jueves, 1 de octubre de 2015

37.

~ Narra Emma ~
Nos metimos en el coche y Álvaro arrancó.
-Bueno, ¿A dónde me llevas? –le pregunté curiosa.
-Adonde te sea imposible olvidarme. –me contestó encendiendo la radio.
-¿Me vas a matar? –bromeé.
-Mejor. Te voy a dejar vivir para que sufras recordando lo mucho que me quieres. –rió.
-En serio, ¿A dónde vamos? –le pregunté curiosa.
-Al teatro y a cenar. No te contaré más.
-¿Mas? ¿Hay más? –me sorprendí.
-Sí, pero es una sorpresa. Ya irás viendo. –me miró un instante y me sonrió, le correspondí.
-Me gusta esta música, ¿Quiénes son? –pregunté sobre lo que sonaba en la radio.
-Nosotros. –me miró y me sonrió.
-¿QUÉ? ¿EN SERIO? –le pregunté sorprendida.
-Sí, ya te lo habíamos dicho. –contestó riendo.
-Sí, ya lo sé. Pero no que erais tan buenos. Me encanta. Quiero un disco, y firmado. –bromeé. Álvaro rió.
-Sí, pequeña, los que quieras.

Llegamos a un restaurante muy bonito y muy romántico. Álvaro había hecho una reserva y tenían una mesa muy bonita preparada para nosotros. Nos sentamos y pedimos la cena.
-¿Dani le ha dicho ya a Lyz lo del grupo? – pregunté.
-No, creo que intentará protegerla hasta que no pueda más. –contestó.
-Por ejemplo…
-Un concierto en la ciudad, o una promoción en algún sitio cerca, que salgamos en televisión y nosotros no estemos para cambiar el canal…
-Pero estaré yo. Yo lo haré.
-¿Tu? –me miró y luego el plato. –Te vas en dos días, ¿Cómo lo vas a hacer? –me miró con los ojos humedecidos. No supe qué responder. Me limité a comer.
-Álvaro… -me miró. –Gracias por todo. Eres el mejor. Jamás te olvidaré.
-¿Ya? No has visto ni la mitad de la sorpresa. –bromeó.
-Te lo estoy diciendo en serio. Gracias. –me miró serio y no dijo nada durante unos segundos.
-Tú sí que eres lo mejor. Gracias por aparecer en mi vida. –me limité a sonreír intentando no llorar.

El resto de la cena transcurrió normal, hablamos de nosotros y nuestras familias, de nuestras vidas en general. Cuando terminamos de cenar, Álvaro pagó y el camarero me entregó una rosa roja. La rosa más roja, más grande y más bonita que he visto jamás y salimos de allí.
Del restaurante Álvaro me llevó al teatro, vimos una comedia romántica muy interesante, la noche no podía mejorar. Iba a recordarla siempre.
Cuando salimos del teatro, Álvaro tomó mi mano y dimos un paseo por Gran Vía, pasamos por Callao y Sol, nos tomamos un helado y continuamos nuestro paseo sobre lo andado. Fue algo extraño, era una noche en la que no hacia frio, era muy agradable pasear, muy romántico, si no fuera por las furtivas miradas y ligeras sonrisillas de algunas jóvenes que nos encontrábamos por la calle.

-¿Ves lo que te decía? ¿Oyes a las chicas? –me susurró al oído, asentí. –Es lo que Dani quiere evitarle a Lyz.
-La verdad, es que hace todo lo que puede, pero tampoco es súper malo, al menos para mí.
-Bueno, siempre no nos encontramos con gente discreta como la de esta noche. –rio.
-Bueno, ¿y que vamos a hacer ahora? –le pregunté tirándole del brazo y echándome sobre él.
-Lo que tú quieras. –me miró sonriendo.
-¿De verdad?
-No, nos vamos a tomar unas copas.
-¡Que fuerte! Me vas a emborrachar. –reí a carcajadas.
-No, que va, me encantaría pero luego tengo que conducir.
-Es verdad, es verdad.

Llegamos al coche entre abrazos y bromas. Nos subimos y Álvaro arrancó.
-¿A dónde vamos? –le pregunté.
-A casa.
-Pero, ¿a la tuya o a la de Lyz?
-A la mía.
-¿Y por qué salimos de la ciudad?
-¿Y por qué preguntas tanto? –reí.
-Vale, me callo.


Seguimos el viaje en coche alejándonos de las luces de la ciudad, con la música puesta y cantando como locos.

sábado, 11 de julio de 2015

36.

~ Narra Emma ~

-Álvaro, tenemos que hablar… -Le miré preocupada.
-Sí, claro, ¿Qué pasa? –me dijo abrazándome.
-Que me gustas mucho, incluso creo que te empiezo a querer. –se me humedecieron los ojos, le abracé y él me besó.
-Em, no llores, yo estoy igual que tú. –dijo con la voz entrecortada.
-Pero… me voy en dos días y no me apetece nada, en realidad. –le abracé aún más fuerte.
-¿Y crees que yo sí? –rió. – no quiero que nos separemos. -Rompí a llorar.-Ya se, prepárate, que esta noche salimos tu y yo, solos.
-¿De verdad? –le miré.
-Claro, venga. Prepárate. Yo voy a casa y vuelvo a buscarte. –Asentí.

Me dio un beso y se fue. Yo me senté en la cama, y rompí a llorar.

~ Narra Álvaro ~

Salí de la habitación de Emma y bajé las escaleras, todos estaban en el salón jugando al Party&Co. Todos me miraron al pasar por allí.

-¿Qué pasa? ¿Te vas? –me preguntó Lyz.
-Sí, pero luego vengo a buscar a Emma. Esta noche salimos juntos. No nos esperéis. –expliqué.
-¿Qué tienes preparado? –se interesó la chica.
-La voy a llevar a cenar, al teatro, a tomar algo, iremos a mi casa, veremos una peli, tomaremos unas copas, y mañana me la llevo a la montaña, daremos un paseo, almorzaremos, iremos al cine y pasaremos la noche juntos.
-O sea, que me la secuestras hasta pasado mañana. –sonrió.
-Sí, más o menos. Pasado mañana vendremos a desayunar, toma, -abrí mi cartera y le di dinero.- quiero que compres todo lo que le gusta para desayunar y le prepares una despedida inolvidable.
-Álvaro, ¿Qué te pasa? Estás que no respiras. –me dijo Dani.
-Que no quiero que se vaya y le quedan dos días aquí, quiero aprovecharlos al máximo con ella.
Lyz me abrazó, me despedí de ella y los chicos y me fui.

~ Narro Yo ~

Álvaro se fue a prepararle todo a Emma. Yo miré a Dani emocionada por lo que iba a hacer su amigo.

-Ya podrías tu hacer algo así. –le dije.
-Cuando te vayas. –bromeó abrazándome.
-Voy a ver qué está haciendo Emma y a prepararle la maleta.

