viernes, 29 de noviembre de 2013

5. ENTRE TÚ Y YO ALGO RARO SUCEDE

Abrió y pude oír una voz femenina.

-Servicio de limpieza. –Me acerqué a la puerta y Elizabeth me miró sorprendida.

-¿Has sido tu? – me preguntó
-A ver, vale que la limpieza no sea lo mío, pero pretendía ayudarte de verdad. No he tenido nada que ver.
-¿Entonces…?
-¿Es Elizabeth Payne? –preguntó la mujer
-Si, soy yo.
-Nos ha contratado su madre para que le limpiemos la casa.
-¿De verdad? Como la quiero…
-Bueeeno, trabajito que nos ahorramos. –bromeé
-Por supuesto. –Contestó riendo.
-¿Y si usted va a limpiar,  que hacemos nosotros? –pregunté.
-Lo mejor es que desalojen la casa unas tres horas y así podremos trabajar.
-Genial, nosotros tenemos que hacer unas compras. –dije.
-¿Qué? –se sorprendió Elizabeth.
-Pintura, cortinas, productos de limpieza, comida… ¿Cómo pretendes vivir aquí si no?
-Productos dejamos nosotros por órdenes de su madre.
-Pues… no se que decir.
-No digas nada, venga coge tus cosas que nos vamos.

~ Narro Yo ~

Mi madre se está pasando, me está haciendo todo el trabajo sucio, no se cómo agradecérselo. Voy a la sala del piano, cojo mi bolso, el móvil, las llaves de casa, la cartera y me acerco a Dani.

-Ya estoy. –le digo.
-Bueno, vamos.

Salimos de casa y cruzamos el jardín, una vez en la acera me paré a pensar cómo iríamos a comprar, desconectando del mundo.

-Venga, vamos. –Me sacó de mis pensamientos.
-¿Qué? –dije sacudiendo la cabeza.
-Digo que vamos, sube. – me di cuenta de que estaba junto a un coche.
-¿Ahí? – me sorprendió que tuviera coche.
-Si no quieres venir con la compra andando, sí. – le sonreí y me subí al coche.
-Es que me ha cogido de sorpresa, no sabía que tuvieras coche… -dije mirándole.
-¿Cómo crees que llegué tan rápido a tu casa, Elizabeth?

Cuando sus labios pronunciaron mi nombre, su voz, su acento, su sonrisa, y sus ojos me miraban tan fijamente, el mundo se desvaneció, todo a mi alrededor se volvió borroso, sólo veía sus preciosos ojos azules y sus labios moviéndose lentamente pronunciando mi nombre y esbozando una sonrisa al terminar, me puse a pensar en lo hermoso y perfecto que era este chico.

-Tierra llamando a Elizabeth… ¡Elizabeth! ¿Estás bien? Te has quedado como pa’llá – dijo sacándome de mis pensamientos, parpadeé para volver a la Tierra y le contesté.
-Si –reí.- perdona, me quedé en las nubes pensando todo lo que tenemos que comprar. –mentí, obviamente.
-Jajaja pues aterriza, que tenemos muchas cosas que hacer.
-Si, cuando quieras nos podemos ir.
-¿Te pones el cinturón o vas volando en tus pensamientos? – Soltó una carcajada muy simpática.
-Me lo pongo, me lo pongo. – me puse el cinturón.

El trayecto hasta los grandes almacenes lo pasamos hablando de todo y de nada a la vez, y escuchando la radio, cuando llegamos aparcó y entramos en la tienda.

-Bueno, ¿por dónde empezamos? –me preguntó
-No se, andemos desde aquí al final y cojamos lo que creamos necesario, ¿no?
-Me parece bien, vamos.

Empezamos a caminar por la tienda y llegamos a la sección de música, yo estaba mirando un aparato de música con sus altavoces y sus cosas para ponerlo en casa, así entre cine en casa y discoteca ambulante, mientras, Dani miraba la zona de los CD’s, no sabía qué aparato elegir, no entiendo ni papa de tecnologías, así que me acerqué a él para pedirle opinión.

