~ Narro Yo ~
Estaba en el baño con Dani, besándonos y molestándonos
cuando escuché que sonó el timbre, paramos y nos quedamos mirándonos uno al
otro sin hacer ruido, oímos como alguien abrió la puerta y entró en casa una
bocanada de felicidad, escuché risas, bromas y sobre todo, mucho escándalo.
Bajé del lavamanos con ayuda de Dani.
-Termina de prepararte, yo voy a bajar a poner orden, que capaz que estos rompen algo. –reímos a carcajadas, Dani asintió y yo salí del baño y la habitación.
Bajé al recibidor y no vi a nadie pero escuché el escándalo, provenía de la cocina. Entré y estaban todos allí, Emma intentaba desayunar entre carcajada y carcajada, Álvaro mientras reía intentaba relajar a los chicos para que dejaran comer a Em, Blas y David estaban hablando de un programa que habían visto por la noche en televisión e imitaban a los protagonistas y Carlos les seguía mientras le quitaba algún que otro croissant a Emma.
-Pero bueno… ¿Qué pasa aquí? –Puse las manos en la cintura y reí.
Todos se giraron y guardaron silencio por un segundo, pero siguieron con las risas en nada. Carlos pegó la última mordida al croissant mientras venía hacía a mí.
-¿Cómo estás? –se acercó, me dio un abrazo y dos besos. -Bien, aquí intentando poner orden. –reí y terminé el abrazo. -¿Por qué estás mojada? –me preguntó extrañado mirándome de arriba abajo. -Porque tu amigo Dani se aburre y lo único que le entretiene es molestarme. –reí, se quedó extrañado y volvió a la conversación de los chicos.
Emma terminó de desayunar, se levantó y con la ayuda de los chicos recogió todo, fue a fregar y Álvaro se lo impidió.
-Vete a terminar de prepararte, yo hago esto. –le dijo. Ella le sonrió y subió a vestirse, fui con ella.
~ Narra Emma ~
Después de desayunar con los chicos, subí a vestirme. Lyz
vino conmigo, entramos en la habitación, yo me puse a rebuscar en el armario y
Lyz se limitó a sentarse en la cama y asentir o negar a los conjuntos que le
enseñaba, mientras enviaba mensajes con el móvil. Cuando encontré uno que nos
gustara a las dos, me vestí.
-Em, ¿Qué pasó anoche? –me preguntó con curiosidad. Reí, corrí hacia ella y me tiré en la cama quedándome sentada a su lado. -¡Ay! Pues hablamos, reímos, y finalmente, nos besamos. –me miró sorprendida y sonriendo. – y bueno… casi… -¿Qué me dices? ¿En serio? –se sorprendió. -Sí, amiga. Pero le paré, no pude seguir, me estaba poniendo muy nerviosa y no estaba segura.
-No pasa nada. Seguro que él te entiende, es muy buen chico y me parece que le gustas mucho, así que esperará.
-Ya, pero ¿y si no hay tiempo? -Bueno, siempre puedes volver a verme y aprovechas. –reímos. - ¿Qué te dijo él? -Nada, que no pasaba nada, que no le voy a dejar de gustar por eso. Yo creo que es porque hemos avanzado bastante en muy poco tiempo.
-¿Ves? Si es un amor de niño. – me dijo dándome un abrazo. -Sí, me gusta mucho.
Nos levantamos y salimos de la habitación, bajamos al salón y ya estaban todos los chicos viendo la tele.
-Por nosotras, nos podemos ir. –dijo Lyz. -Bueno, pues vamos. –se puso en pie Blas, David le siguió.
Dani y Álvaro vinieron a nosotras, nos rodearon la cintura
con el brazo y salimos de casa. Nos subimos al coche de Dani; Carlos y David
fueron con Blas.
~ Narra Álvaro ~
Esperamos a las chicas en el salón hablando y viendo la tele, cuando llegaron, nos pusimos en marcha y nos fuimos repartidos en dos coches. Llegamos al karting, saludamos a Alberto, el chico que ayuda con el equipaje y los coches, los chicos y yo ya habíamos estado allí anteriormente y siempre lo pasábamos genial. Esta vez iba a ser mejor, ya que las chicas nunca habían conducido.