Subí a su habitación, abrí la puerta y vi a Emma en el sentada en el suelo llorando. Cerré la puerta rápidamente y me senté a su lado.

-Amiga, ¿Qué te pasa?- le pregunté.
-No quiero irme. –contestó muy triste, me reí y ella me miró desconcertada.
-¿Y por no querer irte vas a perder el tiempo llorando? Aprovéchalo y pásalo con la gente que te quiere. Álvaro me ha dicho lo que te tiene preparado y créeme, date prisa y prepárate.
-¿Tan bueno es? –sonrió, asentí.
-Venga, venga, vete a la ducha.

Se levantó lentamente, me abrazó y se metió en la ducha. Mientras ella se duchaba y sin que se diera cuenta, le preparé una pequeña maleta con todo lo necesario para pasar dos días: ropa interior, un neceser, champú, jabón, cepillo, maquillaje, unos vaqueros y dos camisetas, una chaqueta y un par de zapatos. Cuando terminé la bajé rápidamente al salón.
Cuando volví a subir, Emma ya había salido de la ducha. La ayudé a elegir la ropa y a peinarse. Estaba poniéndose los zapatos cuando sonó el timbre.

-Yo bajo a abrir. –le dije.

Corrí a abrir y era Álvaro.

-Hola. –saludó.
-Toma, su maleta, no sabe nada. –reí.
-Gracias. –me dio un beso en la mejilla y salió a meterla en el maletero de su coche.
-Emma, es Álvaro.

~ Narra Álvaro ~

Cuando salí de casa de Lyz, aceleré y llegué a casa 10 minutos antes de lo normal. Entré rápidamente. Me conecté a internet y realicé las reservas del restaurante y el hotel en la montaña, además compré las entradas para el cine y el teatro. Me duché, preparé la maleta lo más rápido posible, tardé una hora y media.  De camino a casa de Lyz, pasé por una joyería. No reparé en gastos.
Lyz me recibió en su casa y me dio la maleta de Emma, no sabía nada de lo que le tenía preparado. La llamó y le dijo que era yo. La puerta de su habitación se abrió y salió de ella. Bajó las escaleras. Estaba guapísima, llevaba un vestido negro muy elegante. No sabía qué decirle.




-Bueno, di algo. –me dijo sonriente.
-Hermosa. –le sujeté la cintura y le di un beso.
-¿Nos vamos? –me preguntó.
-Cuando quieras. –le dije sin dejar de mirarla.

Cogí su chaqueta y se la puse. Le dio un beso a Lyz y a los chicos. Me despedí de todos y nos fuimos de la mano. Salimos a la calle, Lyz y Dani estaban en la puerta de la casa y los chicos en la ventana del salón. Le abrí la puerta del coche y riendo se sentó. Me metí en el coche. Nos despedimos y nos fuimos.

viernes, 20 de marzo de 2015

35.

~ Narro Yo ~

Después de hablar con Carlos, volvimos al salón y nos acostamos a dormir. A la mañana siguiente, Em, Dani y yo madrugamos bastante para ir a la universidad.

-Dani, dúchate tu primero. -Le ofrecí. Aceptó. -Tu y yo vamos a elegir qué nos ponemos. -Dije a Emma riendo.

Fuimos hasta mi habitación y buscamos qué ponernos. Luego se duchó Emma y por último yo. Salimos de casa y nadie se enteró. Tardamos poco rato en llegar a la universidad y nos dirigimos a Administracion, donde nos atendió la misma señora que la vez anterior.

-Buenos días. -Saludó.
-Buenos días. -Contestamos.
-Vengo a entregar la solicitud de mi amiga, ¿recuerda? -Le dije.
-Si, claro. -Extendió la mano y le entregué los papeles. -Las listas de admitidos saldrán en dos semanas, ahí verás si os admiten o no, aunque también os enviarán un e-mail, ¿vale?
-De acuerdo, gracias. -Contestamos.
-Hasta luego. Suerte. -Nos despidió.

Salimos de allí y pasamos a comprar algo para desayunar y volvimos a casa. Entramos y todos seguían durmiendo. Emma y yo preparamos donde desayunar y Dani fue a despertar a los chicos.

-¡CHURROS Y CHOCOLATE PARA TODOS! -Gritó Dani nada más entrar al salón.
-Ya estoy despierto. -Dijo Álvaro.
-Pero es para mi. -Despertó Carlos.
-De eso nada…-Dijo Blas.
-Mientras vosotros discutís para quien es, nosotros vamos a empezar, ¿vale? -Reí.
-Que morro… -Carlos se sentó y comenzó a comer.

Nos sentamos a desayunar y recogimos el desastre que me habían dejado por casa. La última semana de Emma en Madrid, pasó tan rápido que no me di ni cuenta, nos pasamos los días saliendo con los chicos, haciendo el vago en casa y saliendo por la noche. Las pesadillas de Emma menguaron, pero no llegaron a desaparecer, al contrario que el amor que Álvaro le demostraba día a día, no había un momento en el que no le dedicara una sonrisa o una mirada. Dani y yo estábamos cada vez mejor, nuestra relación parecía inquebrantable, cualquier cosa que nos pasara nos servía para fortalecernos. Había días en los que echaba tremendamente de menos a mi madre, y él sabía cómo consolarme, no podía quererle más.


34.BABY, I DON'T THINK SO!

~ Narro Yo ~

Tiré de Dani hacia las escaleras y le llevé arriba, entramos en mi habitación y cerré la puerta. Él me rodeó cariñosamente la cintura y me acercó a él.

-Así que iba en serio lo de venirnos aquí arriba…-me susurró antes de besarme
-Sí y no. -le contesté sonriendo. Me miró extrañado. -No te he traído para hacer nada, mal pensado.
-Entonces déjame. -me soltó y se dio la vuelta dramáticamente. Yo reí.
-En serio, Dani, tengo que hablar contigo. -Se giró.
-¿Pero lo vamos a hacer o no?
-No. -le contesté riendo.
-Pues dime, rapidito que no podré aguantar mucho tiempo aquí dentro contigo sin tocarte. -Rió pícaro.
-Vale, a ver, a Emma le han dado permiso para quedarse aquí a estudiar, pero primero tiene que echar la solicitud de admisión en la universidad y esperar la resolución.
-Eso es bueno, ¿no? -preguntó confuso.
-Sí, pero solo lo sabemos tu, yo y Em, no ha querido decir nada por si la rechazan, pero mañana es el último día para presentar la solicitud, y me preguntaba si tu nos podías alcanzar y así volver antes de que el resto se levante.
-Sí, claro. Yo os alcanzo. Entonces, ¿no se va la semana que viene?
-Sí, se va, y al llegar la resolución de la solicitud, o se queda allá o vuelve.
-Entiendo… -hubo un momento de silencio. -Espero que tenga suerte y tenga que volver… Álvaro está muy pillado por ella, y bastante preocupado por qué pasará cuando ella se vaya..
-¿De verdad? ¡Eso es genial! -Me alegré. -A ella también le gusta mucho él y está totalmente convencida de que podrá quedarse, así que, seguirán juntos.

