viernes, 20 de marzo de 2015

35.

~ Narro Yo ~

Después de hablar con Carlos, volvimos al salón y nos acostamos a dormir. A la mañana siguiente, Em, Dani y yo madrugamos bastante para ir a la universidad.

-Dani, dúchate tu primero. -Le ofrecí. Aceptó. -Tu y yo vamos a elegir qué nos ponemos. -Dije a Emma riendo.

Fuimos hasta mi habitación y buscamos qué ponernos. Luego se duchó Emma y por último yo. Salimos de casa y nadie se enteró. Tardamos poco rato en llegar a la universidad y nos dirigimos a Administracion, donde nos atendió la misma señora que la vez anterior.

-Buenos días. -Saludó.
-Buenos días. -Contestamos.
-Vengo a entregar la solicitud de mi amiga, ¿recuerda? -Le dije.
-Si, claro. -Extendió la mano y le entregué los papeles. -Las listas de admitidos saldrán en dos semanas, ahí verás si os admiten o no, aunque también os enviarán un e-mail, ¿vale?
-De acuerdo, gracias. -Contestamos.
-Hasta luego. Suerte. -Nos despidió.

Salimos de allí y pasamos a comprar algo para desayunar y volvimos a casa. Entramos y todos seguían durmiendo. Emma y yo preparamos donde desayunar y Dani fue a despertar a los chicos.

-¡CHURROS Y CHOCOLATE PARA TODOS! -Gritó Dani nada más entrar al salón.
-Ya estoy despierto. -Dijo Álvaro.
-Pero es para mi. -Despertó Carlos.
-De eso nada…-Dijo Blas.
-Mientras vosotros discutís para quien es, nosotros vamos a empezar, ¿vale? -Reí.
-Que morro… -Carlos se sentó y comenzó a comer.

Nos sentamos a desayunar y recogimos el desastre que me habían dejado por casa. La última semana de Emma en Madrid, pasó tan rápido que no me di ni cuenta, nos pasamos los días saliendo con los chicos, haciendo el vago en casa y saliendo por la noche. Las pesadillas de Emma menguaron, pero no llegaron a desaparecer, al contrario que el amor que Álvaro le demostraba día a día, no había un momento en el que no le dedicara una sonrisa o una mirada. Dani y yo estábamos cada vez mejor, nuestra relación parecía inquebrantable, cualquier cosa que nos pasara nos servía para fortalecernos. Había días en los que echaba tremendamente de menos a mi madre, y él sabía cómo consolarme, no podía quererle más.


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