-Chicas, tenéis que poneros un mono como el que llevo yo, unas zapatillas y un casco, venid conmigo para que os ayude. –les explicó Alberto. –Vosotros mientras, iros vistiendo, ya sabéis como va y donde está todo. –nosotros asentimos.
Nos buscamos los equipajes y nos los pusimos. Habíamos terminados y las chicas aun no habían vuelto, así que salimos a la pista.
-Esto empieza. –dijo ilusionado David. -Os voy a meter una paliza, ya veréis. –Carlos estaba totalmente convencido. -Chicos, escuchad que música… -Blas comenzó a animarse. –mola para correr, ¿Eh? –dijo dando saltitos. -Ya veis, es música de gimnasio. –bromeó Dani.
-A mí me gusta, la ponen para que la adrenalina empiece a subir. –continuaba saltando, todos reímos. -¿Qué, calentando? –bromeó Alberto, que pasaba por detrás de nosotros. -Oye, Alberto, ¿y las chicas? –le pregunté. -Ahí. –dijo señalando a la puerta.
Todos nos giramos a mirarlas, fue un momento digno de
película. Salían a la pista con el mono puesto, el casco bajo el brazo y
andando muy decididas y la música que sonaba, era muy adecuada para el momento,
el largo pelo suelto de ambas, volaba tras ellas, parecían dos ángeles. Nos
quedamos boquiabiertos, ni parpadeábamos. No sé cuanto tardaron en llegar a
nosotros, pero para mí, se acercaban a cámara lenta.
-¿Qué miráis con esas caras de imbéciles? –preguntó Lyz extrañada. Miré a los chicos, tenía razón. -Estáis guapísimas. –dijo Carlos aun sorprendido. Ellas se miraron la una a la otra y rieron. -Cierto, estáis muy… -Dani no terminó de hablar. -Lo sé. Estamos geniales. –dijo Emma riendo. -Tenemos que darle las gracias al chico ese, que nos ha dejado probar varios monos. –dijo Lyz, todos reímos. -Ha merecido la pena esperar. –le dije.
Dani se levantó de la
barandilla en la que estaba sentado y se acercó a Lyz, la rodeó por la espalda
y le dio un beso en los labios. Yo miré a Emma, que me miró tímidamente y me
sonrió.
-A ver, que sí, que están muy guapas, pero vamos a correr
ya. –dijo Carlos cortando el momento a Dani y Lyz, que le miraron mal y luego
rieron.
Nos pusimos en marcha y nos dirigimos cada uno a un coche, Emma y Lyz no dejaban de mirarse y reírse. Me acerqué a Em.
-¡Eh! –Me miró- ¿necesitas ayuda con eso? -Pues sí, un poco, la verdad. –Reí. –Ven aquí, anda. –se me acercó. –Recógete el pelo. –Asintió y me hizo caso.
Cogí el casco de entre sus manos, lo ajusté. Em no dejaba de
mirarme fijamente, me ponía nervioso, pero me gustaba, le puse el casco con
cuidado.
-¿Está bien así? –lo moví para ver si le quedaba grande. –Sí. –Pues ahora, a correr. –noté que temblaba un poco. –Tranquila, no pasa nada, es totalmente seguro, además, yo estoy aquí, ¿vale? Confía en mi -Confío en ti, pero no sé si tanto. –Sonrió. -Venga.
Ella fue a su coche y se subió, yo fui al mío.
-Pero que cursi eres hijo. –se burló Blas. -Cállate. –le contesté.
-La mía no necesitó ayuda…-se quedó pensativo- vale, no sé si eso es bueno o malo. –Dani rió.
-¿Preparados todos, chavales? –Preguntó Alberto desde fuera de la pista.
Asentimos, escuchamos la señal sonora por encima de la música y el semáforo pasó a verde. Aceleramos y empezamos a correr.