Después de hablar nos estuvimos besando durante un buen rato y volvimos abajo con los demás.

~ Narra Emma ~

Terminamos de cenar y de recoger todo y nos volvimos al salón a seguir jugando. Álvaro y yo estábamos sentados uno enfrente del otro, estábamos jugando en equipo.

-Oye, -llamó la atención Carlos.- ¿Dónde están estos dos? -Hizo referencia a Lyz y Dani. Todos nos encogimos de hombros. -Seguro que están arriba. -rió.
-¿Y que? No seas cotilla Carlos… -Le regañó Blas
-No, si yo no digo nada… -Se defendió.

Seguimos jugando hasta que pasado un rato, llegaron Dani y Lyz y se unieron a nosotros.

-Carlos ya iba a subir a ver si estabais bien. -Bromeó David.
-Si Carlos, estamos perfectamente. -Le respondió Dani en un tono un poco extraño.
-Yo, te pediría un poco de intimidad en mi casa Carlos, aquí hay unas normas que cumplir, y una de ellas es: Prohibido cotillear detrás de las puertas, ¿de acuerdo? -Lyz parecía enfadada.
-Si, por supuesto. Perdona. -contestó cabizbajo.

Me acerqué a ella con disimulo.

-Lyz… ¿estás bien? -Le pregunté.
-Si, pero me estoy cansando de que siempre tenga que ser tan cotilla. Por cierto, mañana tienes que levantarte a las 7.00, así iremos a la universidad y volveremos antes de que ellos se despierten. Dani nos lleva.
-Vale, gracias. -nos sonreímos y volvimos al juego.

~ Narro Yo ~

Seguíamos jugando cuando recapacité sobre lo que le había dicho a Carlos.

-Carlos, ¿podemos hablar en la cocina? -Le pregunté. Asintió.

Nos levantamos y fuimos hasta la cocina. Yo llegué antes, así que caminé hasta la encimera y me apoyé en ella.

-He estado pensado sobre lo que te dije antes… -Comencé, me miró y agachó la mirada. -Mira, siento haberte hablado así, ¿vale? Pero es que pienso que si alguien se aleja del grupo para poder mantener una conversación con alguien es porque no quiere que el resto la escuche, y eso es precisamente lo que parece que tú no entiendes. Cada vez que algunos nos alejamos para poder hablar, algo se despierta en ti deseoso de cotillear. -Bromeé.
-Lo siento, es solo por hacer la gracia…
-¿Y con Álvaro y Emma?
-Bueno, pero es que ellos iban a empezar a ser una pareja y todos teníamos curiosidad de cómo iba a empezar…
-Precisamente por eso… -me acerqué a él. -¿Ves? Son una pareja que buscan intimidad para poder hablar, ¿no crees que si les preguntas, luego, no te van a contar? Son nuestros amigos, claro que lo harán, pero tú no les das la oportunidad, y lo que consigues es que desconfíen de ti y de cada vez que están a solas…
-Lo entiendo… -me miró. -Lo siento, de verdad.
-No pasa nada. -me acerqué a él y le abracé. Fue muy largo y especial. -Oye, -le miré. -Eres mi mejor amigo y no quiero que por estas cosas dejemos de serlo, ¿vale?

-Gracias. -Casi tartamudeó. -Tú también eres muy especial para mí. -me volvió a abrazar.

jueves, 24 de abril de 2014

33.FEELS LIKE SILENCE, AND EVERY WALL IS MOVING IN

~ Narra Álvaro ~

Las chicas estaban en la cocina preparando la cena, los chicos y yo seguíamos en el salón jugando a la consola.

-Oye… ¿y qué hicieron? -preguntó Carlos mirándome de reojo.
-¿Qué? -pregunté extrañado.
-Eso, cuenta. -intervino David.
-¿Qué queréis que os cuente?
-¿Estáis juntos o no? -cuestionó Dani.
-Sí. Supongo.
-¿Y pasó algo más? -preguntó Carlos. Le miré frunciendo el ceño. - ¿Algo más que besaros?
-Bueno, yo voy a ayudar a las chicas en la cocina. -Blas se levantó y se fue. Todos seguimos con la mirada su marcha.
-No os voy a contar nada. -insistí negando con la cabeza.
-O sea, que sí, pero no quieres contarnos. -afirmó Dani. Le miré sonriente.
-¡Que fuerte! -exclamó Carlos.
-Bueno, ya. Dejemos la conversación que como vengan las chicas… -cortó David.
-Sí, mejor. No vayáis a empezar mal. -bromeó Dani.

Seguimos jugando hasta que llegaron Blas y las chicas con la cena y nos pusimos a comer mientras bromeábamos y reíamos. Cuando terminamos recogimos todo y seguimos jugando a la consola de dos en dos mientras el resto juagaba al Party&Co.

-Voy a beber agua, ahora vengo. -miré a Dani y le hice señas para que viniese conmigo.
-Voy contigo. -me dijo.

Salimos y cuando llegamos a la cocina nos sentamos en la mesa a hablar.

-¿Qué pasa? -me preguntó.
-Que necesito hablar con alguien, coño.
-¿De qué? -se preocupó.
-De Emma. -hice una pausa para ver su reacción, ni se inmutó.- Nos hemos acostado…
-¿En serio? -se sorprendió.
-Sí, y fue… no sé como describirlo. Genial, como con ninguna otra chica, en serio.
-¿Ni Nerea? -me preguntó
-¿Nerea? ¿Qué Nerea? -bromeé.- No, ni siquiera ella. -contesté riendo.
-Pero llevabas con ella mucho tiempo…
-Lo sé, y es lo que me da miedo. Que siento mucho y muy fuerte por Emma y se tendrá que ir en una semana. No sé si seré capaz de asimilarlo. -resoplé y me apoyé en la mesa hundiendo la cara entre mis manos.
-¿Eres consciente de que ella está en la misma situación? Eres su primer novio, como quien dice.
-¿Y qué hago, tío? -me hice hacia atrás en la silla y miré al techo llevándome las manos a la nuca.
-Aprovecha. -Dani se colocó en la silla.- Haz que disfrute de esta semana, que sea inolvidable, trátala lo mejor que sepas, que sepa que no es un polvo mas. -no le contesté, solo me quedé mirándole fijamente pensando en qué podía hacer para que fuera feliz mientras estuviera conmigo.
-Que vaso de agua más largo. -David entró riendo en la cocina. Cuando pasó a mi lado se paró y me miró. -¿Qué te pasa? -cogió una silla y la colocó a mi lado, se sentó y me miró fijamente esperando una respuesta.
-Nada. -negué con la cabeza.- La niña esta, que me gusta mucho y no quiero que llegue el día en que tenga que volver a casa.
-¡Joder, me habías asustado! -me golpeó el brazo y se relajó en la silla.- Eso tiene solución: disfruta de ella y del tiempo con ella. Sencillo.