-Oye… -se sobresaltó al escucharme y se giró rápidamente. -¿Ten fea soy?
-No, solo me has asustado…
-Pues por eso, te asusta el verme jajaja.
-Me has cogido distraído, nada más. –rió.- ¿Qué, has elegido ya?
-No, para eso venía, no se cuál escoger, es que no entiendo de esas cosas, ¿Me ayudas, por favor?
-Si…claro, vamos. –empezó a andar a mi lado, giró la cabeza, echó un vistazo a los discos que estaba mirando, y continuó andando.
-¿qué pasa, has visto algo interesante?
-¿Qué? – le señalé el estante- Ah no, no, estaba buscando un disco, pero no lo encuentro.
-Luego te ayudo yo a buscarlo, no te preocupes. –le sonreí.
-No, tranquila, no hace falta.

Llegamos a los aparatos, él leía las características y susurraba cosas: que si entradas USB, puertos HDMI… no le entendía nada, me limitaba a mirarle atónita. Estaba muy guapo, super concentrado en ayudarme, leyendo las cajas, mirando cómo yo flipaba y sonriendo como respuesta.

-¿Y bien? ¿Qué opinas? –le pregunté
-Dudo entre estos dos, voy a preguntarle al dependiente.
-Vale, yo estoy de observadora, porque no me entero de nada de lo que lees…

Se rió y llamó a un dependiente. Pasaron un buen rato debatiendo sobre cuál sería mejor, más fácil de usar, con más utilidad, mejor calidad, más garantías…Mientras tanto, yo seguía observando cada gesto, cada mirada, cada palabra que emitía. Cuando por fin llegaron a un acuerdo, el dependiente se fue, Dani se giró hacía mí y sonrió, levantó la caja del aparato y la metió en el carro, pasó por mi lado, muy cerca de mi. Lo que me faltaba, encima de ser guapo, amable y muy simpático, olía bastante bien. Cuando dejó la caja en el carrito, pasó de nuevo por mi lado, pero esta vez, me susurró al oído.

-¿Otra vez en las nubes? – se alejó y se quedó frente a mí. Le sonreí.
-Pues si, un poco, es que no me he enterado de nada… - levantó una ceja – y… –carraspeé. – claro, me he quedado procesando lo que decíais, pero nada, no me enteré de nada. – Se rió, agarró el carrito y nos pusimos en marcha.
-¿Una televisión?
-No, me han traído una esta mañana, bastante grande, para poder ver el fútbol. –Reí.
-¿Te gusta el fútbol? – Se sorprendió - ¿De qué equipo eres?
-Jajaja, sí, me gusta el futbol, pero no soy de ningún equipo. Me resulta una rivalidad un poco inútil que enfrenta a la gente por nada, cuando los jugadores cambian de equipo como de ropa, por no decir que siguen cobrando un pastón aunque la gente se enfrente.
-Visto así…
-¡Mira, sábanas! Ayúdame a buscar unas cuantas.
-Que directa… -bromeó y yo reí.

Terminamos de hacer las compras en unas dos horas. Miré el reloj, eran las 11, quedaba mucha mañana por delante. Íbamos en el coche, pero no de camino a casa.

-¿A dónde vamos? –pregunté preocupada.
-Tranquila, te llevo a una casa de pinturas, ¿o vas a dejar ese blanco amarillento viejo?
-No, mejor no, gracias, estás en todo…
-Ya claro… merezco que me invites a almorzar.
-Por supuesto, en cuando encontremos algún lugar decente.
-Lo decía en broma, pero ha colado. –bromeó.
-Yo lo digo en serio. Te lo mereces. Gracias por todo.
-Mira, aquí es… -dijo señalando con el dedo un local.
-¿Y qué colores tienes pensados?
-¿YO? Es tu casa…
-Pero tú me estás ayudando, así que te tienes que mojar y elegir. –reí.
-Ya veremos dentro, mejor.
-Usted manda. –bromeé.

Entramos en el local, miramos todos los colores y elegimos los que mejor iban conmigo, con las habitaciones, con la claridad de cada habitación, con el color del suelo… y salimos de allí con 6 latas de pinturas diferentes, rodillos, brochas y todo lo necesario. Era la 1, me sonó el móvil, era mi madre.

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