendo.
-¿Y si
usted va a limpiar, que hacemos
nosotros? –pregunté.
-Lo
mejor es que desalojen la casa unas tres horas y así podremos trabajar.
-Genial,
nosotros tenemos que hacer unas compras. –dije.
-¿Qué?
–se sorprendió Elizabeth.
-Pintura,
cortinas, productos de limpieza, comida… ¿Cómo pretendes vivir aquí si no?
-Productos
dejamos nosotros por órdenes de su madre.
-Pues…
no se que decir.
-No
digas nada, venga coge tus cosas que nos vamos.
~ Narro
Yo ~
Mi
madre se está pasando, me está haciendo todo el trabajo sucio, no se cómo
agradecérselo. Voy a la sala del piano, cojo mi bolso, el móvil, las llaves de
casa, la cartera y me acerco a Dani.
-Ya
estoy. –le digo.
-Bueno,
vamos.
Salimos
de casa y cruzamos el jardín, una vez en la acera me paré a pensar cómo iríamos
a comprar, desconectando del mundo.
-Venga,
vamos. –Me sacó de mis pensamientos.
-¿Qué?
–dije sacudiendo la cabeza.
-Digo
que vamos, sube. – me di cuenta de que estaba junto a un coche.
-¿Ahí?
– me sorprendió que tuviera coche.
-Si no
quieres venir con la compra andando, sí. – le sonreí y me subí al coche.
-Es que
me ha cogido de sorpresa, no sabía que tuvieras coche… -dije mirándole.
-¿Cómo
crees que llegué tan rápido a tu casa, Elizabeth?
Cuando
sus labios pronunciaron mi nombre, su voz, su acento, su sonrisa, y sus ojos me
miraban tan fijamente, el mundo se desvaneció, todo a mi alrededor se volvió
borroso, sólo veía sus preciosos ojos azules y sus labios moviéndose lentamente
pronunciando mi nombre y esbozando una sonrisa al terminar, me puse a pensar en
lo hermoso y perfecto que era este chico.
-Tierra
llamando a Elizabeth… ¡Elizabeth! ¿Estás bien? Te has quedado como pa’llá –
dijo sacándome de mis pensamientos, parpadeé para volver a la Tierra y le
contesté.
-Si
–reí.- perdona, me quedé en las nubes pensando todo lo que tenemos que comprar.
–mentí, obviamente.
-Jajaja
pues aterriza, que tenemos muchas cosas que hacer.
-Si,
cuando quieras nos podemos ir.
-¿Te
pones el cinturón o vas volando en tus pensamientos? – Soltó una carcajada muy
simpática.
-Me lo
pongo, me lo pongo. – me puse el cinturón.
El
trayecto hasta los grandes almacenes lo pasamos hablando de todo y de nada a la
vez, y escuchando la radio, cuando llegamos aparcó y entramos en la tienda.
-Bueno,
¿por dónde empezamos? –me preguntó
-No se,
andemos desde aquí al final y cojamos lo que creamos necesario, ¿no?
-Me
parece bien, vamos.
Empezamos
a caminar por la tienda y llegamos a la sección de música, yo estaba mirando un
aparato de música con sus altavoces y sus cosas para ponerlo en casa, así entre
cine en casa y discoteca ambulante, mientras, Dani miraba la zona de los CD’s,
no sabía qué aparato elegir, no entiendo ni papa de tecnologías, así que me
acerqué a él para pedirle opinión.
-Oye…
-se sobresaltó al escucharme y se giró rápidamente. -¿Ten fea soy?
-No,
solo me has asustado…
-Pues
por eso, te asusta el verme jajaja.
-Me has
cogido distraído, nada más. –rió.- ¿Qué, has elegido ya?
-No,
para eso venía, no se cuál escoger, es que no entiendo de esas cosas, ¿Me
ayudas, por favor?
-Si…claro,
vamos. –empezó a andar a mi lado, giró la cabeza, echó un vistazo a los discos
que estaba mirando, y continuó andando.
-¿qué
pasa, has visto algo interesante?
-¿Qué?
– le señalé el estante- Ah no, no, estaba buscando un disco, pero no lo
encuentro.
-Luego
te ayudo yo a buscarlo, no te preocupes. –le sonreí.
-No,
tranquila, no hace falta.
Llegamos
a los aparatos, él leía las características y susurraba cosas: que si entradas
USB, puertos HDMI… no le entendía nada, me limitaba a mirarle atónita. Estaba
muy guapo, super concentrado en ayudarme, leyendo las cajas, mirando cómo yo
flipaba y sonriendo como respuesta.
-¿Y
bien? ¿Qué opinas? –le pregunté
-Dudo
entre estos dos, voy a preguntarle al dependiente.
-Vale,
yo estoy de observadora, porque no me entero de nada de lo que lees…
Se rió
y llamó a un dependiente. Pasaron un buen rato debatiendo sobre cuál sería
mejor, más fácil de usar, con más utilidad, mejor calidad, más
garantías…Mientras tanto, yo seguía observando cada gesto, cada mirada, cada
palabra que emitía. Cuando por fin llegaron a un acuerdo, el dependiente se
fue, Dani se giró hacía mí y sonrió, levantó la caja del aparato y la metió en
el carro, pasó por mi lado, muy cerca de mi. Lo que me faltaba, encima de ser
guapo, amable y muy simpático, olía bastante bien. Cuando dejó la caja en el
carrito, pasó de nuevo por mi lado, pero esta vez, me susurró al oído.
-¿Otra
vez en las nubes? – se alejó y se quedó frente a mí. Le sonreí.
-Pues
si, un poco, es que no me he enterado de nada… - levantó una ceja – y…
–carraspeé. – claro, me he quedado procesando lo que decíais, pero nada, no me
enteré de nada. – Se rió, agarró el carrito y nos pusimos en marcha.
-¿Una
televisión?
-No, me
han traído una esta mañana, bastante grande, para poder ver el fútbol. –Reí.
-¿Te
gusta el fútbol? – Se sorprendió - ¿De qué equipo eres?
-Jajaja,
sí, me gusta el futbol, pero no soy de ningún equipo. Me resulta una rivalidad
un poco inútil que enfrenta a la gente por nada, cuando los jugadores cambian
de equipo como de ropa, por no decir que siguen cobrando un pastón aunque la
gente se enfrente.
-Visto
así…
-¡Mira,
sábanas! Ayúdame a buscar unas cuantas.
-Que
directa… -bromeó y yo reí.
Terminamos
de hacer las compras en unas dos horas. Miré el reloj, eran las 11, quedaba
mucha mañana por delante. Íbamos en el coche, pero no de camino a casa.
-¿A
dónde vamos? –pregunté preocupada.
-Tranquila,
te llevo a una casa de pinturas, ¿o vas a dejar ese blanco amarillento viejo?
-No,
mejor no, gracias, estás en todo…
-Ya
claro… merezco que me invites a almorzar.
-Por
supuesto, en cuando encontremos algún lugar decente.
-Lo
decía en broma, pero ha colado. –bromeó.
-Yo lo
digo en serio. Te lo mereces. Gracias por todo.
-Mira,
aquí es… -dijo señalando con el dedo un local.
-¿Y qué
colores tienes pensados?
-¿YO?
Es tu casa…
-Pero
tú me estás ayudando, así que te tienes que mojar y elegir. –reí.
-Ya
veremos dentro, mejor.
-Usted
manda. –bromeé.
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