Se levantó y siguió su camino a la nevera como si nada hubiera pasado. Miré a Dani y él se encogió de hombros, dándole la razón.

-Tenéis razón. Si me voy a preocupar por el tiempo que queda, no voy a disfrutar del que tengo. -me levanté y coloqué la silla, me sentía ligero, me había quitado un peso de encima, era una preocupación a la que me estaba costando encontrar solución.

Dani también se levantó sonriente y se marchó, yo miré a David y le susurré “¡Gracias!”, él me hizo un gesto con la cabeza a la vez que sonreía, y volví al salón.

~Narra Dani~

Volví al salón con todos y Álvaro no tardó mucho en seguirme. Cuando llegamos nos sentamos junto a nuestras chicas, fue una noche muy extraña, nos dejábamos de mirarnos entre los cuatro y sonreírnos, todos sabíamos lo que había pasado entre Álvaro y Emma, yo porque me lo había contado él y Lyz, porque se lo había contado ella.

-Pero bueno, ¿Qué pasa aquí? -Nos preguntó Carlos mirándonos a los cuatro. Nosotros nos miramos unos a otros dejando de sonreir.
-¿Qué pasa de que? -pregunté.
-No parais de miraros y sonreíros. ¿Cuál es el chiste? -volvió a preguntar.
-¿En serio quieres saberlo? -le preguntó Lyz mirándole con cara de chiste. Él asintió entusiasmado. -Bueno, pues verás, nos reimos de… -Carlos se acercó a ella muy interesado. Álvaro, Emma y yo la mirábamos expectantes de saber qué iba a contar -de esa cara de cotilla que pones cuando no te enteras de nada. -le contestó riendo y apartándole con la mano en la cara.
-Que graciosa… -protestó mientras todos los demás reíamos.
-Yo lo podría contar, pero no se si puedo. -comenzó Álvaro mirando a Emma, que asintió.
-Adelante. -le dio permiso. Todos paramos de reir y les miramos.
-Esto… Emma y yo estamos juntos. -dijo serio esperando respuesta, sin embargo los demás se miraron entre ellos.
-¿Eso es todo? -dijo David.
-Pues vaya… -continuó Blas.
-Eso ya lo sabíamos todos. -confirmó Carlos.
-Pero no sabeis que vamos en serio, si tú quieres, claro. -le miró Emma esperando respuesta. Álvaro la miró y se le dibujó una sonrisa.
-Claro. -la abrazó y luego la besó con mucha ilusión.

Los demás sonreíamos mientras les mirábamos, le eché el brazo por encima a Lyz y ella me abrazó por el tronco. La miré, estaba eliz, y la besé en el pelo, ella alzó la vista y me miró a los ojos sonriendo y me vocalizó “te quiero”, no supe qué decir, simplemente abrí los ojos sorprendido, le sonreí y me acerqué a ella muy lentamente, puse mi mano en su cuello, ella cerró los ojos, me acerqué para besarla y cuando mis labios rozaron los suyos, le contesté con un susurro: “yo más” y acto seguido, dejé que mis labios cayeran en los suyos dando así, rienda suelta a unos besos que hacía mucho tiempo que tenía ganas de darle. Llevabamos sin besarnos mas de un día y ya no podía soportarlo, cuando la veía, no dejaba de pensar cómo quedarnos un poco a solas para poderla besar a gusto. En ese momento, mientras nos besábamos, el resto del mundo desapareció, los chicos hablaban, pero no entendí  lo que decían, solo existíamos ella y yo. Nosotros.

-Bueno, ya. Que vamos a cenar. -nos dijo Carlos mientras daba palmas a nuestro lado.

Dejé de besarla, aun con mis manos en su cuello y miré a Carlos.

-Tú no te puedes estar calladito, ¿verdad? Te cuesta mucho. -le dije enfadado. Lyz rió.
-No pasa nada, Dani. Luego nos vamos tú y yo arriba. -dijo separándose de mi y echándole una mirada pícara a Carlos, que me miró y levantó las cejas.
-Al final me vas a tener que dar las gracias y todo.
-No sueñes. -dije.- yo consigo lo que quiera cuando quiera.
-Más bien cuando ella te deje. -bromeó Blas.

-Si también. -le di la razón. Todos reímos mientras nos colocábamos para cenar.

32. SOLO IMPORTAN NUESTRAS GANAS

~Narro Yo~

Álvaro había subido a ver a Emma, el resto seguíamos en el salón viendo la televisión. Les miré y Blas y David estaban dormidos, Dani seguía despierto pero estaba bastante cansado. Me giré para mirarle.

-¿Te vas a dormir, feo? -asintió. Me acerqué a él y le di un beso. -Pues yo me voy a levantar.
-¿Y eso? -me preguntó lentamente, medio dormido.
-Paso de dormir. -asintió y me dio un beso.

Me levanté y fui al armario, saqué unas mantas y tapé a los tres chicos. Subí con cuidado al piso de arriba y me dirigí a mi cuarto. Abrí con mucho sigilo la puerta para comprobar si Carlos estaba dormido, necesitaba entrar a buscar el cargador del móvil, a penas se veía nada, había cerrado las cortinas para conseguir dormir. Entré y cerré la puerta cuidadosamente tras de mí, comencé a avanzar lentamente hasta la mesilla, abrí el cajón con cuidado y sin hacer ruido, saqué el cargador, al cerrarlo di un pequeño golpe.

-Mierda. -susurré.
-¿Eli? -Carlos se giró en la cama y se quedó mirándome.
-Perdona, solo venia a coger el cargador, sigue durmiendo. -le dije en voz baja para no desvelarle.
-No pasa nada. -se removió hasta quedarse recostado, se destapó el brazo y encendió la luz de la mesilla.
-¿Cómo te encuentras? - me senté a su lado.
-Bueno… No es mi mejor momento. -rió.
-¿Siempre estás de broma? -pregunté sonriendo.
-Más o menos. -se llevó las manos a la cabeza y se peinó. -¿Tu no?
-Creo que hay momentos para todo, y ahora mismo… comprendo que Emma se hubiera enfadado con las bromas mientras tú estabas tan mal. En Inglaterra solemos ser bastante serios y aquí es muy diferente.
-Lo sé, aquí podemos estar en un funeral, que siempre hay alguien que suelta alguna broma. -rió, yo me sorprendí. -Oye, ahora que estamos solos, ¿podemos hablar?
-Sí, claro. -le contesté. -¿de qué?
-¿Te molesta que te llame Eli en lugar de Lyz?
-¿Qué? No, claro que no. -reí.
-Vale, me quedo mucho más tranquilo, como a veces te lo digo y los chicos me miran raro, pensé que les habías dicho algo.
-¡Ah no, no! Será que como ellos están acostumbrados a llamarme Lyz, cuando te oyen, les resulta raro, es normal.
-¿Te gusta estar aquí así? -le miré extrañada. -En España, con nosotros. -explicó.
-Sí, es mejor de lo que esperaba, al menos he hecho amigos y encima está aquí mi mejor amiga. ¿Y tú, cuanto llevas viviendo fuera de casa?
-Pues… algo así como un año.
-¿Y no echas de menos cosas? Porque yo sí.
-Sí, claro, pero mis padres están a horas de aquí en coche, no es lo mismo, tú debes coger un avión. -asentí.- Pero sí que echo de menos hablar con alguien…
-¿Y los chicos? Si estáis siempre juntos, puedes hablar con ellos.
-No es lo mismo. Nosotros ya no tenemos secretos, no hace falta contarnos nada, nos conocemos lo suficiente para saber qué nos pasa o qué sentimos. Y eso es bueno, pero a veces es un rollo, como por ejemplo, no necesitamos que Álvaro nos dijera que le gustaba Emma, todos, incluso tu, nos dimos cuenta. Pues así con todo. Pero, yo… -se estuvo callado, mirando al frente
-¿Tu…?
-No sé, necesito alguien fuera del círculo con quien hablar, alguien que tenga un punto de vista diferente. Con ellos es muy fácil hablar y entre nosotros, es verdad que tenemos más confianza con uno que con otro, pero el final siempre terminamos contándonos todo, es decir, si con el que más confianza tengo es con Blas, se lo voy a contar a él, pero a su vez, se lo contará a David, que se lo contará a Álvaro, que se lo contará a Dani… y así, no hay secretos. Sin embargo, alguien fuera del círculo no lo contaría o no al menos a uno de dentro… Es un lio, lo sé, lo siento. -rió.
-No, no, te comprendo. De momento no me he perdido. -reí.- Pero eso os puede ayudar cuando os enfadáis unos con otros, ¿no?
-Sí, pero no sé. Por ejemplo… ahora mismo, ellos no saben nada, pero me empieza a gustar una chica y no quiero que ellos se enteren hasta que esté seguro de que me gusta, pero me conocen tanto que lo descubrirán en cuanto me vean hablar con ella. Y es una de las cosas que no quiero que pasen, no me dan la oportunidad de sentir intimidad y la emoción de contar que me gusta alguien. ¿Entiendes?
-Sí, -asentí- bueno, yo no soy del circulo, puedes contármelo a mí que te conozco pero no tantísimo como ellos. -me ofrecí.
-Solo si no le cuentas nada a Dani, porque sería lo mismo.
-Claro, puedes confiar en mí. Aquí tienes una amiga para cualquier cosa.
-Primera vez que tengo una amiga de confianza, porque Dani no cuenta como chica.
-¡Oye…! -le di un pequeño golpe en el brazo- no te metas con el niño. -reímos.
-Gracias, por querer aguantarme.
-No, gracias a ti por darme la oportunidad de no sentirme como “la novia de…” sino una amiga del grupo.
-¿Grupo? -preguntó un poco nervioso.
-Sí, del grupo que teníais hecho antes de que yo llegara.
-¿Qué sabes del grupo?
-Lo suficiente, os conocíais de antes y ahora sois mejores amigos. ¿No? Dani me ha dicho que erais un grupo de amigos en el que no solía entrar mucha gente, por eso me sentía un poco fuera de lugar.
-Ah… -dijo aliviado- grupo de amigos, sí, claro. Desde el primer momento eres amiga nuestra, nunca estuviste fuera de lugar, créeme.
-Muchas gracias. -sonreí- ¿Te apetece dormir o prefieres bajar?
-Me bajo, que no voy a dormir y me aburro aquí solo.
-Abajo tampoco vas a hacer mucho, están todos dormidos.
-Ahora bajo con más razón, a molestar. -Reímos.

Carlos salió de la cama con mi ayuda y bajamos al salón, los chicos seguían durmiendo.

-¿El que está malo soy yo y los que dormís sois vosotros? Esto no me cuadra. -gritó en el salón.
-Cállate, Carlos. -David le lanzó un cojín. Él rió.
-En serio chicos deberíais levantar, son las 6. -anuncié.
-¿Ya? -se quejó Dani. -estoy agotado.
-Y yo. -le secundó Blas.
-¿Y Álvaro? -se incorporó David.
-Sí, ya. Y Álvaro está arriba con Emma. -dije. Todos se sentaron rápidamente mirándose unos a otros. -Creo que sé lo que estáis pensando y no, ni se os ocurra -todos se levantaron y salieron corriendo- subir. -terminé la frase con desgana. Carlos me miró y rió.
-Ni puto caso. -me dijo riendo, me hizo un gesto con la cabeza.
-Sí, vamos. Si van todos… -reí y cogí su mano.

Comenzamos a subir la escalera despacio, el resto ya estaba arriba, pegados a la puerta de la habitación de Emma, escuchando con atención. Al verles así, hice el amago de reír, pero Carlos, me puso la mano en la boca.

-Calla. -me dijo.
-Ven, que estos no se conocen mi casa.

Tiré de su mano y nos fuimos al baño. Nos pegamos a la pared e intentamos escuchar, pero no se oía nada. 
De pronto Blas nos sorprendió.

-Coño, que susto. -le dije susurrando y llevándome la mano al pecho.
-¿Qué hacéis? -me susurró.
-Aquí se escucha más que en la puerta. -Dijo Carlos.
-¿Si? ¿Y qué se escucha? -preguntó pegándose también a la pared.
-Absolutamente nada. -dije.- Paso, yo me voy.

Salí del baño y vi que David y Dani aun seguían en la puerta.

-No me gustaría que nos hicieran esto a nosotros. -me referí a Dani.- Así que, fuera. -Le aparté.
-Tiene razón, chicos. Esto no está bien. -me apoyó David quitándose de la puerta.
-Bajemos. -sugirió Blas.

Todos nos sentimos mal por lo que habíamos intentado hacer y nos bajamos al salón.

-¿Os quedáis a cenar, no? -pregunté.
-Claro. -respondió Carlos.
-Y a dormir. -bromeó David.
-¿Si? Qué bien. -me alegré.
-No lo decía en serio, ¿Verdad? -le preguntó enfadado Dani.
-Que sí, hombre. Quedaos. Si me hace hasta ilusión. -les convencí. -Abrimos ese sofá y duermen dos, arriba Emma y Álvaro, tu y yo, y Carlos en la habitación de invitados. O, bajamos colchones y todos aquí.
-Prefiero lo de todos juntos. -Dijo Carlos.
-Y yo. -Dijeron David y Blas.
-Pues dicho. Todos aquí. Hala, ayudadme a fregar lo del almuerzo y preparar todo.
-Sí. -David, Blas y Dani se pusieron de pie dispuestos a ayudarme. Carlos se quedó en el sofá, Dani se giró y le miró mal.
-Tú no te muevas, ¿vale? no hace falta que ayudes. -le dijo irónico.
-Gracias amigo. Es que estoy muy dolorido. -contestó en tono dramático.
-Caradura. -le contestó Dani lanzándole el mismo cojín que David le había lanzado y nadie había recogido del suelo. Carlos lo cogió y rió.

Todos fuimos a la cocina y me ayudaron, fregamos todo lo que habíamos utilizado para almorzar y mientras Blas y David hacían la cena, Dani y yo subimos a buscar mi colchón y el de la habitación de invitados. Los colocamos en el salón y lo preparamos todo. La cena estaba hecha y todo listo, así que nos acomodamos en el salón a jugar a los juegos que Carlos había dejado en casa. Estábamos en mitad de una partida del Party&Co cuando Álvaro y Emma llegaron cogidos de la mano.

-¡Hala! ¿Qué ha pasado aquí? -se sorprendió Álvaro.
-Pues que os quedáis aquí esta noche. -le dije.
-¿De verdad? -preguntó Emma. Yo le asentí.
-Pues vale, si me obligáis de esta manera… -bromeó el chico.
-Bueno, ¿cenamos? -preguntó Carlos, todos le miramos sorprendidos.
-Si solo son las 8. -le recriminó Blas, él se encogió de hombros.
-¿Alguien más quiere cenar? -preguntó David. Algunos asintieron.
-Bueno, pues vamos a preparar las cosas. -me dijo Emma dirigiéndose a la cocina.
-Sí, voy. -me levanté del colchón del suelo y la seguí a la cocina.

Llegué a la cocina y fui a sacar platos y vasos para todos, mientras Emma buscaba con qué servir la cena. La estábamos sirviendo poniendo en bandejas, cuando me di cuenta de que Emma estaba bastante callada.

-Em, ¿te pasa algo? -le miré.
-Muchas cosas. -me miró alegre y sujetó con fuerza mis manos.
-Vale, se nota. ¿Piensas contarme algo? -sonreí alegre.
-Para empezar, algo suave, ¿Vale? -comenzó, la miré impaciente.- me ha llamado mi madre y me ha dado permiso para presentar la solicitud a la Universidad.
-¿En serio? Qué bien, mañana mismo vamos y la presentamos.
-No hay prisa, Lyz. -rió.
-Sí, sí que la hay, que luego se termina el plazo de presentación y te la niegan. Mañana vamos. ¿Y que mas tienes que contarme?
-Pues… -dudó.- Bueno…-me miró sonriente y se le iluminaron los ojos- Álvaro y yo… -la miré impaciente- él…
-¡Joder! Habla ya. -le grité nerviosa.
-Nos hemos acostado. -sonrió y miró al suelo.
-¿Qué? -le pregunté intentando asimilar lo que me acababa de decir. Ella asintió sonriente. -¿Ahora?
-Sí, ha sido… No sé cómo explicarlo…
-¿Te dolió? -me interesé.
-Un poco, al principio, pero él ha sido muy delicado y ha procurado hacerme el menos daño posible. Me ha encantado que fuese él.
-Cuenta, cuenta, ¿Cómo fue? ¿Cómo surgió? Todo, detalles. -me alegré mucho por ella, se le veía contenta, sujeté sus manos y la hice sentarse a la mesa frente a mí, apoyé la cara sobre las manos, como un niño impaciente por escuchar el cuento que el abuelo le va a contar, y puse toda mi atención a lo que iba a empezar a narrar.
-Pues, a ver -suspiró cogiendo aire y prosiguió.- empezamos con besos y caricias, lo típico, luego poco a poco la cosa se fue calentando y algo en mí me invitó a quitarle la camiseta, creo que no paré de sonreír y reír en todo el rato, él me miraba y sonreía, fue muy romántico, relajado y sobre todo divertido. Seguimos con besos y caricias… me lamía o mordía y… perdía el control, fue algo… que no sé cómo explicarlo. Total, que cuando fuimos a hacerlo me tranquilizó mucho ver lo relajado que estaba y cómo todo surgía, en el momento de hacerlo, sentí mucho dolor, es… indescriptible, es agudo y a la vez como… como un ardor, un escozor. Le paré y le dije que me dolía, y para nada se echó atrás, al contrario, seguía moviéndose pero mucho más lento, con lo cual, el dolor desaparecía por momentos, cuando ya no hubo más dolor, se movió dejándome relajar y cuando volvió a hacer fuerza, volvió el dolor pero mucho más menguado. Y ya ahí no sé como seguimos, pero no sentí más dolor, había pasado a ser placer, me gustaba la sensación, y como me besaba con tanta pasión, ¡me sentí tan bien…! Ya en ese momento todo era relajado y éramos capaces de hablar e incluso bromear, fue más normal, no sé cuanto estuvimos haciéndolo pero cuando íbamos a terminar, hizo algo muy… no raro, pero no lo había hecho antes: iba lento pero con mucha más fuerza y cuando llegaba al final, sentí dolor, pero un dolor… como un pinchazo, pero no era desagradable, no sé, una sensación muy rara. Ha sido una experiencia maravillosa y me alegro que fuera con él, porque me ha entendido y no lo he pasado mal, ha cuidado de mí en todo momento. Si antes pensaba que me gustaba, ahora me gusta mucho más, él, me refiero. -soltó una carcajada.
-Amiga… -una lágrima estaba a punto de saltar de mis ojos, estaba muy contenta por ella y a la vez me emocionó lo que me acababa de contar. Me sequé los ojos, me levanté y la abracé.- No sabes cuánto me alegro por ti. -ella sonreía contenta.
-¿Chicas? -Blas entró en la cocina y nosotras nos separamos.- Perdón, venía a ver si necesitabais ayuda.
-Si, ayúdanos a llevar cosas, por favor. -le pidió Emma rápidamente. Él asintió acercándose a nosotras y ayudándonos.
-Gracias. -le dije, no me respondió, solo sonrió.

31. ME MORDERÁS CON TUS COLMILLOS EN EL CUELLO

~Narra Álvaro~

Lyz y yo seguimos rápidamente a la enfermera que auxiliaba a Emma. Entramos en otra consulta, donde no había nadie. La enfermera sentó a Emma en una silla.

-Quedaos aquí, estaréis más tranquilos. –acarició el pelo de Emma.                   
-Gracias. –contestamos.

Lyz cogió otra silla y se sentó a su lado.

-¿Estás mejor? –asintió.                                                                                         
-Emma… -me agaché frente a ella de cuclillas y le acaricié las manos. –Has sido muy valiente contándonos lo que has pasado, te agradecemos que confíes en nosotros como para contárnoslo. De verdad, somos tus amigos y puedes seguir contando con nosotros para cualquier cosa. –una lágrima rodó por su mejilla, pero sonreía. Me levanté y le di un beso en la frente.

Estuvimos sentados haciéndole compañía unos minutos hasta que la enfermera volvió.

-Y bien, ¿Cómo va todo por aquí? 
-Mejor. –contestó Lyz. La enfermera miró unas maquinas y le quitó la mascarilla a Emma.                 -¿Bien? –le preguntó. Emma asintió. –Bueno, pues ya está, si te vuelves a encontrar mal, toma aire profundamente e intenta no ponerte nerviosa. –Nos miró a nosotros. –Se sentirá cansada, es mejor que descanse lo que queda de día, nada de emociones fuertes ni nervios hasta mañana o pasado. Y que no piense en lo que la ha hecho sentirse tan mal, ¿vale?                                                                     -Pero, ¿necesita algún tipo de medicamento? –preguntó Lyz. 
-Si se encuentra mal, un calmante, le puede dar dolor de cabeza y malestar general. No os asustéis. –nos explicó.                                                                                                                                       
-Vale, gracias. –le contesté.                 
-Podéis quedaros aquí si queréis, pero fuera están preocupados. –Cogió unas carpetas de la mesa y se iba a ir. –Hasta luego. Y tú, tranquilízate, ¿si? –Emma le asintió con una pequeña sonrisa. Salió de la consulta.                            
-¿Te apetece quedarte aquí o volvemos con los demás? –le pregunté. Se encogió de hombros.    
-Yo voy a salir a hablar con los chicos. –Lyz me miró y me guiñó un ojo. Asentí y se fue.         
-Gracias. –me dijo.                                                                                                             
-¿Por qué? –la abracé.                                                                                                                                -Por estar conmigo y ayudarme antes…     
-No tienes que darlas, somos tus amigos y yo… yo te quiero mucho. –levantó la cabeza y me miró a los ojos, le sonreí y ella me sonrió. Se alzó un poco y me dio un beso en los labios, cuando dejó de besarme me volvió a sonreír. Le eché el brazo por los hombros. –Venga volvamos con los demás. –Asintió y apoyó la cabeza en mí.

Salimos de la consulta y volvimos con los chicos, al verla, se pusieron de pie y sonrieron, todos la abrazaron y ella sonreía.

-Gracias, chicos, de verdad. –no paraba de agradecernos que estuviéramos con ella.                                  
-Yo también quiero un abrazo. –Carlos salía de la sala de Rayos X. Todos le miramos.-¿Qué pasa?
Emma le miró y sonriendo fue hacia él y le abrazó.
-Vale, pero no tan fuerte que me duele. –se quejó.                                                                       
-¿Estás bien? ¿Qué te han dicho?                                                                                                      
-Nada. Contusión en las costillas, es decir, el golpe, que no hagas esfuerzos y todo solucionado.         
-Vaya, que hagas vida normal, porque esfuerzos tu… lo justito. –se burló Dani.                                    
-Exactamente. –Rió.-Podemos irnos.

Carlos y Emma salieron caminando abrazados.

-¿Y a ti que te ha pasado? ¿Has llorado? –escuché que le preguntaba.                                                    
-Sí, estaba preocupada. –intervine intentando evitar que Emma recordase lo sucedido.               
-¡Oh…! Pero si estoy bien, mírame. –le dijo. Emma me miró y sonrió. -¿Y ahora qué hacemos? ¿A dónde vamos? –preguntó animado.                                                                                                          
-¿Pero tú no te estabas muriendo hace menos de una hora? –le preguntó riendo David.                 
-Bueno… -no supo defenderse.                                   
-A mi casa. –Contestó Lyz. –Hoy día tranqui en mi casa: vemos una peli, pedimos una pizza y nada de emociones…                                                                                                                
-Si, ya por hoy hemos tenido suficientes. –la secundó Dani echándole el brazo por encima.                   -Dani. –carraspeé, me miró, le hice señas con la mirada a su brazo y a Lyz. Asintió. –Y tu igual. –le dije a Carlos.                                                                                                                                                      
-¿Qué? –me preguntó.                                                                                                                   
-Estamos en mitad de la calle, córtate un poquito… -le dije.                                                                     
-No tengo nada que cortarme, es tu novia. –me dijo.                                                                                  
-¿Quieres callarte? –me enfadé.                                                                                                 
-Pero si no hay nadie, ¿Qué más da? – se quejó.                                                                              
-Da igual. –contesté.                                                                                                                                  
-Tiene razón, Carlos. –me apoyó Blas. -Mejor prevenir. -Asintió y la soltó.                                                
-¿Es por lo de… -bajó la voz. – la tele de anoche? –me preguntó. Asentí. Ella lo entendió y se limitó a andar.

Llegamos a los coches, nos subimos y volvimos a casa de Lyz.

~Narro Yo~

Cuando salimos de urgencias, volvimos a mi casa. Lo estaba deseando, había sido un día agotador, Carlos, Álvaro, Emma y Blas iban juntos en un coche y Dani, David y yo en otro.

-Chicos, ¿Por qué no pasamos a comprar algo de comer? 
-¿Y donde lo compramos? –me preguntó Dani.                                                                                         -No sé, vosotros sois los que conocéis Madrid. Cualquier sitio.                                                           
-Dani, vamos a donde comimos aquella vez que estaba tan bien. –propuso David. Él asintió y se desvió del camino.

Al poco rato le sonó al móvil a David y a Dani, un mensaje. David miró el móvil.

-Es del grupo, preguntan por qué nos hemos desviado. –explicó David para que Dani no se preocupara en mirar el móvil.                                                                                                                   -Diles que vamos a ir comprar, que vayan a su casa y nos vemos allí. –le dijo. David asintió y tecleó. –Dicen, que Emma dice que si le compras las pastillas. –me miró y asentí, volvió a teclear.

Llegamos al local de comida preparada y compramos, luego fuimos a la farmacia y mientras yo pedía los medicamentos de Carlos y Emma, Dani y David hablaban apartados del mostrador donde me atendían. En lo que esperaba a que me trajesen las cajas y cobrasen miré a los chicos, una niña de unos 12 o 13 años se les había acercado y estaban charlando animadamente, había risas y muchos gestos, los chicos estaban felices y la niña emocionada.

-Aquí tienes. –me giré y el farmacéutico me entregó una bolsa con los medicamentos y la vuelta del dinero.
Cogí la bolsa y el dinero y me acerqué a los chicos, seguían hablando con la niña.
-¡Hola! –la saludé, ella me miró y ellos le dieron dos besos.                                                                    
-Bueno, nos tenemos que ir. Hasta luego. –le dijo Dani sonriendo.                          
-Adiós, -le sonrió David – Gracias, guapa.                                                                                               
-Adiós, gracias. –se despidió la niña, le temblaba las manos y se le cortaba la voz, pero sonreía.

Los chicos se dieron la vuelta y yo les seguí. Luego miraron atrás y sonrieron. Yo miré y la niña decía adiós con la mano llorando emocionada. Salimos de la farmacia y mire a los chicos.

-Bueno, ¿alguien pretende explicarme algo? –les miré desconcertada. Se miraban entre ellos, David reía y Dani evitaba mirarme. -¡Chicos! ¿Qué acaba de pasar ahí dentro? –Seguían sin contestarme y la curiosidad me dio por reír nerviosa. –Venga ya, ¿En serio? ¿No me van a contar nada? –buscaba respuesta mirando a un lado y a otro, a Dani y a David. –Buah, vale…                                                  
-Nada, es una conocida, y ya está. Nada fuera de lo normal. –me respondió David entre risas.                   
 -¿Y para eso tanta película? Me lo podíais haber dicho antes. -reí, ellos se miraron y sonrieron.

Volvimos al coche y nos dirigimos a mi casa, cuando llegamos, el coche de Blas ya estaba aparcado en la calle, entramos y todos estaban dentro, en el salón.

-Venga, levantaos a preparar las cosas para comer. -avisó David. El resto acudió en seguid.

Fuimos a la cocina y preparamos vasos, platos, cubiertos, etc, para todos. Lo llevamos al salón y almorzamos viendo la televisión. Cuando terminamos, Carlos y Emma se tomaron los medicamentos que les había recetado el médico. Emma se subió a su cuarto y Carlos al mio, el resto nos quedamos en el salón a descansar, Dani y yo nos tumbamos en el sofá, y David, Álvaro y Blas se recostaron en los pufs. Pasado una media hora Álvaro quiso subir a ver cómo estaba Emma, y así lo hizo.

~ Narra Emma ~

Cuando terminé de comer, me tomé el calmante y me subí a mi cuarto a descansar, me tumbé en la cama y 
cerré los ojos. No conseguía dormir mas de unos minutos, las imágenes de los dos accidentes me despertaban. Estaba quedándome dormida cuando me sonó el teléfono, lo miré, era mi madre. Descolgué.

-Hola, mamá.
-Hola, cariño, ¿cómo va todo? ¿Sigues queriéndote quedar ahí?
-Muy bien, si, claro…
-¿Seguro?
-Sí, ¿Por qué?
-Porque te noto la voz apagada.
-Sí, es que han sido unos días muy duros, y anoche no dormí muy bien.
-¿Y qué habéis hecho?
-De todo, esto es alucinante -cambié el tono de voz a más alegre- hemos hecho turismo, hemos ido de compras, hemos ido a un parque de atracciones, a la universidad, hemos conocido gente…
-¿Y con el idioma, que tal?
-He mejorado bastante, además las personas que conocemos aquí comprenden que hable raro, aunque a veces mezclo palabras y ellos me ayudan o traducen. No es tan horrible como pensé que iba a ser.
-Me alegro mucho, mi amor. He hablado con papá y…
-¿Puedo quedarme? - le pregunté sorprendida.
-Puedes presentar la solicitud, y si te aceptan, por supuesto que puedes quedarte.
-Gracias, mamá. -me alegré mucho.
-Pero no te ilusiones, no vaya a ser que no te acepten…
-Lo sé, lo sé. Gracias.
-Cariño, tengo que dejarte que tengo que llevar a tu hermana a clase.
-Vale, adiós, mamá, os quiero a todos. Un beso.                                  
-Adiós, besos.

Colgué y me llevé las manos a la cara, estaba muy contenta, sonreía y daba saltitos en la cama. Dejé el móvil en la mesilla y me recosté. Estaba tumbada de lado, mirando a la puerta, pensando en la noticia que me había dado mi madre. De repente, la puerta se entornó suavemente, miré fijamente en su dirección a ver quien aparecía, y la dulce cara de Álvaro apareció, recorrió la habitación con la mirada hasta que llegó a mí.

-Hola… -le dije.
-¡Eh! Estas despierta… -me dijo cariñoso, dejando su cuerpo entre la puerta y la pared.
-Sí, pasa. -me senté en la cama y él entró cerrando la puerta tras de sí.
-¿Cómo te encuentras? - me encogí de hombros- ¿Mejor, peor, igual? -llegó a la cama y se sentó.
-Igual, me duele la cabeza y no consigo dormir.
-Es normal, no te preocupes. He subido a ver cómo estabas.
-Gracias, pero creo que en nada iba a bajar, no consigo dormir, ni dejar de pensar, y sola me siento un poco indefensa.
-Como quieras, si quieres bajar, vamos. -se puso de pie, yo me quedé de rodillas en la cama.
-También podrías hacerme compañía tú. -me acerqué a él y le atraje tirando de su camiseta.
-Claro, que sí, eso ni lo dudes.

Notaba sus palabras en mis labios, me acarició suavemente la cara hasta llegar al cuello, me acercó a él un poco más, me estaba haciendo sufrir, rodeó mi cintura y por fin, me besó. Fueron besos dulces, tranquilos, suaves, cálidos… hasta que rodeé su cuello con mis manos y me subí a su cintura, en ese preciso instante comenzó a besarme apasionadamente, hasta que llegó un momento en el que me besó el cuello lentamente, esos besos eran muy sensuales y hacían que me estremeciera. Me sujetó por la cintura y se giró dándole la espalda a la cama, se sentó en ella mientras me besaba. Acariaba con cariño mi espalda hasta que yo, le mordí el cuello, fue cuando soltó un pequeño gemido y se tumbó en la cama, sonreí, abrí los ojos, él hizo lo mismo, nos miramos fijamente y me abrazó. Nos besábamos, giré en la cama hasta quedarme debajo. Me sacó la camiseta con suavidad, yo mantenía los ojos cerrados, intentando disfrutar del momento, comenzó a besarme el cuello, el pecho, el torso, la barriga, las manos…

-Espera, dame un minuto. -le pedí. Rápidamente se detuvo y me miró.
-¿Qué ocurre?
-No puedo.
-¿Por qué?
-Estoy… nerviosa.
-Si quieres, y te ves capaz de relajarte sigo y si prefieres que pare, paro. Como tu decidas.
Me lo pensé un instante, me apetecía mucho pero no me encontraba bien, en su mirada veía reflejado deseo y algo de preocupación.
-Sigamos. -le dije atrayéndole hacia mi por el cuello.

Seguimos besándonos y quitándonos ropa hasta que quedamos totalmente desnudos. Era un momento totalmente perfecto, tal y como yo lo había pensado, como lo había querido siempre, tal y como lo había imaginado, la vergüenza que siempre había sentido o cualquier complejo que siempre tuviese, habían desaparecido. Me sentía bien, guapa, me sentía… sexy. La luz era muy tenue, pues para dormir había cerrado todas las cortinas, y no hacía ni calor ni frio. Todo iba muy bien, estaba lista, me sentía preparada para lo que viniese si era junto a él.

-Álvaro. -le llamé con voz suave, casi cortada. Me miró. -Ahora. -me miró sorprendido y me hizo un gesto con la cabeza, yo asentí.

Me comenzó a tocar: el cuello, la barriga, los muslos. Me besaba, me hacía sentir bien. Yo mantenía los ojos abiertos mirándole, observando qué hacía y qué podía hacer yo.

-Me siento torpe. -reí.
-¿Por qué?
-No sé qué hacer, ni… no sé cómo va esto, sinceramente. -reí.

-No te preocupes, relájate, déjate llevar. -asentí y él sonrió.